Desde el Centro Nacional de Jubilados y Pensionados de la ATE sentimos, desde el reciente 26 de agosto, la ausencia solamente presencial, de la compañera Marisa Sánchez, quien desde tiempo antes de la pandemia viniera cumpliendo tareas vinculadas al desarrollo de nuestro espacio, luego de una intensa trayectoria militante en la filas del gremio que la vio crecer, y al que supo representar, con la dignidad de los que no se resignan frente a los tropiezos impuestos.
Marisa, nacida en Santa Rosa el 13 de febrero de 1967, cursó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio María Auxiliadora, de la provincia La Pampa. En el año 85, finalizado su ciclo secundario, y habiendo sido su madre, Noelia Guzmán, electa en el Consejo Directivo Nacional como Secretaria de Acción Social y Turismo -primera mujer estatal en llegar a ocupar un cargo electivo nacional- , se traslada a Buenos Aires con la intención de estudiar abogacía.
A los pocos meses, pasa a desempeñarse como secretaria del Consejo Directivo de Capital Federal, donde estaba como titular Germán Abdala, recuperada, junto a la Democracia, a manos de los trabajadores. A la vez también llevaba la agenda del compañero Carlos Casinelli, entonces Secretario Gremial capitalino. O sea que, desde muy joven asumió un compromiso militante dentro de ATE, hasta que con el tiempo, entró a trabajar en la Obra Social de Agricultura, resultando electa, junto a otras compañeras como Elizabeth Micheli, delegada de ATE.
Precisamente Elizabeth, junto a quien Marisa, desde 1985, compartió espacios de compromiso y lucha, destaca:
“Siempre fue una militante y luchadora desde esa época, y una gran amiga y hermana por adopción. Luchamos juntas como delegadas de ATE en la Obra Social de Agricultura, Ganadería y Pesca entre el año 1989 a fines del 1991, que cerró la obra Social. Volvimos a Militar juntas desde el año 1993, hasta principio de 2014, como delegadas de la obra social, ex ISST, ex IPAUSS y Actualmente OSEF (Obra Social de Tierra del Fuego). En el 2007 mantuvimos un paro de actividades durante un año en el ex IPAUSS, ya que la obra social había sido gerenciada. Ganamos con mucho esfuerzo esa lucha. Fue una gran luchadora hasta su último momento de vida”.
La Obra Social se cierra, siendo el personal despedido. Marisa queda sin trabajo por un tiempo. Será su primer traspié desde el sindicalismo, en la vereda del frente nacional de clases y sectores, con plena firmeza femenina asumida a “su medida y armoniosamente”.
Luego entra nuevamente a trabajar en el Estado a través del Instituto ISST, la Obra Social de Tierra del Fuego. Allí, con un destacado desempeño militante, resulta también ser electa delegada, y luego paritaria, hasta que le ofrecen integrar la conducción de la Obra Social.
Marisa, siempre orgánica a la conducción de la ATE que la representa, consulta si era conveniente asumir esa representación, y tras recibir el debido respaldo, lo acepta. A partir de ese momento se desempeña como Delegada/responsable de la Obra Social de la delegación aquí en capital.
Fue hasta la llegada de Macri en el 2015, en que resulta separada de su cargo, bajo la falsa argumentación de 115 días de inasistencias, no siéndole reconocidos los permisos gremiales que le fueran firmados en aquel momento por nuestro compañero Mario Muñoz, quien era el Secretario Gremial. La Presidenta del Instituto en Tierra del Fuego, no le reconoce estos permisos, hasta el día de su fallecimiento, causa pendiente que seguirá su hija.
Había sido aquella instancia, orquestada desde un nuevo intento por desguazar el Estado, y del que Marisa fuera una de sus víctimas iniciales: el segundo atropello a su consecuente militancia que afrontará con la misma templanza, con que supo resistir y avanzar a lo largo de sus últimos 35 años; en tanto el gremio al que venía representando supo darle respaldo y contención.
Lamentablemente, apenas instalada la pandemia en abril 2020, Marisa comienza con algunas dificultades de salud, y se le detecta un lifoma linfoblástico, un tipo de cáncer del sistema linfático, y que la avanzará tomando toda la médula.
Pudimos seguirla -aunque desde una inevitable y dolorosa distancia- admirando y alentando su impecable firmeza resistente; como mujer portadora de una fuerte fe en sí misma y en el prójimo, aferrada a su creencia religiosa; ejemplo de cuadro sindical; compañera de compartir el pan; amiga de disfrutar la vida, y profundamente familiera.
Gracias Marisa por seguir acompañándonos.