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por Adolfo "Fito" Aguirre, Secretario de Relaciones Internacionales de la CTA-A. Dirigente de Unidad Popular. Coordinador del Foro por la Niñez. 
En América Latina asistimos hoy a un retorno voraz del capitalismo salvaje y extractivista. Gobierno neoliberales se han vuelto a instalar en la región buscando desmontar los Estados para quitar derechos y excluir a las mayorías. 
El mundo de hoy está dominado por una mirada desde el norte y cimentada en el consenso neoliberal. Los escenarios que se plantean para el futuro de los trabajadores van en dos niveles: menos puestos de trabajo por el avance tecnológico sin la necesaria reconversión y mayor flexibilidad debido a los cambios en los regímenes de trabajo. La urgencia desde las organizaciones sindicales es debatir qué tipo de sociedad del trabajo queremos. Porque los trabajadores sabemos que esta sociedad injusta, dominada por el capital transnacional especulativo nos hará más pobres y nos arrebatará más derechos. 
La especulación financiera se está imponiendo de manera grotesca sobre el desarrollo productivo. El neoliberalismo, encarnado en los acuerdos de libre comercio y vehiculizado por los nuevos gobiernos de derecha en la región, pretende privatizar los servicios públicos, achicar el Estado a su mínima expresión y reformar el sistema previsional y laboral. Este movimiento, con todo, es mundial, y por lo tanto las luchas populares deben ser internacionalistas. 
En este contexto surge las preguntas sobre cómo, cuándo y por qué se produjo el debilitamiento y caída de las opciones de gobierno calificadas como progresistas en nuestra región. Pregunta por demás compleja y abierta a múltiples interpretaciones, entre las que se pueden desarrollar algunas en forma preliminar y siempre acotada. Veamos. 
Existe un amplio consenso respecto a que, con algunos matices en todo caso, desde el inicio del milenio y hasta hace apenas dos o tres años, América Latina protagonizó un ascenso de fuerzas políticas y coaliciones gobernantes que asumieron un rumbo progresista y de ampliación de derechos para las mayorías. Con sus bemoles y de acuerdo a la historia de cada país -factor por demás determinante en el caso por ejemplo de Brasil-, estas fuerzas progresistas o de izquierda obtuvieron y conservaron por un ciclo de aproximadamente diez años un consenso popular. 
Pero a menudo la nostalgia de los tiempos pasados y mejores puede nublar un poco el análisis: la mayoría de estos gobiernos progresistas que ascendieron en la región recurrieron a amplias coaliciones de etiquetas partidarias heterogéneas o al menos no pudieron valerse exclusivamente de su propia base partidaria para llegar y mantenerse en el poder. Esto produjo fuertes limitaciones al margen de acción y programa político que intentaron impulsar, sin obstar ello su relevancia histórica en las conquistas de derechos para grandes mayorías. 
Si queremos pensar en las causas del retroceso en el apoyo social a estas fuerzas, debemos tener en cuenta un conjunto de variables: la primera de ellas consiste en apelar al realismo político y decir que cualquier partido en el gobierno y cualquier movimiento de masas en el poder que se rija o al menos se encauce dentro de los canales democráticos e institucionales no podrá sostenerse eternamente. El uso y administración del poder político lleva consigo inevitablemente un desgaste. Pero a este desgaste, que podríamos llamar natural, se añade un embate desde los sectores oligárquicos opositores. Frente a ello, las distintas expresiones de gobiernos progresistas en la región escogieron sus alternativas. Algunos optaron por moderar su programa político y económico y convivir con los poderes enquistados en sus sociedades, mientras que otros apostaron por la profundización a veces ciega y solitaria de sus consignas más altisonantes. Cada opción tuvo sus costos y algunos de ellos están claramente frente a nuestros ojos. 
En segunda instancia, otro elemento a considerar para analizar el desgaste de las fuerzas progresistas en la última década es la forma en que la ampliación de derechos y el acceso a mejoras económicas en virtud de políticas de incremento del consumo interno no implicaban necesariamente un grado equivalente de compromiso ideológico hacia el gobierno. En otras palabras, las mejoras materiales no generan linealmente fidelidad política. Por el contrario, el voto muchas veces está guiado por las expectativas futuras o por imaginarios más generales, y esto permite explicar por qué el discurso de algunos gobiernos progresistas de la región, enfocados en subrayar la mejora económica de los sectores populares, no logró ser eficiente en batallas electorales decisivas, como muestra por ejemplo el caso argentino en 2015. Es decir, las grandes mayorías que fueron beneficiadas con mejoras socioeconómicas producto de políticas públicas inclusivas no adquirieron conciencia del rol clave del Estado y de las fuerzas políticas que los condujeron a esta mejora. 
Más aún, en muchos casos tales mejoras fueron acompañadas en el plano ideológico por una asociación de la idea de inclusión a la capacidad de incrementar los niveles de consumo de los sectores populares, como si el objetivo de dichas políticas fuese igualar los patrones de consumo de estos sectores a los de las clases acomodadas, sin ver que ello resultaba materialmente imposible sin una previa transformación de la estructura económica de nuestros países. Esta idea de inclusión por el consumo fue posible durante el ciclo alcista de los precios de las materias primas que exporta gran parte de los países de la región. Sin embargo, una vez agotado este proceso, la imposibilidad de seguir promoviendo niveles crecientes de consumo por parte de los sectores populares mutó en cuestionamientos hacia los gobiernos progresistas, que a su vez enfrentaban obstáculos estructurales cada vez más importantes. 
La pelea por transformar el sentido y las conciencias de las grandes mayorías fue relegada en algunos casos a un segundo plano por las fuerzas políticas progresistas, o bien en otros casos la batalla se disputó con magros resultados. Este derrotero se conjuga y está íntimamente emparentado con lo que sucedió luego en las contiendas electorales en la mayor parte de nuestra región: los más vulnerables optaron por fuerzas políticas que pregonan valores antidemocráticos, conservadores y hasta fascistas y una vez producido el cambio de gobierno, aún cuando en la dimensión socioeconómica han perdido derechos y poder adquisitivo, mayorías de votantes relegan estos factores a un segundo plano y sostienen estas opciones políticas regresivas porque se identifican con alguno de sus lineamientos ideológicos. 
Antes de perder las contiendas electorales, las fuerzas progresistas en América Latina perdieron la disputa por el sentido. En este punto es fundamental mirar la relación entre estos gobiernos y los grandes conglomerados de medios de comunicación, así como la situación y postura del poder judicial frente al Ejecutivo. Medios y Poder Judicial cerraron filas para oponerse al discurso y valores democráticos de las fuerzas progresistas porque estas no pudieron o no quisieron avanzar en las reformas profundas necesarias para democratizar el poder que estos detentaban. 
A diferencia de las situaciones de Bolivia, Colombia y Venezuela que plantearon la alternativa de ganar las elecciones para luego asumir el poder, y refundar el país mediante una asamblea constituyente, otros gobiernos progresistas en nuestra región optaron por un sistema de convivencia pacífica con los poderes fácticos de sus países. Eso a la larga demostró ser un error estratégico porque puso límites al margen de acción de los gobiernos e incluso derivó en sucesos como los golpes parlamentarios en el caso de Honduras en 2009, Paraguay en 2012 y Brasil en 2016, donde la elite de uno de los poderes del Estado acudió a recursos ilegales o ilegítimos para desmontar procesos de cambio y ampliación de derechos. 
Medios masivos de comunicación y poder judicial fueron el trampolín que abrió las puertas a nuevas opciones políticas regresivas y conservadoras, pero en cierta medida tampoco pudieron discriminar que tan regresivas y/o conservadoras fueron esas figuras a las que abrieron la puerta. Ejemplo de ello es Bolsonaro, que más allá de proponer el regreso a un modelo económico neoliberal, encarna un cuestionamiento del propio Estado de Derecho y de los valores democráticos fundamentales cuando predica el odio, la violencia y la intolerancia hacia las minorías. Hoy en Brasil asistimos a la salida de las fuerzas de derecha y centro-derecha del mapa político: aparece una fuerza regresiva que es fascista y no solamente posee núcleos liberales, recordando los peores regímenes fascistas. 
Otro ejemplo que ilustra la importancia de iniciativas políticas de cambio y debate profundo como son la Asamblea Constituyente lo brinda la situación vivida en Colombia en 1991. Esta Asamblea permitió introducir reformas progresistas y fue un freno a la perpetuidad de Álvaro Uribe en el poder, que intentó de diversas maneras introducir la reelección indefinida y por eso no pudo volver a ser candidato a presidente. En esta línea de pensamiento se inserta la propuesta que llevó adelante nuestra CTA para establecer una Constituyente Social que discutiera en diferentes lugares del país, a través de asambleas abiertas, las demandas fundamentales de nuestro pueblo y que pudieran plasmarse en cambios constitucionales concretos. 
