(Viene de “El
Estado memorioso”)
El 23 de
septiembre de 1976, Guillermo Osvaldo Paryszewski, estudiante de abogacía,
peronista, presuntamente montonero, fue a trabajar por la tarde a la delegación
del Ministerio de Trabajo de la Nación en Córdoba. Dejó su auto a una cuadra
del edificio, donde solía estacionar. Pero no volvió.
Su esposa,
Leila, golpeó a la mañana del día siguiente la puerta del despacho del coronel
interventor del organismo en busca de una pista que ni siquiera errante
encontró. Recorrería entonces las cárceles de Trelew, Chaco y Buenos Aires sin
novedades ni indicios de dónde podía estar. Cinco años después, recibió en su
casa la extraña visita de un hombre que decía haber comprado la propiedad antes
de la desaparición de su esposo.
En resumen,
esta es toda la información con la que cuenta Leila Paryszewski, hija de Leila
y Guillermo. A mediados de 2014, se comunicó con ella la Comisión de Trabajo
por la Reconstrucción de Nuestra Identidad. Hace pocas semanas, en un acto en
el Ministerio de Trabajo, recuperó no solamente el puesto laboral de su papá,
sino también algunos datos más de su historia.
¿Cómo fue
ese fue primer contacto con la Comisión?
Mi mamá
venía hablando particularmente con Silvina Atencio, hasta que me llamaron y me
contaron de la reparación del legajo de mi papá. Luego vino la restitución del
puesto de trabajo, incluso en el mismo lugar físico, en la calle Rodríguez Peña
Es muy
poca la información que tenés de tu papá
En su legajo
encontraron sólo tres papeles y poca información personal. Por otro lado, pasó
mucho tiempo para que mi mamá empiece a hablar algo de él. Incluso cuando era
chica me decía que estaba de viaje por trabajo. Me pasé una vida esperándolo.
Lo más importante que pude rescatar fueron comentarios de familiares, como por
ejemplo que tenía conductas muy similares a las que tienen mis hijos ahora
¿Cómo
analizás aquel silencio inicial de tu mamá?
Estaba
vinculado al miedo: Imaginate que yo era bebe y venía los grupos de tareas a
casa, me sacaban de la cuna para saber si había armas. Estos recuerdos de mi
mamá hacen comprensible que me haya cambiado el apellido y año de nacimiento.
De todos modos, cuando me casé, solicité que me anularan una de las dos identidades.
Lo hice con mucho cuidado, por la vía civil y no penal, para no meter en
problemas a mi vieja. Nunca acepté el apellido que me impusieron, quería el de
mi papá
¿Qué pasó
luego de la visita del señor que decía haberle comprado a tu papá la casa?
Lo que nunca
me convenció es cómo una casa proveniente de un plan social puede venderse si
no estaba cancelado el crédito. Mi papá podría haber vendido el plan, pero no
la escritura. Incluso no se sabe si la firma que nos mostró de él es trucha o
no
¿Tuvieron
que irse de la casa?
No nos
fuimos porque mi mamá se juntó con este hombre hasta 1987
¿Tenés
información respecto a la identidad de esta persona?
A través de
los abogados de derechos humanos me enteré que trabajaba para los militares
¿Qué
sentiste el día que se firmó la recuperación oficial del legajo?
Fue una
mezcla de emociones por la identificación que se genera con esa persona con la
que pasé media vida esperando que volviera y además, porque voy a tener empleo,
habiéndome quedado sin trabajo en una obra social, con un hijo de 20 y una nena
de 15. Se abre una etapa. Poder ocupar el mismo lugar de trabajo de mi viejo es
muy fuerte, es identificarme con alguien que no recuerdo. Muy difícil de
expresar en palabras. Si bien estuve mucho tiempo enojada con mi papá, hoy
viendo ciertas situaciones estoy orgullosa de él. Me llevó mucho tiempo.





