ATE

Sin anestesia. Así empezó el gobierno de Macri, como para dejar en claro desde la primera medida cuál es el eje de su política. Claudio Lozano señala que se transfirieron en forma permanente 128.868 millones de pesos a los exportadores al reducir las retenciones que, como transferencia global, significan casi el 3% de PBI total de nuestro país

Mientras tanto, a los jubilados y a las
asignaciones se les otorgó -por única vez- 3200 millones de pesos, que
equivaldrían al 0,1% del mismo PBI.

Definición categórica de a quién está dirigida esta
monumental transferencia de recursos. Todo lo contrario de haber utilizado esta
riqueza para terminar con la pobreza en la Argentina. Inmoralidad que ni antes
ni ahora se quiere enfrentar con medidas de fondo.

Y con total naturalidad, Prat Gay nos informa de
estas políticas y que el éxito de acabar con el cepo no son otra cosa que estar
haciendo lo que habían votado los argentinos mayoritariamente como propuestas
de campaña.

Es más, se animó a aleccionar a los sindicatos en
nombre de los ciudadanos votantes, que debían elegir empleo o salarios como
antesala de los despidos que sacuden el temor en nuestras tripas a vivir lo
peor de nuestro pasado reciente, que llevó a muchos a justificar y aceptar como
lo menos malo la precarización, la clandestinidad o el trabajo esclavo como una
“buena forma” con la que millones de trabajadores subsisten en nuestra Patria.

Claro, se atribuía el 52 % de los votos como
respaldo a su política económica, como si fuera cierto, y por un momento casi
nos lo compramos a ese falso argumento. Sólo el 31% (que no es poco) votó esas
propuestas en las PASO, verdadera elección de propuestas y candidatos, y fue
sumando votos de aquellos que decían “no a lo otro” hasta llegar a aquel
porcentaje.

El 21% de ese crecimiento que consagró en el
balotaje a Macri Presidente hizo “que no ganara la continuidad”. Ese fue el
sentimiento y la decisión expresada en las urnas, y no estas políticas de
regresión en la distribución del ingreso contra el pueblo trabajador.

De allí en adelante, sin solución de continuidad,
aprovechan el envión con el apoyo del poder económico y financiero y ante el
perplejo conjunto popular consolidan esta posibilidad de seguir concentrando y
extranjerizando nuestras riquezas, depredando y saqueando nuestros recursos. Y
encima tratando de que aceptemos que nuestro pueblo se ha derechizado tanto que
es capaz de aprobar mansamente su camino al suicidio colectivo.

Claro que no. Ojalá pusieran a consideración a
través de una consulta popular estas medidas y pronto se reflejaría la
realidad. No conviene que esto se trate y mucho menos se vote.

Subestiman a nuestro pueblo que con sus tiempos y
formas resuelve sus prioridades y construye una perspectiva distinta. El
colectivo siempre es más importante que la salida individualista que nos ofrece
el sistema perverso y deshumanizante, hasta encerrarnos en nuestros laberintos
sin posibilidad de salida.

 

Davos versus
Porto Alegre

Hace quince años en estas fechas tenía el
privilegio de participar en una de las mesas de la apertura de lo que iba a
denominarse Foro Social Mundial, presentando, entre otros, a Samir Amin, y
siendo parte de los miles de resistentes que provenientes de todo el mundo nos
dábamos cita en Porto Alegre para gritar que “Otro mundo es posible”.

Fue el primer encuentro de esa magnitud después de
la derrota del campo socialista en 1989, que nos sumió en la larga crisis que
hasta hoy nos atraviesa, donde expresamos, después de una década de resistencia
y peleas, que no aceptábamos que se había acabado la historia y puesto fin a
las ideologías.

Creíamos abrir la instancia de seguir pensado y
construyendo un sistema de vida para la humanidad que supere a este capitalismo
inhumano y depredador.

Gritábamos que otra sociedad era posible, y la
tomamos en nuestras manos sin delegar en ninguna vanguardia, Estado o grupos,
encaminándonos a transitar el tiempo de construcción de una nueva humanidad,
superando este sistema donde “el hombre es el lobo del hombre”.

Movimientos populares, sindicales, sociales,
religiosos, campesinos, intelectuales nos reuníamos en el Hemisferio Sur,
siendo la contracara de ese otro encuentro de los poderosos del mundo, hasta el
cual se llegaban los presidentes a Davos, en el Hemisferio Norte.

Qué definición del Presidente Macri, que corrió
rápidamente a Davos a reafirmar que la Argentina se alinea en ese fin de la
historia y garantiza políticas y negocios para las transnacionales y los países
imperiales que las cobijan y defienden.