El caso argentino 
El capítulo argentino es una muestra de lo que sucedió en toda la región. El proceso de ampliación de derechos e inclusión económica fue impulsado como respuesta al fracaso de las políticas neoliberales de los años ’90 y ya en los primeros años de este siglo contó con un contexto internacional muy favorable. En dicho marco se incluyeron intentos de reformar el Poder Judicial y debilitar el papel protagónico de los medios masivos de comunicación. Sin embargo, estas reformas fueron tardías y no alcanzaron a ser implementadas, a tal punto que fueron rápidamente desestimadas o desmontadas a posteriori por la falta de solidez institucional que concitaron. Por solo citar un ejemplo, la Ley de Medios en Argentina, orientada a la democratización del acceso y la producción de contenidos audiovisuales, fue derogada por un decreto del presidente Macri a pocos meses de asumir. Y si bien está ley, más allá de las críticas que puedan hacérsele, gozaba de un amplio consenso social y había sido discutida con amplias porciones de la sociedad civil, ello no impidió que fuera abatida rápidamente. 
Desde la perspectiva sindical, hemos tenido una mirada crítica sobre el proceso que encabezaron Néstor y Cristina Fernández de Kirchner en Argentina durante doce años de gobierno. Hemos visto abrirse algunas oportunidades de participación y visibilización de la sociedad civil en el desarrollo de la integración regional a nivel por ejemplo del fortalecimiento del MERCOSUR y la creación de la UNASUR. También fuimos protagonistas de la lucha contra la creación del ALCA en el año 2005 en Mar del Plata. Pero nuestra visión y experiencia permitió evidenciar un alcance limitado de la participación de los sindicatos como interlocutores habilitados para debatir y construir política junto a las fuerzas gobernantes. Muchas veces los espacios de participación abiertos fueron más bien testimoniales, y en los hechos la disidencia fue percibida desde el gobierno como una amenaza a acallar, más que como una diferencia a conciliar y debatir. 
Tal como sucedió en otros países hermanos de la región, el proceso de transformación de los gobiernos progresistas o posneoliberales fue más retórico que sustancial en la medida en que no buscó alterar la matriz productiva ni fiscal del país, caracterizada por la extranjerización de la economía en manos de grandes empresas transnacionales dedicadas al comercio de commodities, favoreciendo un círculo vicioso que impide avanzar desde la economía basada en bienes primarios hacia el desarrollo industrial soberano. En términos fiscales tampoco se alteró la estructura profundamente regresiva de impuestos que recaen sobre los trabajadores y trabajadoras, los más vulnerables. Mientras tanto, las multinacionales mineras, las corporaciones dedicadas a la agroindustria y el capital financiero especulativo continuaron sus prácticas de elusión y evasión fiscal para saquear nuestros bienes comunes y riquezas. 
La falta de cambios profundos a nivel económico, pero también político y de sentido simplificó la tarea para el ascenso de fuerzas políticas regresivas en los años posteriores. Nuestra lucha por el desarrollo soberano basado en una matriz productiva y fiscal sustentable en términos de preservación ambiental y de derechos humanos se mantiene, pero a ella se añade también la pelea en la dimensión política contra el recorte y quita de derechos, la persecución y criminalización de la protesta social y la garantía de derechos democráticos sustanciales. 
Mientras tanto los poderes fácticos en articulación con los grandes medios masivos de comunicación y sectores muy importantes del Poder Judicial siguen sin rendir cuentas ante la ciudadanía y conservan su control sobre la estructura productiva de nuestros países y sobre el papel performativo sobre los imaginarios sociales. Esto es un profundo déficit para la democracia y el debate público, y constituye una amenaza a futuro para cualquier propuesta de transformación social. 
Sudamérica gira la derecha, pero en Brasil asoma el fascismo 
A los giros conservadores en la Argentina, Chile, Paraguay, Perú y Colombia, se suma el triunfo en primera vuelta en las elecciones de Brasil del ultraderechista Jair Bolsonaro. Este nuevo fenómeno de un candidato racista, sexista, misógino y defensor de las dictaduras militares obtuvo 49 millones de votos. 
Bolsonaro lleva como estandarte un discurso de odio en dos sentidos: 
1) Odio contra el distinto, el otro, el diferente. Amenaza a los movimientos sindicales y sociales, anuncia que prohibirá su activismo si llega a Presidente y que quitará los derechos sociales adquiridos en una lucha de décadas. A esto se suma ataque a indígenas, negros, mujeres y se complementa con la gravísima apología al Terrorismo de Estado y la tortura, un pasado nefasto para los latinoamericanos, que choca contra nuestro estandarte encarnado en la frase “Nunca Más Dictadura”. 
2) Un programa ultraliberal inspirado en el plan económico de la Escuela de Chicago que se implementó durante la dictadura de Augusto Pinochet en Chile y que aún hoy la democracia en ese país no pudo desmontar. El plan consiste en convertir al Estado en un ente jibarizado y mendigo. Un mero títere del capital financiero y transnacional que se apoderará de los recursos naturales en un esquema basado en la privatización de todo lo estatal. 
Es por eso que los presidentes Mauricio Macri, Sebastián Piñera e Iván Duque enviaron señales de aliento a Bolsonaro y su elección en primera vuelta. No olvidemos que el capital especulativo, el cual no produce riquezas para el pueblo sino para unos pocos, genera a nivel mundial una tasa de ganancia anual promedio del 9%. En tanto que el capital productivo, generador de empleos, infraestructura, bienes y servicios, tiene un promedio del 2,5%, según cifras del propio Banco Mundial. 
¿Qué papel tiene el sindicalismo hoy? 
El movimiento sindical está en la mira de estos gobiernos conservadores y sus socios transnacionales que vienen a nuestros países a apropiarse y extraer nuestras riquezas sin dejar nada a cambio. Los trabajadores generamos las riquezas y nos dejan las migajas. Amenazan nuestra soberanía y derechos fundamentales. 
El mundo de hoy nos exige como trabajadores conformar un bloque de acción e intervención en la arena internacional. Romper la dependencia sobre los centros de poder, generar alianzas entre quienes tenemos realidades similares, e intervenir de manera contundente en las decisiones que marcan el ritmo de las luchas laborales de los trabajadores de la humanidad. 
El desafío ante la tercera ola neoliberal es luchar contra las desigualdades que el modelo impone, una lucha que no puede agotarse en el impulso de alternativas político electorales, sino que debe ir más allá al punto de proponer una forma de organización social superadora de la actual. Ello incluye encontrar respuestas de conjunto que permitan cuestionar la hiperconcentración de la riqueza que hay en el mundo y los avances tecnológicos que relegan a los países periféricos ensanchando las desigualdades: pleno empleo con reducción de la jornada laboral sin traumatismo, es decir sin quita salarial. Abordar la Cuarta Revolución Industrial, también llamada Industria 4.0, sin perder derechos ni empleos, sin que los jóvenes y las mujeres sigan siendo la moneda de ajuste. 
El capitalismo especulativo nos ofrece un mundo de felicidad y confort para el 1%, pero el 99% restante exigimos un mundo real. Es un crimen que una madre o padre no puedan dar de comer o llevar a su hijo a la escuela o a un hospital; es un crimen que hombres y mujeres no tengan empleo digno, que cuenten centavo a centavo para llegar a fin de mes. La especulación financiera es un delito que el sistema avala para excluir mediante el odio a la mayoría de la humanidad como si fuera población sobrante. Los desafíos nos convocan. La lucha es por la vida contra la muerte. 
A nivel de las conciencias, podemos bien decir que en muchos casos, como sucedió con Argentina, Brasil y Uruguay, los gobiernos progresistas que alcanzaron el poder en el nuevo milenio resignaron entablar una disputa directa contra poderes fácticos enquistados como son las grandes corporaciones cartelizadas y concentradas, y por el contrario establecieron una convivencia pacífica con ellas Pero el panorama actual en Brasil nos ha mostrado las graves consecuencias que esta posición puede traer a la larga. Por eso es necesario que los movimientos sociales progresistas en la región, partidos políticos, sindicatos combativos y fuerzas populares mancomunen sus esfuerzos en una ofensiva internacionalista, tan transnacional como el capital financiero y especulativo aliado con fuerzas políticas regresivas que nos somete a diario. Es la única manera de enfrentar este ataque a los derechos sociales y construir alternativas autocríticas que permitan a la vez extraer enseñanzas de los aciertos y los errores cometidos en el pasado en la preservación del poder político y social construido. 
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Como ya lo dijimos en la editorial de agosto, desde ATE y la CTA veníamos  construyendo las condiciones para un nuevo Paro Nacional, al cual los estatales teníamos mucho por aportar. Y no nos equivocamos.

