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ATE

Primo de la Secretaria de Formación de ATE, fue detenido-desaparecido en 1978, con solo 16 años. Su familia y amigxs aún exigen saber qué pasó con él.

En calle Hidalgo al 1900, en Caballito, se
realizó un acto homenaje a Julio Martín Galarza Romero y se colocó una baldosa
conmemorativa frente a la casa en la que fue secuestrado.  Familiares, y compañeras y compañeros del
Colegio Nacional Buenos Aires, recordaron  al joven que fue secuestrado el 24 de febrero de
1978 cuando tenía solo 16 años y que permanece desaparecido.

María Teresa Romero, prima hermana de Julio
Martín y Secretaria de Formación de ATE Nacional, participó del acto impulsado
por lxs compañerxs de Julio.  “Es importante para nosotros poderlo llorar en
algún lugar, poder encontrarnos con sus compañeros, que lo querían tanto como
nosotros y que también están atravesados por lo que vivimos en esa época miles
y miles de familias en Argentina”, manifestó.

La dirigente contó como la militancia y
entrega de su primo marcó su vida: “En diciembre del 1977 él fue a Aimogasta,
al pueblo nuestro, a pasar las fiestas. Nosotros, ya sabiendo que lo andaban
buscando y que había mucha peligrosidad, 
le pedimos que se quedara. Y él, claramente, con sus 16 años, me dijo ‘no,
tengo que estar donde están mis compañeros’. Para mí eso fue un antes y un
después. Ver que sus ideales eran tan fuertes como para llevarlo inclusive a la
muerte me impulsó a ver qué podía hacer yo, que se asemejara a su lucha”.

Búsqueda

A partir de un poema que la mamá de Julio,
Paula Irene (ya fallecida), publicó en Página 12 hace algunos años, lxs
compañerxs de Julio Martín tomaron contacto nuevamente con su historia y su
búsqueda.

María Teresa recuerda que, después de ese
verano en Aimogasta, no supo más nada sobre él: “Por años tuvimos la esperanza
de que estuviera en otro lado, de que lo habían podido sacar del país. En
realidad, era la negación de creer que estaba muerto. El dolor de no tenerlo,
de por lo menos tener el cuerpo para llorar, y entender algo de la muerte”.

Se añadía un contexto familiar sembrado por
el terror, con otros dos familiares que también habían estado
detenidos-desaparecidos durante la dictadura: una tía y el padre de María
Teresa.

 “Hay
mucha gente desaparecida a la que no se le ha seguido la trayectoria, como
Julio Martín. Recién ahora se está tratando de hilvanar información y ver qué es
lo que podemos saber sobre su desaparición”, explicó la dirigente de ATE. Además,
indicó que, si bien hay distintas versiones que los mismos militares le dieron
a la mamá de Julio durante su búsqueda –en la que hasta llegó al Vaticano-, “fehacientemente,
no hay certezas de adónde lo llevaron, cuánto tiempo estuvo, si lo sacaron vivo
o muerto de la casa de Hidalgo. Se lo buscó por años pero no conseguimos nada”.

Lo único que se sabe de él es que fue secuestrado,
junto a una pareja de compañeros. Habría habido un tiroteo. El hermano de
Julio, el único que estaba en Buenos Aires, se salvó de casualidad, por ir al velorio de un tío.
La casa familiar fue completamente saqueada y vaciada. A Paula Irene los
militares le dijeron que no lo busque más, porque no estaba.

En nosotrxs,
tu sonrisa de niño

Para disminuir el dolor de no tenerte más.

Para explicar lo inexplicable de la monstruosidad
vivida.

Dolor, sufrimiento, bronca, rabia,
desesperación, al pensar que lo dejamos solo;

que no pudimos estar a su lado para detener
las balas asesinas,

o calmar su dolor de adolescente con sueños
destruidos.

¿Cuál era nuestra culpa que no supimos
detener a los dueños de la muerte que manejaban el país, y se transformaron en
los dueños de la vida, para terminar con la esperanza, la solidaridad y la justicia?

Con el tiempo surgió el recuerdo. Las lágrimas
se transformaron en sonrisas de esperanza, los dolores en orgullo, al saber y
comprender su lucha a partir del convencimiento para lograr un mundo nuevo.

En nosotros, Julio Martín vive con su
sonrisa de niño que nos da fuerzas para olvidar el dolor de no tenerlo. Nos
ilumina el alma al comprender que vivió su vida, dejando su sueño a los 17 años,
para honrar la vida*.

*Texto leído por el tío de Julio
Martín, en el acto homenaje.

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