Qué claro aparece el Pacto de Gobernabilidad de
expresiones partidarias mayoritarias, acompañantes para convencer a los ricos
del mundo que pueden venir sin miedo a realizar sus ganancias o a utilizar a
las Fuerzas Armadas para tareas de represión interna.

 

40 años

Todo ésto acontece a días de conmemorarse el 40º
aniversario del golpe genocida de 1976. Esa masacre conducida por los intereses
de Estados Unidos y las empresas concentradas que desapareció, encarceló,
expulsó del país y mató a miles y miles de trabajadores, estudiantes,
campesinos y pequeños empresarios, religiosos e intelectuales, con el fin de
acabar con el sueño de libertad, autonomía y fraternidad para construir una
Nación liberada social, económica y políticamente.

Recuerdo cuando aún en la bruma por la confusión de
aquella derrota de principio de los ‘90, nos atrevimos a convocar a una conmemoración
activa del 20º aniversario de la implantación del terrorismo de Estado, momento
donde se nos llamaba a marchar al primer mundo y, a caballo de la
“derechización” del voto de nuestro pueblo, aceptar las leyes de Obediencia
Debida, Punto Final y hasta el Indulto para los genocidas.

Con ansiedades y dudas, y también con profunda fe
en nuestro pueblo que inundó las calles de aquel domingo 24 de marzo de 1996,
realizamos la convocatoria con la Comisión que nacía para convocar una y otra
vez a demostrar el compromiso de “Memoria Verdad y Justicia”.

Fue la base para crecer en organización popular,
encaminarnos al Juicio de Genocidio de Madrid y también para alumbrar
resistencias durante cinco años donde fue madurando el 19 y 20 de diciembre del
2001, expresando lo que no queríamos. Sacudiéndonos el no se puede, y retomando
tiempos de esperanzas y utopías en el compromiso colectivo de nuestro pueblo.

No es casual que estamos en esta nueva etapa con
cargas viejas no resueltas, y que nos acompañarán nuestros fantasmas durante
mucho tiempo, pero con espíritu renovado por aquellas luchas y convencidos de
que es importante no perder tiempo en “gobiernos en disputa” sino,
esencialmente, en la disputa de nuestro pueblo.

Su consciencia, sus valores, su cultura, sus miedos
y temores, sus esperanzas, sus ambiciones o sus sueños, eso es lo que está en
disputa y allí hay que zambullirse sin más.

A 40 años del Golpe Genocida, a 20 de Memoria
Verdad y Justicia y a casi diez años de la desaparición de Julio López, hay que
volver con nuestras mujeres y hombres, nuestros jóvenes y nuestros pibes a
alumbrar el sueño colectivo de ser felices en una nueva humanidad, inundando
las calles y las plazas de nuestro país este 24 de marzo de unidad y
reafirmación del sueño popular.

 

Por supuesto
que nos tratarán de dividir en esa convocatoria

Yo recuerdo que el 24 de marzo del 2004, en la
propia CTA colisionaban dos propuestas: Había que ir a la ESMA a la mañana,
donde el gobierno nos devolvía un campo de concentración en que habían padecido
nuestros compañeros, o ir a la tarde a Plaza de Mayo donde siempre expresamos
nuestras proclamas. Fue interminable el debate y casi nos desangramos para ver
dónde marchar.

Hasta que resolvimos como CTA convocar a esos dos
lugares y a todas las plazas del país, en cada pueblo o ciudad, porque el
sufrimiento, dolor y también el orgullo de la lucha por los derechos humanos,
no le pertenece a ningún sector o partido, sino que es patrimonio del pueblo
argentino, que hemos sido capaces en esta Latinoamérica de impunidad de sentar
en el banquillo de los acusados y juzgar a los asesinos.

Claro que falta, queremos más, pero sólo lo haremos
posible si eliminamos dentro de nosotros mismos el miedo que anida en nuestras
tripas y el autoritarismo de creernos dueños del patrimonio colectivo.
Entender, sentir que puede haber pueblos sin revolución, pero no hay revolución
sin pueblo.

La memoria de los que ofrendaron su vida en aras de
la felicidad colectiva y un Proyecto de Emancipación, y no para construir un
capitalismo serio, nos convoca a no perder tiempo y a aprender que no hay
atajos para enfrentar la “sin anestesia” de los poderosos

Si así lo hacemos, ese día nos regalará la fuerza y
alegría de marchar al lado mayoritariamente de jóvenes que ni siquiera habían
nacido en ese tiempo y son garantía de que la historia no terminó y del triunfo
por venir.

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