Frente a la brutal ofensiva del gobierno en la aplicación de su plan de ajuste y el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional con la consecuente recesión, devaluación, licuación del salario, despidos y el vaciamiento del Estado, las organizaciones de los trabajadores, entre ellos ATE y nuestra CTA autónoma, logramos constituir un nuevo hito de la lucha popular este pasado mes de septiembre.

De la misma manera que a fines de mayo fuimos parte de la Marcha Federal y pudimos concretar el paro nacional del 25 de junio, de igual manera las asambleas de las distintas áreas productivas del Estado, las  movilizaciones en Fabricaciones Militares, Energía Nuclear, Agricultura Familiar, en la planta de Agua Pesada, en el Astillero Río Santiago, entre otros, anticiparon la concreción del Paro Nacional de ATE y la Jornada Nacional de Lucha de nuestra CTA A el 12 de septiembre y la marcha de organizaciones sociales en contra del aumento en servicios básicos y contra el FMI junto al Sindicato de Dragado y Balizamiento el día 19.

Así también fue que creamos las condiciones para que se concretara el paro nacional de 36 horas los días 24 y 25 del mismo mes que tuvo una gran contundencia al ser millones de trabajadores y trabajadoras los que pararon a lo largo y a lo ancho de todo el país. De la misma manera que fueron miles y miles los que salimos a las calles para realizar movilizaciones, ollas populares y actos en las rutas y en las calles de toda la Argentina a la que se sumaron sectores de la pequeña y la mediana empresa de la ciudad y el campo así como trabajadores desocupados, sub ocupados y cooperativistas. Juntos fuimos capaces de hacer un gran Paro Comunitario y Activo que expresó el repudio de la mayoría de nuestro pueblo a las políticas del gobierno de Macri y su acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

Este 24 y 25 de septiembre mostró claramente las dos caras de la realidad del país: por un lado, un presidente de la Nación travestido en Virrey que entrega las llaves de las decisiones de nuestro país al FMI y lo festeja bailando en Washington ante un escenario de financistas transnacionales.

Por otro, un pueblo parando y movilizando en las calles para defender el derecho al trabajo, la producción y la soberanía nacional como condiciones imprescindibles para construir un país que tenga que ver con las necesidades de las mayorías populares y no con las necesidades de las minorías del privilegio.

Por esa razón anunciamos la continuidad de nuestro plan de lucha con un gran campamento frente al Congreso Nacional para proponer a diputados y senadores que rechacen el Presupuesto del gobierno por ser una mera convalidación formal de las decisiones que ya tomó el Fondo Monetario con respecto del futuro de nuestro país.

Pero al mismo tiempo con la intención de generar un espacio de encuentro de los distintos sectores del campo popular para proponer las bases de un Presupuesto que tenga que ver con las necesidades populares. Un Presupuesto que incluya las propuestas programáticas que fueron surgiendo en cada una de las luchas que hemos venido protagonizando:  los cinco proyectos de ley que presentamos tras la Marcha Federal (Emergencia Alimentaria, Infraestructura Social, Integración Urbana, Emergencia en Adicciones y Acceso a la Tierra) y las propuestas para un Estado diferente que surgieron de nuestros sectores: reactivar el Astillero Río Santiago, la construcción de la 3º Central Nuclear de Atucha (cuarta del país) y la producción de Agua Pesada, la reactivación de la usina de Río Turbio alimentada por carbón, los programas de aliento al campesinado y a la agricultura familiar para construir soberanía alimentaria, la producción para la defensa reabriendo Fanazul, entre otras iniciativas.

 

O sea, recuperar la condición de un Estado productivo al servicio del pueblo, y no un Estado represor al servicio de las empresas transnacionales y la especulación financiera, que solamente sirve para la fuga de capitales y el saqueo del país.

La batalla por el sentido del próximo presupuesto nacional es una pelea trascendental y debemos ser muy firmes y muy claros al decirles a gobernadores y legisladores que no hay lugar para la especulación. Si se aprueba el presupuesto, se convalida el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y serán cómplices de eso tanto los que voten a favor como los que se abstengan.

Por eso debe ser contundente el NO al presupuesto de Macri y el No al acuerdo con el Fondo porque los efectos van a ser criminales para el pueblo argentino. Porque va a convalidar el saqueo y los empréstitos para el sólo efecto de garantizar el repago de una deuda eterna. Mientras decrecen los derechos económicos de nuestro pueblo, se achica la capacidad del Estado y las herramientas para combatir la pobreza y la desocupación.

Así van generando la muerte silenciosa que provoca el hambre, la desatención de la salud, el despido de trabajadores y profesionales de la salud en hospitales como el Posadas donde se cierran servicios esenciales en el corazón del conurbano bonaerense.

Este crimen tan elocuente es ocultado por grandes medios de comunicación al servicio del sistema mientras reproducen declaraciones aberrantes como las del diputado Amadeo y otros defensores del gobierno  que estigmatizan a los trabajadores estatales descalificando su tarea y haciéndolos responsables  de la falta de respuesta del Estado a las necesidades populares.

Pero frente a esto está la solidaridad de nuestro pueblo que no nos ha abandonado. La conciencia de que detrás del derecho al trabajo de un estatal, está la defensa del derecho del pueblo.

Es cada vez más evidente que Macri  vino para destruir las áreas estratégicas del Estado y para realizar un saqueo extraordinario: hubo 56 mil millones de dólares de fuga de capitales, casi igual al valor del préstamo del FMI. Si el gobierno no hubiera avalado este saqueo ni hubiera dejado de percibir los impuestos a los sectores agroexportadores y mineros, no hubiese sido necesario solicitar el préstamo.

La propia historia argentina nos dice que desde que se aprobó el primer acuerdo con el FMI con la Revolución Libertadora y a través de los sucesivos gobiernos que acordaron ( Alsogaray, Krieger Vasena, Martínez de Hoz, Sourrouille, Cavallo) éstos siempre  provocaron depresión económica, generación de más pobreza, desocupación y destrucción de la capacidad productiva y soberana del Estado. Mientras que en los únicos momentos donde esos acuerdos no se firmaron, fueron los escasos períodos de crecimiento económico de la Argentina.

Por eso es imperioso no aprobar el presupuesto y los trabajadores estatales tenemos que ser vanguardia en la tarea de ganar las calles del país para fortalecer la participación popular, para que la democracia no sea solamente una apariencia que justifica y encubre el saqueo sino el ejercicio consciente de participación popular para construir un país distinto.

Por eso ganar las calles es la única manera de garantizar que los males de la democracia se resuelvan con más democracia y con más poder popular.

 

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Desde el lunes a la mañana las marchas en cientos de lugares de nuestro país, mostraban la angustia, bronca y también decisión de protagonizar profundamente el acontecimiento político más nacional y que es la concreción de un Paro Nacional.
Solo comparable por lo masivo y nacional a las elecciones presidenciales,  a las grandes manifestaciones de la recuperación de la memoria los 24 de marzo o cuando está en peligro la exigencia de Memoria Verdad y justicia, los días de silencio durante la desaparición de Santiago Maldonado o el 2 x 1 a los genocidas…
Ya está tomando vuelo lo que es un nuevo amanecer que se expresó contundentemente al grito de “Ni una menos” y el movimiento de mujeres reclama y logra hacer visible a fuerza de la movilización nacional sus reclamos.
Un paro de esta magnitud a nivel nacional nos acerca a la definición de ser clase pero a su vez Patria.
Quizás el más parecido a nosotros es nuestro hermano pueblo Uruguayo, que también planifica y ejecuta profundamente una herramienta de tal fortaleza.
Los escribas dicen “paran” los colectivos, los aviones, los trenes, los hospitales, las escuelas, etc. etc., ocultando que hay hombres y mujeres que deciden que no funcionen y que son los responsables de que lo hagan todos los días aunque el reconocimiento en sus derechos sea cada vez mas recortado e injusto.
Pero es preferible no reconocer esto, sino, tendrían que hablar de las causas que lo generan y no sobrevolar desinformando la realidad y menoscabando su poder.
Lo que lo provoca es la injusticia. Desigualdad que existe en toda nuestra América Latina, y sin embargo  no todos los pueblos usamos de la misma manera esta herramienta.
 
