El
Estado Nacional implementó una política de reparación documental de los legajos
de empleados de la Administración Pública Nacional desaparecidos o asesinados por
el terrorismo de Estado. La decisión se inscribe en el decreto presidencial
1199/2012 que asumió como un deber del Estado democrático consignar en estos
casos la verdad histórica respecto de la auténtica causal de interrupción de la
relación laboral, de modo de producir una reparación simbólica para los
familiares y compañeros de las víctimas. Incluso, habilitando el empleo de los
hijos de aquellos trabajadores en los mismos puestos de labor que sus padres.
Esta
decisión alcanza 122 legajos reunidos en una investigación inicial de 22
cuerpos con 11.600 fojas. Más de cincuenta historias fueron ya reparadas, y se
trabaja sobre otras 400 a partir de la iniciativa de familiares víctimas de la
represión, en un cruzamiento de datos con los registros de la Secretaría de
Derechos Humanos de la Nación y la CoNaDeP.
A través de estos documentos
laborales fueron muchos los hijos que lograron descubrir datos de padres y
madres desaparecidos, y rearmar así el rompecabezas de su pasado.
Entre los casos de mayor
resonancia se encuentra la reparación del legajo de Carlos, el hijo de Nora
Cortiñas -fundadora de Madres de Plaza de Mayo-, quien fuera trabajador en el
Ministerio de Economía; y el del escritor Haroldo Conti, quien al momento de su
desaparición, el 5 de mayo de 1976, se desempeñaba como docente.
Silvina
Atencio, integrante de la Comisión de Trabajo por la Reconstrucción de Nuestra
Identidad, recuerda que el primer acto de reparación histórica fue en
Aerolíneas Argentinas, al que procedieron otros en SeNaSA, AnSeS, AFIP, el
Ministerio de Planificación Federal, el de Trabajo, Economía, Defensa, la
Administración General de Puertos, Dirección Nacional de Vialidad, Comisión
Nacional de Energía Atómica, Correo Argentino, Congreso de la Nación, Casa
Rosada y AFIP. Además se realizaron homenajes a trabajadores ferroviarios, del
subte porteño, SEGBA, ENTel e YPF, entre otras dependencias y empresas del
Estado.
Su
caso es paradigmático. Hace cinco años, la comisión se comunicó con ella para
anoticiarla sobre la corrección del legajo de su papá desaparecido, Raúl
Atencio, empleado en el Servicio Nacional de Agua Potable, hoy denominado Ente
Nacional de Obras Hídricas de Saneamiento (ENOSA). Desde entonces, Silvina
comenzó a colaborar en las oficinas que la comisión tiene en Espacio de la
Memoria (ex ESMA) y en el Ministerio de Planificación Federal.
“A
través de los legajos descubrí la firma de mi papá. Nunca la había visto. Pude
recuperar un poco la búsqueda y lucha de mis abuelos que, si bien la viví y
milité desde HIJOS, la vi plasmada en esos papeles, a través de losque lepedían
por favor al Estado que le guarde el puesto de trabajo a mi viejo porque iba a
aparecer. En aquel momento era una locura pensar que iban a matar o desaparecer
a todas esas personas”, cuenta Silvina, quien hoy trabaja en el mismo puesto de
labor que su papá.
Las
oficinas de personal fueron las primeras en ser intervenidas por las
autoridades militares o civiles que las Fuerzas Armadas disponían en los
distintos organismos del Estado. Asimismo, las dependencias incorporaban
agentes de inteligencia para averiguar la actividad de los trabajadores y los
antecedentes de militancia política de los nuevos empleados.
“Apenas
comenzó su trabajo la comisión nos preguntábamos: ¿Qué habrá sido de los
legajos de compañeros desaparecidos? ¿Habrán sido quemados? ¿Fueron tirados a
la basura? Y cuando consultábamos entre los trabajadores, muchos nos respondían
que allí, en ese ministerio, secretaría o dirección no había habido
desaparecidos”, relata Silvina. Muchas de esas carpetas hoy recuperadas estaban
arrumbadas en un sótano o quizás añejadas en un fichero oxidado.
Algunos
documentos laborales contienen hábeas corpus, notas de los familiares o copias
de telegramas que, al no tener respuesta, lógicamente, legitimaban las
carátulas de abandono de tareas, cesantía, ausencias injustificadas o sin
aviso. Pero también puede encontrarse información acerca de cómo el trabajador
consiguió el puesto, las tareas que desarrollaba, las partidas de nacimiento de sus hijos,
certificados de escolaridad.“Estos legajos”, sostiene Silvina, “constituyen
para muchos el primer contacto con nuestros padres. Por ello lo primero que
hemos hecho desde la comisión fue entregarle estos documentos a sus hijos”.





