Nora Morales de Cortiñas nació un 22 de marzo de 1930. Se formó como psicóloga social y se desempeñó como profesora en la facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. Fue militante y defensora de los Derechos Humanos y cofundó el colectivo Madres de Plaza de Mayo, Línea Fundadora.
Su organización con otras madres nació como acción de resistencia frente a los ultrajes llevados adelante por la última dictadura cívico-militar a principios de los 80. En su caso, movilizada por la desaparición de su hijo Gustavo. Una marcha de la resistencia en ronda alrededor del monolito central de la Plaza de Mayo en búsqueda de respuestas, protagonizada mayormente por mujeres que atravesaban una situación similar. Todas identificadas con una tela blanca colocada en la cabeza, símbolo comunitario que las distinguiría para siempre.
Norita ha expresado en múltiples ocasiones que luego de la primera ronda nunca más volvieron a ser las mismas. “Ninguna Madre volvió a serlo… nunca bajamos los brazos. No éramos solo las madres, estaba la familia que nos contenía y protegía”.
ATE recuerda y reivindica los múltiples encuentros compartidos con Nora para llevar adelante actividades y marchas, embanderados en una misma visión de justicia social, solidaridad y resistencia frente al despotismo de Estado. Así, ha destacado en una entrevista publicada en marzo del 2016 al periódico El Trabajador del Estado “Los trabajadores siempre agradecen nuestra presencia y enaltecen nuestra voluntad de lucha, pero en verdad es una voluntad que se retroalimenta, porque nosotras nos nutrimos de la voluntad de lucha de los trabajadores”.


Punto de inflexión: detención y secuestro de su hijo Gustavo
Su hijo Gustavo Cortiñas tenía 24 años cuando fue detenido y secuestrado en la estación de tren de Castelar en la Provincia de Buenos Aires un 15 de abril de 1977. Era trabajador del Estado, se desempeñaba como encuestador en el Índice de Precios al Consumidor (IPC) del INDEC. Además, estudiaba y colaboraba con el Padre Carlos Mujica en la Villa 31 como militante de la Juventud Peronista. Desde entonces está desaparecido.
Desde ese trágico hecho, Norita ha sido una luchadora constante en defensa de los Derechos Humanos y ha marcado un camino de resistencia poderoso e inspirador en defensa de la vida. No solo en la plaza contra los aberrantes atropellos a los diversos colectivos sociales acontecidos en los años de la última dictadura sino frente a todo hecho de injusticia social. Así, Norita participó en cada movilización que denunciaba una necesidad o una inequidad, estuvo presente como símbolo de rebeldía y solidaridad.
Es importante destacar que ni Norita ni ninguna otra madre ha necesitado usar la fuerza física sino sus convicciones y participación organizada para denunciar prácticas de exclusión y hostigamiento que aún hoy perduran. Sus participaciones se han enfocado en contra de todo tipo de injusticia y acción de impunidad que ejerza el Estado o cualquier otra organización social.
Norita ha sido, es y será fuente de fortaleza y coherencia para la sociedad argentina que no claudicará en la lucha por un país justo para todxs y con memoria activa. No para quedarse en el pasado sino para que esa memoria nos ilumine el presente y nos marque un camino que abrace a todxs.
El sostenimiento de sus convicciones nos ofrece un ejemplo de amor y respeto a la vida. Así, alguna vez ha expresado “Hay que seguir luchando para que esta vida merezca ser vivida”. Y desde ese camino nos ha guiado y así será siempre.
Desde ATE Nacional honramos su lucha, homenajeamos su vida y la de las y los referentes defensores de los Derechos Humanos.
Como Norita, y con la mirada puesta en la Memoria, no claudicamos en el pedido por la Verdad y la Justicia.

“…Sigamos lanzando las palomas de la verdadera Patria a los cielos de nuestra tierra y de todo el mundo”, Julio Cortazar.