También entonces tiene que ver con nuestra cultura, con sentirnos hermanados (aun) y orgullosos (aun) como trabajadores que sabemos que si no estamos recibiendo lo que nos merecemos por ser productores de la riqueza de nuestra patria es porque nos están esquilmando.
Sentimos, convencidos que si existe el hambre en un país donde se produce el alimento para cientos de millones de personas es porque está planificado y se transforma innegablemente un crimen cotidiano.
Y además aprendimos que solo la unidad esencial de nuestra clase construye no solo de resistencia, sino también el poder de proyectar esperanza para resolver nuestros problemas.
El colectivo nos convoca, y no podemos faltar.
Aún siendo clara la crisis de representantes sindicales, aún en el marco de una dirigencia enriquecida o fracturada por negocios o complicidades con el poder; sorprende y silencia a tantos la contundencia de una conciencia que hace que millones de trabajadores y trabajadoras protagonicen esta jornada histórica de protesta.
El mismo día que el presidente hablará ante el mundo representado en la ONU.
Vergüenza debería darle el hacerlo;  ya que queda claro que no lo hace en nombre de nuestro pueblo.
Lo hará en nombre de sus amigos que hacen negocios o de las transnacionales que nos saquean, o de los 114.000 millonarios en U$D, al que les baja sus impuestos, en la misma proporción que resolvería la pobreza en la argentina.
Si,  podrá representarlos a ellos y a la casta política jurídica comunicacional empresarial o sindical que pacta la gobernabilidad para los ricos empobreciendo a la mayoría de nuestra gente.
Pero gracias a esta acción de Dignidad de millones y millones no lo hara en nombre nuestro que repudiamos su política de hambre y entrega nacional.
Gracias, gracias a mis compañeras y compañeros por seguir enseñándonos que el verdadero camino está en nuestra lucha y hermandad, y ojalá que nos retemple el ánimo, esa (su) fuerza para lograr no sólo repudiar lo que ocurre sino también, para, sin tomar atajos, construir una alternativa de esperanza que enamore vivir en nuestra Patria.
Quizá ese sentimiento y compromiso este más a tono con la actitud que manifiestan los millones de compatriotas a reclamar para sí el protagonismo que hoy nadie les regala y ejercen.
Allí radica nuestra fuerza. Esa fuerza que vuelve una y otra vez, y nos convoca a soñar como nuestros antepasados que alguna vez existirá una sociedad nueva donde existan una clase sola de mujeres y hombres: las y los que trabajen.
Por Víctor De Gennaro militante de los y las trajadoras, histórico dirigente de ATE, fundador de la CTA y dirigente del Partido Nacional Unidad Popular.
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Al cierre de esta edición del periódico, la policía de la Gobernadora Vidal estaba reprimiendo a los trabajadores que se movilizaron para exigir la reapertura de la paritaria y para garantizar que no se cierre el Astillero Río Santiago.
Este hecho demuestra una vez más, que el plan de gobierno de  Macri, Vidal y los gobernadores que sostienen este ajuste-ahora profundizado por el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional-, solamente cierra con represión.
Ante esta situación, el único camino que este gobierno nos deja a los trabajadores es el de la profundización de nuestro plan de lucha.  Por eso, como dijimos en la asamblea que compartirmos con las y los compañeros del Astillero antes de la represión, el desafío es  crear condiciones que nos permitan garantizar desde nuestra organización, y si fuera posible desde el conjunto de la clase trabajadora, un gran Paro Nacional.
Para los trabajadores estatales este desafío alcanza sobre todo a  las áreas productivas y estratégicas del Estado donde pretenden, como lo hacen en el astillero, vaciar las políticas de Defensa Nacional en Fabricaciones Militares o destruir los programas de incentivo y producción del campesinado pobre como sucede en Agricultura Familiar.
Esto es lo único que el presidente Macri puede ofrecerle al país: más dependencia, más desocupación, más destrucción de la industria y la producción nacional del campo y de la ciudad; más pobreza, pérdida de soberanía y desamparo frente a la voracidad de las grandes empresas trasnacionales que se enriquecen especulando.
Políticas que no se limitan a los organismos del Estado nacional sino que avanzan sobre los estados provinciales ahogándolos financieramente con el consiguiente abandono de las escuelas, los hospitales y la justicia, que son las áreas de atención más directamente vinculadas a las necesidades de nuestro pueblo.
En el mes de septiembre, cuando el gobierno nacional presente en el Congreso de la Nación un presupuesto que le permita presionar a los gobernadores para convalidar el acuerdo con el FMI, será el momento y el escenario donde debatir fuertemente la construcción de un gran Paro Nacional. Y frente a esto, desde ATE y la CTA-A debemos salir, no solamente a construir ese Paro, sino también a impulsar un gran debate alrededor del nefasto acuerdo con el FMI y de un presupuesto alternativo en la perspectiva de edificar una Argentina diferente.
Porque nuestro camino es otro. Nuestro camino es marchar para cimentar una Patria para todos; y eso requiere discutir presupuestos nacionales y provinciales que estén al servicio de las mayorías populares. Requiere también discutir inversiones que garanticen la preservación y el fortalecimiento de áreas estratégicas como las productivas y todas aquellas que tengan que ver con la Ciencia, la Tecnología y la democratización del Estado.
Nueva etapa en la Central
En agosto tuvimos dos grandes hitos de la lucha de nuestras organizaciones en un solo día. Por un lado el compromiso y el debate extraordinario que se dio en todo el país por la ley de Interrupción voluntaria del embarazo y esa marea verde que impuso el debate en el Congreso y lo obligó, una vez más, a mostrar su carácter recalcitrantemente conservador.
Por otro lado, la gran elección de la CTA Autónoma donde votaron más de 200 mil afiliados de todo el país, a pesar de que el Ministerio de Trabajo haya querido impedirla, para elegir una nueva conducción donde tengo el honor de acompañar a Ricardo Peidro (secretario General) y Claudia Baigorria (secretaria General Adjunta), junto a otros compañeros y compañeras de ATE y de innumerables organizaciones.
El comienzo de una nueva etapa de la CTA-A donde resulta indispensable organizar la rebelión, profundizar la organización popular y fortalecer la unidad en la lucha. Y, por sobre todo, seguir creciendo en representatividad como lo señala la incorporación de  una nueva organización de trabajadores, el SITRAIC, un sindicato de trabajadores de la construcción que se incorporó a nuestra central el mismo día que marchamos al Ministerio de Trabajo para decirle al “negrero” de Triaca que a nuestras autoridades las eligen solo los trabajadores.
Lo que sigue para la CTA A es una etapa de expansión que nos obliga a no mirarnos el ombligo sino a construir unidad con otras organizaciones, a confluir con ellas y construir un debate y una  propuesta que esté a la altura de las necesidades que hoy tenemos como clase trabajadora. El lamentable show de los cuadernos de la corrupción que sacaron a la luz las pústulas de un sistema judicial y político putrefacto por todos lados, nos demuestra cómo en los últimos años el Estado ha
sido entendido como un coto de caza para el enriquecimiento de algunos pocos, mientras el grueso de la población sigue en estado de pobreza y toda la estructura productiva del país se desarticula.
En ese contexto el rol de la clase trabajadora adquiere mayor relevancia y hace necesaria la unidad con los pequeños y medianos productores del campo y la ciudad, con los comerciantes y los estudiantes para construir el próximo Paro nacional. Un paro que debe necesariamente ser comunitario y expresar a todo un pueblo movilizado. Un paro al que nuestra ATE tiene un aporte fundamental que dar.
Ese es el compromiso que asumimos en las asambleas de Fabricaciones Militares, en las del Astillero, en las de Agricultura Familiar, en el INTI, en el Hospital Posadas y en todos aquellos lugares donde ATE da pelea día a día mientras aporta a la idea superadora de construir la unidad necesaria para imaginar y proponer un Estado democrático y popular.
Los males de esta democracia deben superarse con más democracia; y eso se logra solamente con el fortalecimiento de las organizaciones libres del pueblo. Hacia allá vamos siguiendo el ejemplo de tantos luchadores que nos dieron el ejemplo. Como la recientemente fallecida Chicha  Mariani, fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo, luchadora incansable en la búsqueda de su nieta Clara Anahí, secuestrada por la dictadura.
Fue ella la que alentó los juicios por la Verdad cuando se quería clausurar la justicia; fue ella la que sacó a la luz la basura de Etchecolatz, Camps y de tantos otros responsables de terribles crímenes del genocidio. Y aunque no pudo recuperar a su nieta y devolverle su identidad, sí alumbró con su lucha a otros nietos y nietas recuperadas y fue un ejemplo de vida, de coherencia y de constancia. Chicha sembró futuro y a muchos nos alentó con su ejemplo a continuar la siembra de un futuro distinto para nuestra sociedad.
En eso estamos.
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Como era de esperar casi todas las Organizaciones y Representaciones se han manifestado prontamente contra la degradación institucional que significa el pasaje del Ministerio de Salud Nacional al rango de Secretaría.
Se da en el marco de una verdadera debacle, producto del rumbo y el conjunto de políticas que se están desarrollando en el gobierno nacional.
La aceleración en el ajuste, la reconversión de lo público a lo privado, la concentración/exclusión, también se expresa en las políticas sanitarias.
El gradualismo en el que estaba enmarcado el “Plan CUS”, se quebró al compás de las decisiones generales, y ahora ya no quedan dudas que el Sistema Público argentino, está siendo “intervenido” rumbo a su privatización. No hay forma de disimular la reducción de la jerarquía institucional, el des financiamiento severísimo que sufrirán las políticas y los Programas en el marco de las exigencias del fondo, el “déficit 0”, y las repercusiones en los presupuestos provinciales y municipales.
A todo esto se le agregará dramáticamente el incremento previsible de los niveles de pobreza y desocupación que repercutirá en la salud de argentinas y argentinos, reconociendo a las condiciones de vida como la principal determinación de salud y enfermedad de las personas.
Los tratamientos crónicos se están abandonando porque los gastos en medicamentos  y estudios que no provee el sistema público, la gente no los puede afrontar.
El hambre ya se re instaló en las mesas argentinas, y no hay bacteria más potente que esa.
Más pobreza y más desigualdad con menos Estado, es igual a más enfermedad y más muerte.
Volvemos a plantear que la defensa de la salud pública, no es una agenda de un partido político, ni de un sindicato, ni de un Hospital. Es la agenda colectiva que nos legaron los Carrillo, los Oñativia, los Ferrara, pero que nos exige en estos tiempos, voluntades y prácticas nuevas, para nuevas formas de Organización.
Pero HOY, en que esa agenda toca un extremo crítico, deberíamos sostenerla con exigencias programáticas que pongan a resguardo a los sectores más vulnerados de nuestro pueblo, como por ejemplo:
– Erradicación de la pobreza como medida sanitaria excluyente, mediante la universalización de la AUH a niveles de canasta básica.
– Maximización de la asistencia en comedores y merenderos.
– Preservar la condición del Ministerio de Salud con ámbito de rectoría de políticas públicas, con restitución de la totalidad de los trabajadorxs cesanteados y despedidos, y fortalecimiento inmediato de los Programas de territorio.
– Derogación del DNU N°908 crea el plan Cobertura Universal de Salud (CUS).
– Desplegar de manera inmediata un Programa en los barrios y zonas críticas, interdisciplinario y mano de obra intensivo, de detección precoz de enfermedades vinculadas con la pobreza, haciendo foco principal en niñas, niños y adultos mayores.
– Fortalecimiento de las capacidades de respuesta humana y de insumos en los establecimientos públicos, Hospitales y Unidades Sanitarias.
– Disponer la máxima producción en Laboratorios Públicos para generar un shock de provisión de medicamentos esenciales.
Es tiempo de mareas. Generemos la necesaria para defender la salud de nuestro pueblo.
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En los discursos pronunciados en el marco de las manifestaciones públicas de repudio a los despidos de trabajadores y trabajadoras de la Fábrica Militar de Pólvoras de Villa María, más de una vez se recuerda la figura de Germán Abdala, emblema de la lucha contra las políticas neoliberales de los años 90. Referente insoslayable en la historia de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) y una de las figuras fundantes de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA). Trabajador, militante sindical y político de gran estatura intelectual, nacido en Santa Teresita, provincia de Buenos Aires, en 1955, y fallecido en 1993 luego de sufrir una larga enfermedad y soportar numerosas intervenciones quirúrgicas. Fue un hombre de fuertes convicciones, claro discurso y un accionar coherente tanto en el mundo gremial como en lo político partidario

Anchoas en el desierto

Más allá de la responsabilidad que tomara en su desempeño sindical o político partidario, nunca se despojó de su identidad como integrante de la clase trabajadora. En diversas ocasiones visitó la ciudad de Villa María. La mayoría de las veces que pisó las calles de ésta, lo hizo por actividades relacionadas con lo gremial. Existe una filmación con parte de uno de sus discursos pronunciados aquí en 1990 siendo secretario general de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) de Capital Federal y diputado nacional. Dos años antes había sido reelecto en ese cargo gremial y en 1989 electo diputado por el Partido Justicialista.   Pero al poco tiempo de haber asumido el cargo legislativo, junto a otros compañeros, vio cómo gran parte del peronismo adhirió a una propuesta neoliberal liderada por Carlos Saúl Menem. En respuesta a esa situación, en diciembre de 1989, junto a otros siete diputados nacionales, se apartó del bloque oficialista integrando el grupo disidente “de los ocho”. De manera coherente también renunció a los cargos partidarios y a la afiliación del Partido Justicialista. Era claro que no podía acompañar a quienes abogaban por las privatizaciones, las relaciones estrechas con el imperialismo, los indultos para los represores y también la denominada “flexibilización laboral”. Todo ello era un claro desarme del sistema protectorio de los trabajadores, dejándolos sin defensa ante la codicia de quienes sólo pensaban en la maximización de los márgenes de ganancia para la patronal. La respuesta política de parte del oficialismo fue severa, es así que desde el bloque de diputados justicialistas repudiaron el apartamiento de los disidentes diciéndoles: “Van a comer anchoas en el desierto”. Pero nada de eso cambió la decisión de Germán y sus compañeros que mantuvieron la posición adoptada. Es más, redoblaron su esfuerzo y durante el primer semestre del año 1990 recorrieron el país para preparar el Encuentro Nacional de la Militancia que tuvo lugar en Villa María. Sabían que estaban en un batallar de largo aliento contra la racionalidad del neoliberalismo que no tiene nada de respeto por los trabajadores.

Encuentro en la ciudad

En aquella visita a Villa María lo acompañó, entre otros, su amigo y reconocido gremialista, Víctor de Gennaro, con quien compartió la lucha desde la Agrupación Nacional Unidad y Solidaridad de la Asociación Trabajadores del Estado (Anusate) que crearon en 1977. Organización que también integraban villamarienses como Oscar “Cacho” Mengarelli. Desde esa agrupación interna lucharon contra la entreguista burocracia sindical recuperando la conducción de ATE en 1984. Entre quienes fueron de la partida en aquel encuentro de la militancia, estaba Darío Alessandro, también integrante del grupo de los ocho diputados nacionales que rechazaban el giro liberal del justicialismo.

 

Eran tiempos donde las argumentaciones del pretendido nuevo liberalismo poseían una inusitada fuerza, de allí la valoración de la posición de los militantes como Abdala que elevaron su voz denunciando y participando en la fundación de organizaciones que nuclearan trabajadores para resistir ese dañino discurso. Fue ese el caso de aquello que comenzó a gestarse a principios de los 90, primero en el “Encuentro de Burzaco”, luego en el “Congreso de los Trabajadores Argentinos” realizado en Rosario, que terminaría constituyendo la Central de Trabajadores de la Argentina.

Cuando la racionalidad del neoliberalismo parecía cubrir todo el campo político de los partidos mayoritarios, la voz de Germán Abdala resonó fuerte en Villa María, señalando, con claridad que aquellas recetas que la racionalidad liberal proclamaba como verdades absolutas no lo eran. Que solo se trataba de la palabra de aquellos que querían implantar un modelo social desfavorable para las grandes mayorías. Abdala, un orgullo para el trabajador estatal, desmentía a aquellos que planteaban la muerte de las ideologías. A la vez desmontaba el discurso de quienes decían “que ya los problemas no son más entre los pobres y los ricos; ya no son más entre los explotados y los explotadores”. Abdala aclaraba que nada de eso era cierto, y dijo  “hoy aquí en Villa María hemos instalado este grito, donde las ideas no han muerto, nuestra memoria no está pisoteada, nuestro pasado nos da orgullo y -también- nuestro presente”. Germán inscribía la lucha de los trabajadores en una tradición plagada de valiosos hombres y mujeres de cuyo accionar despierta orgullo. Un pasado que, trabajo militante mediante, debe formar parte de la memoria del conjunto de los trabajadores, porque de allí no solo surgen inspiraciones sino que esclarecen las miradas acerca de la evolución de las problemáticas y las luchas. En aquella oportunidad Abdala dijo “no vamos a permitir que la amnesia de quienes se salvan dentro de esta sociedad nos mansillen, nos olviden…” esa memoria. Llamó a los trabajadores a reconocerse herederos “de todos los héroes, de todos los próceres que lucharon por un país distinto”. Entre otros nombró a Jorge Fernando Di Pascuale, dirigente sindical argentino del Sindicato de Farmacia, a John William Cooke y Atilio López, sindicalista que llegó a la vicegobernación de Córdoba y que fue asesinado por la Triple A.

Contra la fatalidad

En su discurso en Villa María, como lo hacía habitualmente, Abdala no solo planteó enorgullecerse del pasado de los trabajadores y ejercer la resistencia, instó a ir por más. Así es que pidió “salir de la resistencia, para poder plantearle, a esta sociedad, que no solo está el discurso de la derecha para explicar la crisis política. Sino que también, los sectores populares, tenemos una propuesta. Tenemos un planteo para explicar por qué hoy las dirigencias políticas, las dirigencias sociales, forman parte, todas, del mismo esquema de prebenda y de prostitución que han hecho que el conjunto de las masas dejen de creer en que es posible vivir en un país distinto. Este es nuestro compromiso…”. Convocó a militar, no solo a “dar buenos discursos” sino “encontrarnos en cada lugar, en cada barrio, en cada fábrica, en cada escuela, en cada universidad, en cada lugar donde está el pueblo porque nosotros apenas somos una puntita de ese pueblo que murmura, que late y que exige que haya una transformación en el país”. Demandaba compromiso militante y ejercía el propio hasta niveles inimaginables. Su palabra pedía ejercer esa militancia para “demostrar que el campo nacional y popular tiene un país que ofrecer… que es capaz de decir qué hacer con la deuda externa, con el comercio exterior, con los mercados, con los grupos económicos”.

En su discurso, de corte clasista, Abdala señalaba que los trabajadores no vienen de la nada, que existe una historia del sector de la cual estar orgullosos, que se puede trascender la resistencia y debe militarse para hacer entender que desde los trabajadores se tiene un proyecto de país digno. Este profeta de la ética y la lucha con meridiana claridad supo señalar que “es preferible intentar un camino autónomo, propio, nuestro, que a lo mejor en principio sea tan doloroso como el otro. Pero el final del camino es nuestro, estamos construyendo nuestra nueva sociedad”. En aquel discurso desde Villa María cerró diciendo que quería “recordar a este poeta latinoamericano, nuestro -Pablo Neruda- que dijo podrán arrancar mil flores, pero no van a detener la primavera”.

Pasados algunos años viene bien recordar aquellas enseñanzas de Abdala, revalorizar la historia de los trabajadores y rescatar experiencias de sus luchas. Las palabras de aquel dirigente ayudan a desmontar el halo de fatalidad con el cual se presentan decisiones que producen dolor en los trabajadores, y ganancias para aquellos sectores sociales que más tienen.

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Primero fue el Presidente de la Nación Mauricio Macri, quien compartió con  los empresarios de la Federación de la Industria Naval la sugerente idea de dinamitar el Astillero Rio Santiago, luego fue el programa en televisión de Jorge Lanata que se dedicó a negarle toda utilidad al Astillero y a acusar a sus trabajadores de vagos por no haber producido barcos en los últimos años. Insistió luego con esos argumentos en un diálogo radial con el Secretario General de ATE Hugo Cachorro Godoy. Diálogo en el que estuvo acompañado por “ el joven economista de las viejas ideas” Martín Tetaz. Por último, fue la Gobernadora Vidal quien reprimió a los trabajadores cuando estos pretendían ser recibidos en el marco de las paritarias reclamando salarios y pidiendo un debate serio sobre la perspectiva del Astillero. En ningún caso, ni el presidente, ni Lanata ( tampoco Tetaz), menos aún la Gobernadora, hicieron esfuerzo alguno para tratar de entender en profundidad de qué hablaban. Opinaban sobre el Astillero como si estuvieran hablando de una fabrica de caramelos y no de una empresa estatal clave para el desarrollo de la Industria Naval. La ignorancia desplegada al tocar el tema es de tal magnitud que sorprende al tratarse de quien maneja los destinos del país y que además es ingeniero, o de un periodista como Lanata a quien todos, mas allá de cualquier juicio de valor, asumimos como un periodista inteligente. La ignorancia evidenciada y transformada en burda operación mediática y represiva dirigida al objetivo de privatizar y/o cerrar el Astillero, obliga a realizar algunas precisiones.    
El primer punto a situar para hablar con sensatez del Astillero es entender que al igual que el complejo ferroviario  destruido en los noventa, la industria Naval no es una industria más. Es un complejo que actúa como madre de industrias. Su producción se asemeja a la creación de una pequeña ciudad flotante que debe atravesar océanos. Gracias a su actividad un conjunto de otras ramas industriales pueden producir. A saber, sectores como equipos eléctricos y electrónicos, aparatos de transmisión, maquinaria de cubierta, compresores, grúas, equipo de fondeo, productos laminados de hierro y acero, químicos básicos, y muchos mas. Es decir, que el efecto multiplicador de la actividad naval es significativo al promover la producción de un conjunto importante de actividades del entramado industrial que proveen materias primas e insumos al proceso productivo así como también fomentan el desarrollo de servicios profesionales como la ingeniería naval, hidráulica y neumática que la hacen portadora de progreso tecnológico. Por otra parte, el aporte de la industria en términos de Seguridad y Defensa nacional (produciendo desde lanchas para la prefectura hasta buques de guerra) y en el  comercio internacional (asociado al mercado de fletes) la convierten en un sector estratégico. Es fácil imaginar que tamaño sector, de vital importancia para el desarrollo económico y la defensa de la Nación, no puede quedar a merced de la leyes de la competencia del supuesto Dios mercado al que invocaba Martín Tetaz en sus intervenciones en el programa de Lanata. Leyes que en este sector no tienen nada de “competencia perfecta” ya que la flota extranjera es apoyada por una legislación de origen que la asiste, con un mercado interno de fletes protegido y con créditos y subsidios específicos para la construcción de sus bodegas. China, por ejemplo, el primer productor mundial de barcos, determina que la mitad de sus importaciones de crudo se realicen en buques petroleros propios y adicionalmente la construcción naval tiene la categoría de “restringida” lo que significa que se promueve la fabricación en astilleros propios a partir del financiamiento que otorga un sistema financiero adaptado a los requerimientos de la industria. Por su parte, en Corea del Sur, el segundo productor de barcos a nivel mundial, el Estado tiene importantes programas de financiamiento en investigación y desarrollo naval así como también en capacitación del personal. También participa activamente en el financiamiento de sus armadores y astilleros. Para ser precisos, los países líderes en la producción mundial de barcos no vieron florecer sus Astilleros por generación espontánea, sino que tomaron la decisión política, y el Estado actuó en consecuencia, para desarrollar la industria naval. Decisión tomada casualmente por el impacto favorable que esta produce en términos de industrialización y cambio tecnológico.     
Hecha esta precisión sobre la relevancia de la industria naval, corresponde señalar que  uno de los actores centrales en este sector son, casualmente, los Astilleros. Establecimientos estos donde justamente se diseñan, se construyen y se reparan las embarcaciones. ¿Cómo se articulan éstos con el resto de los actores de la cadena de valor? Normalmente los astilleros dependen de las demandas de lo que se denomina “armadores” o “navieros”, es decir, que la producción se activa cuando existen pedidos expresos de diseño y construcción de barcos, que pueden obedecer a necesidades o de la Marina Mercante, o del Estado a través de sus empresas públicas o pesqueros. Por lo tanto, sin la generación por parte del Estado de una demanda dirigida a favorecer la producción nacional, los astilleros NO PUEDEN producir barcos por más que lo deseen. Para poner un ejemplo de un país limítrofe como Brasil, la industria naval brasileña tiene actualmente un peso mayor que la vernácula porque el Estado a partir del año 2003, luego de haber transitado durante los ´90 un período de desregulación y desguace, implementó una política de compras por parte de Petrobras que privilegió a los astilleros locales al momento de equiparse. Es decir, lo que Macri y Lanata debieran saber es que Brasil generó esa demanda que precisan los astilleros para funcionar EN TODAS PARTES DEL MUNDO. No se le ocurrió a Brasil dinamitar sus astilleros. Decidieron dinamizarlos, reconvertirlos y potenciarlos. 
A su vez, existe una característica distintiva de la actividad de construcción de barcos y es que, por su propia naturaleza, los mismos requieren de extensos plazos para su realización, por lo cual quien invierte no cuenta con una garantía real o un retorno de la misma por un largo periodo, a lo cual se suma el alto valor unitario de las embarcaciones. Esto implica que el esquema de financiamiento de esta actividad requiere de significativos montos de capital, además de que conlleva riesgos y plazos muy específicos. En este sentido, se sabe que para que los armadores nacionales demanden barcos a los astilleros locales, primero deben ser abastecidos de financiamiento acorde a las características enunciadas así como también debe garantizarse a través de la legislación una Ley de Reserva de Cargas que proteja la flota local otorgándole el derecho de transportar una porción del tráfico marítimo del país. Máxime en el caso argentino donde el 90% de nuestro comercio exterior se transporta por agua. Por lo tanto, sin una política de estado de financiamiento y promoción de la actividad del sector, no hay industria naval ya que no hay capitalista altruista dispuesto a invertir sin recibir retorno por años.
A diferencia del caso brasileño, en Argentina el abandono lleva décadas sin revertirse. Comienza con la puesta en marcha de la doctrina neoliberal con la última dictadura militar que avanzó con un proceso de desregulación del sector dejando sin efecto los programas de promoción de la actividad de las décadas anteriores. Luego, se profundiza con los decretos desreguladores de los ´90 (especialmente los Dtos. 1772/91 y 2687/93) que entre otras medidas, disuelven el Fondo de la Marina Mercante que era el instrumento de financiamiento de los armadores para la construcción de buques en el mercado local. En simultáneo, se elimina el sistema de reserva de cargas, se autoriza a los armadores argentinos a cambiar de bandera para bajar los costos operativos, se le otorga el mismo trato a los buques extranjeros que a los nacionales, se habilita la importación de embarcaciones enteras sin pago de arancel y se habilitan líneas marítimas extranjeras. Como si fuera poco, en el año 1994 se firma un convenio con la Unión Europea que permite intercambiar cupos anuales de pesca a cambio de contribuciones financieras y ventajas arancelarias que en la práctica derivan en asociaciones de empresas locales con europeos que ingresaban barcos haciendo disminuir la demanda hacia los astilleros locales. Por otra parte, el proceso privatizador afectó tanto a la demanda de barcos (a partir de la privatización de las empresas públicas ELMA, YCF e YPF) como la oferta (Tandanor –reestatizada en el 2007-). De esta manera, deliberadamente se orquestó la agonía de la industria local naval que derivó en el estado de abandono de los astilleros estatales que fueron liquidados o privatizados casi en su totalidad con excepción del Astillero Río Santiago (ARS) ubicado en la localidad de Ensenada, provincia de Buenos Aires. Las consecuencias fueron dramáticas para el sector. Mientras en 1990 del total facturado por el mercado de fletes, el 50% se hacía en flota nacional, este porcentaje pasó a representar apenas el 1% en la actualidad. Desde comienzos de los ´90 se ha experimentado una estampida de bodegas de bandera argentina con una pérdida inicial de nada menos que de 133 barcos en el primer año. La marina mercante nacional se redujo a la mitad entre 1991 y el 2003 quedando con tan sólo 66 unidades. Así, durante todo el decenio de los 90 se pasó del 100% de buques argentinos que integran la Flota de Bandera a tan sólo el 8%. Por otra parte, el volumen de producción física de la industria representa actualmente apenas el 20% de lo que se producía con anterioridad a los decretos reguladores mientras el personal ocupado pasó de 75.000 en la década del ´70 a tan sólo 6.500 según los últimos datos disponibles.
De esta manera, la dirigencia política asociada con la apertura del sector al capital extranjero, triunfaron en el propósito de conseguir que la bandera argentina sea una “rara avis” en el propio mercado interno de fletes dando lugar a las “banderas de conveniencia” que como su nombre lo indica, favorecen la explotación de los buques flexibilizando tributos, regímenes laborales y controles. En este marco, resulta casi infantil orientar el análisis del Astillero hacia los sueldos de los trabajadores o el funcionamiento del comedor de la empresa, o las jubilaciones de los trabajadores (enfoque que priorizara el Programa de Lanata) cuando estamos hablando de un establecimiento clave para el complejo de la industria naval y por tanto, para la reindustrialización y el desarrollo tecnológico del país. Establecimiento que también, si se incorporara en el mercado de fletes permitiría un importante ahorro de divisas, tan esenciales para un país como el nuestro.   Pero claro, ni a Macri ni a Lanata, parece preocuparles el costo multimillonario que al fisco le ocasiona  sostener una industria con estos niveles de desregulación. Argentina pierde miles de millones de dólares pagando fletes que podríamos garantizar nosotros, pierde vidas al no regular el envejecimiento de la flota pesquera local y permitir la seguidilla de hundimientos que se han dado en los últimos tiempos, y pierde también industria, tecnología y trabajo calificado con buenas remuneraciones. Con una mirada estrecha, solo les preocupa el gasto en salarios que el Estado realiza para los trabajadores del Astillero, así sea para sostenerlos hasta que se efectivicen las jubilaciones en trámites que el propio Estado demora, o por las eventuales exenciones del impuesto a las ganancias de algunos conceptos adicionales del salario. Uno de los argumentos claves para denigrar el astillero y a sus trabajadores, es afirmar que hace una década que no se produce ningún barco. No está demás señalar que cuando se habla de producción de un astillero, no sólo se deben contar “los barcos finalizados”, porque como es sabido , hacer barcos que tienen una vida útil de entre 50 y 60 años no es como hacer lamparitas o lápices . Parte de la producción ordinaria de los astilleros consiste en reparar las embarcaciones, las cuales dada su larga duración requieren de permanente mantenimiento para poder ser explotadas como corresponde. No obstante, asombra que Macri y Lanata , que tanto fervor han puesto en describir la corrupción del período Kirchnerista, no hayan reparado en el impacto que la corrupción k tiene en la historia reciente del Astillero. Ciertamente hubo fondos importantes aportados por Venezuela que deberían haber dinamizado la producción del Astillero. El desvío de esos fondos respecto a su objetivo original explica la parálisis del astillero. En el gobierno anterior, y pese al discurso industrialista, la corrupción debilitó el desarrollo del ARS y le sirvió en bandeja la argumentación al neoliberalismo de hoy para justificar el cierre del establecimiento.  
Por otra parte, y de manera insólita, tanto Macri como Lanata así como los empresarios de la Federación de la Industria Naval coincidieron en responsabilizar a los trabajadores de la situación de abandono que vive el Astillero. De repente desconocen el rol de los trabajadores en una empresa dentro de una economía capitalista. Hace más de un siglo que las bibliotecas están nutridas sobre la analítica de la relación capital – trabajo en sociedades como las nuestras. Para ponerlo en términos sencillos: los Trabajadores son centrales en el proceso de valorización del capital puesto que son quienes con su esfuerzo cotidiano agregan valor al producto durante el proceso de trabajo pero son los empresarios (en este caso el Estado empleador que Macri y Vidal conducen) quienes tienen a su cargo la dirección, el control y la administración de la empresa. De lo contrario, si  administrar la empresa (es decir, buscar clientes, trazan los planes de inversión o negociar financiamiento) fuera responsabilidad absoluta y exclusiva de los trabajadores estaríamos frente a una cooperativa. Los verdaderos responsables de la situación del astillero son los distintos gobiernos nacionales y provinciales que en ningún caso han entendido el papel que este astillero puede jugar en la reindustrialización del país.
Quienes sí lo entendieron fueron los trabajadores y su organización ATE, que asumieron responsabilidades y tareas que claramente excedían su rol tradicional. Pasando por encima de la ignorancia , la corrupción y la desidia de los gobiernos, así como también de la voracidad de los negocios privados, los trabajadores del Astillero Río Santiago no claudicaron y buscaron resistir y pensar alternativas para reconstruir la flota naviera de bandera nacional y promover así la producción del astillero. Testimonio de ello lo da el trabajo denominado “Primer Plan Quinquenal del ARS y Bases para Industria Naval nacional” trazado por ellos mismos y plagado de documentación histórica y propuestas. En este documento, queda resaltado como hito histórico fundamental las jornadas heroicas protagonizadas por los trabajadores del ARS y la comunidad de Ensenada y Berisso, en septiembre de 1992, cuando lograron resistir el intento privatizador del gobierno. Por eso, no es por suerte que el ARS sobrevivió al desguace de la industria. Ha sido la capacidad para resistir y proponer que han demostrado los trabajadores nucleados en ATE lo que explica en gran medida que el Astillero siga existiendo. Son ellos los que han presentado proyectos de ley para fomentar el transporte marítimo, la conformación de una flota de bandera, la disponibilidad de bodegas para el comercio, la creación del Fondo para el Desarrollo de la Industria Naval Nacional (FODINN), con afectación específica al financiamiento productivo de la actividad de los astilleros radicados en la Argentina y constituido por un impuesto al monto facturado por fletes de importación/exportación (impuesto al flete). Cabe mencionar aquí, frente a la alerta y preocupación demostrada por el joven liberal Tetaz en el programa radial de Lanata cuando el Secretario Gral de ATE osó hablar de impuestos a los fletes, que la política brasileña (que por cierto ha tenido más éxito que la nuestra) conformó un fondo de Marina Mercante que se integra por las tasas sobre fletes marítimos de sus importaciones. A partir de ese fondo, el BNDES otorga financiamiento de largo plazo para la construcción de embarcaciones, exigiendo como mínimo 60% de contenido nacional para los navíos. En Brasil tuvieron claro que el flete mas caro es justamente el que no se tiene y por tanto, hay que importarlo. Sería deseable que tanto el Presidente Mauricio Macri, como un periodista tan relevante como Jorge Lanata, abran sus cabezas y se informen adecuadamente sobre la historia y el significado del Astillero Rio Santiago.  No están en discusión solamente puestos de trabajo, se está debatiendo la perspectiva industrial de la Argentina.
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La suspensión arbitraria de las elecciones de la CTA A por
parte Ministerio de Trabajo a petición de Pablo Micheli, nos retrotrae al año
2010 cuando el candidato que había resultado perdedor, Hugo Yasky, le solicitó
al Ministerio de Trabajo que desconozca el veredicto de la votación directa de
los trabajadores.

Es coherente Triaca al responder con la misma lógica que
utilizo Tomada entonces: elije y defiende al “representante” que perdió en
detrimento de los candidatos que eligieron los “representados”.

Si hacemos memoria, la tergiversación de valores y de
prácticas nos interpelo para parir en 1991 el Grito de Burzaco, en 1992 el
Encuentro de trabajadores en Rosario y el Congreso de Parque Sarmiento y, al
cabo de cinco años, fundar una nueva Central de Trabajadores en la Argentina.
Alcanzando el reconocimiento con la Inscripción Gremial otorgada por el
ministro Armando Caro Figueroa en 1997, que legalizó después de mucha lucha la
herramienta para terminar con el Unicato en la Argentina.

La CTA fue hija del tiempo histórico de la caída del campo
socialista y la traición del peronismo. Tuvimos que llegar a esa crisis de
paradigmas para cuestionar la delegación en quienes decían una cosa y hacían
otra. Y así parimos un tiempo de autonomía que nos seguirá reclamando
coherencia y perseverancia.

Optamos por un modelo sindical que reconoció la unidad más
alta, la de la Clase Trabajadora, y por eso determinamos afiliación directa de
cada trabajador (el que vive, el que quiere vivir o el que vivió de su
trabajo), que nos llevó al mayor grado de democratización realizando la
elección de los dirigentes por el voto directo de los compañeros.

La CGT no acepta trabajadores, su estatuto define que se
afilian los Sindicatos y los dirigentes se eligen por Congreso de Delegados
elegidos por uniones o federaciones que la componen.

Lo nuestro fue producto de aquel conflicto de representación
que todavía hoy perdura en muchos aspectos, pero que no se resuelve cambiando
solamente al “representante” sino construyendo “poder de los representados”.

Por eso los empresarios, los gobiernos (sean del PJ, UCR o
PRO) y los sindicalistas de la CGT defienden al “unicato” concentrando el poder
en unos pocos con “poder de lapicera”, firmando a la baja las condiciones
salariales y de trabajo.

Después del último genocidio, empezamos a ver que para
muchos gremialistas el poder no estaba en la fortaleza de los niveles de
conciencia y organización de sus afiliados, sino en el poder económico alcanzado
con el manejo de la “caja”. Y muchos de esos dirigentes ya no solo se visten o
viven como empresarios, sino que son empresarios.

Fueron poco de a poco eligiendo y defendiendo las Obras
Sociales para una parte de los trabajadores y no la salud Publica para todos
los trabajadores; o fueron cómplices de la creación de las ART, un gran
negociado a costa la salud de los trabajadores dejando de lado la Prevención y
reparación integral de accidentes y enfermedades laborales.

Nosotros decidimos emprender el camino de constituirnos como
sujetos de necesidad, y también conquistar derechos. No delegamos en nadie
nuestra voluntad de organizarnos. Por eso está sembrado el territorio nacional
de organizaciones sindicales por fábrica, rama de actividad o confederaciones
de trabajadores privados o estatales; de trabajadores precarios o
convencionados, de la economía popular, autogestionarios, de las organizaciones
del movimiento territorial o de educadores populares defensores de los niños,
jubilados, pensionados y todas las formas y particularidades que ellos mismos
reconozcan.

El Estatuto de la CTA se base en tres pilares: Afiliación
directa; Elección directa; y Autonomía del Estado, los empresarios y los
partidos políticos. Las dos primeras la garantiza el Estatuto, pero la tercera
sólo se garantiza con el poder propio de los trabajadores para realizar lo que
creemos y deseamos hacer.

Eso es lo que estuvo en juego cuando trataron de que no se
lleven a cabo las elecciones de la CTA-A, y nosotros pudimos demostrar en todo
el país que la elección es de los trabajadores y NO de los patrones.

Tengo la alegría de ver que los más de 17.000 candidatos
fueron mayoritariamente jóvenes, hijos del 2001 y herederos de los sueños de
los setenta y de la resistencia de los noventa, y que sabrán estar a la altura
de la historia, la lucha y los sueños de la clase trabajadora argentina.

Por eso nos movilizamos el 8 de agosto hacia las urnas para
proclamar nuestra voluntad de elegir a los compañeros con los que vamos a
construir la CTA del Siglo XXI.

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Durante el mes de mayo el gobierno desencadenó la más brutal de las ofensivas contra nuestro pueblo, entre otras medidas, mediante la devaluación del peso y la aceleración de la fuga de capitales, que en solo dos semanas del mes de mayo llegó a 11 mil millones de dólares. 
Todo este desbarajuste económico sirvió de excusa para completar el acuerdo con el FMI que habían empezado a pergeñarse en el mes de enero cuando la presidenta de ese nefasto organismo visitó nuestro país. Se materializó así un acuerdo de subordinación al Fondo que nos abre las puertas al infierno social; porque el ajuste que se venía realizando desde que Macri asumió el gobierno, se acelera con la profundización de la Tercer Reforma del Estado y el incremento de esa combinación de inflación y  recesión que va a generar más desocupación, pobreza y transferencia de riquezas de los que menos tenemos hacia los sectores más concentrados de la economía, las empresas trasnacionales.
Así lo pudimos ver con el despido masivo y la desestructuración de TELAM, nuestra agencia nacional de noticias, a quién acompañamos en su pelea por la reincorporación junto al Sindicato de Prensa de Buenos Aires o en la decidida lucha que llevamos adelante contra los despidos de los trabajadores del Hospital Posadas, entre otros casos de vaciamientos, ajustes y despidos.
Al mismo tiempo se van a agudizar las crisis por ahogo financiero en las provincias y en los municipios. Situación en la que se encuentra la provincia de Chubut, primer y mejor ejemplo de una serie que va a multiplicarse con este nefasto acuerdo de sumisión al Fondo.
Pero este aceleramiento de las modificaciones estructurales implementadas por el gobierno en pos de los intereses más concentrados de la economía de nuestro país tiene que ver con los tiempos, y a este gobierno se le van acabando por la resistencia de nuestro pueblo. Resistencia que tuvo su punto más alto en diciembre del año pasado, cuando empezó a crujir la gobernabilidad del poder, hasta llegar a este mes de mayo en el que se fueron concretando acciones y medidas en las que nuestro gremio ha sido también protagonista. Y que tuvo como hecho principal la realización de la Marcha Federal que unió a diversas organizaciones sociales y a nuestra CTA Autónoma para marchar en cinco columnas desde La Quiaca, Bariloche, Río Gallegos, Posadas y La Rioja y culminar el 1° de junio cuando una multitud rebalsó la Plaza de Mayo, donde convocamos a un Paro Nacional que días después le pondrían fecha las distintas centrales sindicales de nuestro país.
La Marcha Federal fue también la posibilidad de apoyar propuestas alternativas como las cinco leyes que tienen que ver con las necesidades de los sectores populares más postergados de nuestro pueblo (Emergencia Alimentaria; Integración Urbana; Infraestructura Social; Emergencia en Adicciones y Agricultura Familiar).
Fue un dato sin ninguna duda novedoso de la realidad política de nuestro país, una Plaza convocada fundamentalmente por organizaciones sociales, nuevas organizaciones de trabajadores que se han ido conformando en los barrios, en las fábricas recuperadas, en las cooperativas, que en unidad con nuestra CTA A, fueron las que terminaron de cohesionar las fuerzas populares y de generar las condiciones para que se materializara el contundente paro nacional del 25 de junio.
En esos días de mayo nuestra organización también protagonizó dos hitos muy significativos. Uno fue el paro nacional de trabajadores portuarios, marítimos y de la industria naval, en unidad con los gremios nucleados en  la  FeMPINRA (Federación Marítima Portuaria y de la Industria Naval de la República Argentina) encabezada por Juan Carlos Schmid, que paralizó puertos y fábricas navales del sector público y del privado de todo el país e impulsó, sin dudas, la decisión de materializar la medida de fuerza nacional del mes de junio.  
Y el otro hito, pocos días después, tuvo lugar en la histórica localidad de Huerta Grande (Córdoba), sitio en el que la clase trabajadora fue capaz de elaborar uno de los programas obreros más importantes de su historia. Allí  realizamos el 52°Congreso Extraordinario y el 63º Congreso General Ordinario de ATE, donde ratificamos aquella voluntad expresada en el paro portuario y naval, y que luego trasladamos, junto a la CTA-A, a las organizaciones que participaron de la Marcha Federal. 
En ese Congreso también se declaró formalmente la decisión de fortalecer la estrategia de unidad y de organización de la clase trabajadora en torno al fortalecimiento de la CTA A en vistas a las elecciones del 8 de agosto, cuando elegiremos democráticamente una nueva conducción, que será la única conducción válida de la central, desconociendo toda otra elección, según se votó en Huerta Grande.   
Una conducción que nos permitirá también sacudirnos del lomo a las alimañas que han intentado desvirtuar ese espíritu fundacional de nuestra Central, que sigue existiendo y se proyecta como alternativa de un nuevo modelo sindical en la Argentina. 
Para ello es imprescindible el protagonismo de la clase trabajadora y tener la capacidad de reinventarnos, como lo estamos haciendo en ATE; y aportar desde nuestra CTA A, a un proceso de unidad en la lucha y de debate democrático con aquellos y aquellas que estén dispuestos a alumbrar esos nuevos caminos. 
También fuimos protagonistas de esa jornada histórica, junto a gran parte del Movimiento de Mujeres, para lograr el 14 de junio la media sanción de la Cámara de Diputados de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, dejándola en la puerta del Senado donde en los próximos días puede llegar a sancionarse como una nueva ley de la Nación.
De modo que mientras los sectores del poder concentrado siguen destruyendo las bases económicas, sociales y políticas de un país soberano; los sectores populares vamos dando pasos fundamentales en el fortalecimiento de nuestra capacidad de resistencia, de lucha, de generación de propuestas alternativas y de unidad y organización popular para hacerlas viables. 
Por eso, hoy más que nunca, “Rebeldía y organización popular”.
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Horacio Fernández: “La calesita de endeudamiento perpetuo
siempre termina mal

El secretario de Estudios, Estadística e Investigación de la
Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadores Estatales (CLATE), y
Director del Instituto de Estudios sobre Estado y Participación (IDEP) de la
Asociación Trabajadores del Estado (ATE-CTA-A), advirtió que negociar préstamos
con el Fondo Monetario Internacional (FMI) derivará “en un retraimiento de la
actividad económica y más ajuste sobre los sectores populares”.

Mauricio Macri anunció en un mensaje televisivo grabado que
acudirá a un rescate financiero del FMI. Hacía 13 años que el país había roto
amarras con el organismo cuando el entonces presidente Néstor Kirchner decidió
cancelar toda la deuda con el Fondo Monetario con reservas del Banco Central.

La decisión del gobierno de Cambiemos se produjo tras
reducir el gasto público en casi un punto del PBI, subir las tasas del Banco
Central hasta el 40 por ciento, ratificar la insólita meta inflacionaria del 15
por ciento (la mayoría de los especialistas la ubican para fines de 2018 en
torno a los 25 puntos) y dilapidar un promedio de 8000 millones de dólares de
reservas para contener al dólar. Sin embargo, la divisa estadounidense sigue
oscilando los 23 pesos. Cabe recordar que en el presupuesto nacional el equipo
económico ubicó a la divisa extranjera en un techo de 21,90 para el año 2021.

“De cada diez dólares que tiene la Argentina solo seis son
genuinos, los otros cuatro se consiguen mediante la especulación o la deuda, lo
que hace que nuestro país tenga poca capacidad de repago y confianza en el
mundo financiero”, señala Horacio Fernández en diálogo con el portal web de
CLATE.

El secretario de Estudios, Estadística e Investigación de la
Confederación Latinoamericana y el Caribe de Trabajadores Estatales (CLATE)
criticó la decisión oficial de acudir al FMI: “Sabemos que si la política
macrista sigue manteniendo el desfinanciamiento del Estado se profundizará el
período de ajuste constante que traerá como consecuencia la retracción de la
economía y menor consumo, es por eso que el pueblo protesta en las calles ante
el saqueo a su bolsillo”, detalló Fernández y agregó: “Se trata de un círculo
vicioso en el que siempre necesitás pedir más y cuanto más pedís más ajuste
exigirá el prestamista”.

El dirigente estatal calificó a este sistema de
endeudamiento como “una calesita sin pausa que siempre termina mal” y cuyas
consecuencias “recaen en los sectores populares”.

También afirmó que la Argentina se dirige a un “período de
estanflación”, una palabra compuesta a partir de los términos estancamiento e
inflación.

Hay un dicho popular que afirma que “locura es hacer lo
mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”. Horacio
Fernández recuerda que “estas recetas se aplicaron durante la última dictadura
cívico-militar, en la década neoliberal de 1990, en la eclosión de 2001 y
tuvieron consecuencias nefastas” porque se trata “de ajustes de manual con
brutal endeudamiento que recae siempre sobre las espaldas de los sectores
populares”.

“El Fondo no presta gratis —remarcó Fernández— siempre pone
condiciones, quita derechos de los trabajadores, recorta salarios y poda
jubilaciones; recordemos que en 2012 Christine Lagarde, la actual titular del
FMI, dijo sin ponerse colorada que `los ancianos viven demasiado y son un
riesgo para la economía global´”.

El especialista recordó que en 2009 la crisis especulativa
de las hipotecas en los Estados Unidos cruzó el océano y golpeó a los países
más vulnerables de la Unión Europea: “El FMI exigió recortes de extrema
crueldad a Portugal, Irlanda, pero especialmente a Grecia, en este último caso
con la complicidad del Banco Central Europeo y la Comisión Europea; no tuvieron
reparos en empujar a Grecia al precipicio”, subrayó.

En 2016, un informe de la Oficina de Evaluación
Independiente del FMI reveló que las autoridades del organismo, entre ellas su
máxima cabeza Christine Lagarde, sacrificó a Grecia para salvar al euro y a los
bancos europeos.

¿Cuál será el precio para sacrificar a la Argentina?

Nota: Mariano Vázquez, www.clate.org

Equipo de Comunicación de la Confederación Latinoamericana
de Trabajadores Estatales (CLATE)