ATE

En el mes del 8M, El Trabajador del Estado reivindica la vida y militancia de una imprescindible.

Hoy se la conoce como Genoveva Pérez pero en ATE será siempre Beba Gil (por su viejo sobrenombre y el apellido de casada) desde cuando, como trabajadora del INDEC, se sumó a la agrupación ANUSATE a principios de los ochenta y formó parte de la recuperación democrática del gremio.

Nació el 9 de noviembre de 1943 en Zárate, Provincia de Buenos Aires, donde vivió hasta terminar el secundario. Luego se casó con Osvaldo Gil y se fue a vivir a Avellaneda. Allí nacieron sus tres hijos: Silvia, Alejandro y Facundo.

Mientras los criaba, se desempeñó como diseñadora de ropa y modista, con una gran clientela en el barrio, hasta que una amiga le habló de una vacante para hacer una encuesta en el INDEC. Se anotó, la llamaron y pasó a ser trabajadora del Estado en el Ministerio de Economía a principios de los ’80, sin dejar a sus viejas clientas del barrio, ni a las nuevas de la oficina.

Fue en esa oficina donde se produjo una invasión de roedores que alborotó a sus compañeros, pero no al delegado de ATE, que seguía tranquilo en su oficina. “Tranquila, negrita, anda a tu casa que nosotros lo solucionamos”, fueron las palabras que sublevaron a Genoveva y la convirtieron, a fuerza de indignación, en delegada y sindicalista.

Por esos años, una agrupación sindical soñaba con recuperar el sindicato de manos de los que habían colaborado con esa misma dictadura que ya estaba en retirada. Dos jóvenes, desbordados de entusiasmo, lideraban en Capital esa patriada. Víctor De Gennaro y un flaquito llamado Germán Abdala que, para acercarla a ANUSATE, la invitó a tomar un café y a hablarle de utopías.

Se afilió a ATE tan rápido como a la agrupación, y empezó a militar asistiendo a las actividades del local en la calle Constitución, convenciendo a afiliados para que se integren, pegando afiches por Avellaneda y pintando paredes en el Centro.

La noche previa a las elecciones en ATE, Beba vio con su madre un debate televisivo entre De Gennaro y Horvtah por Canal 7. “Ese muchacho va a ganar mañana”, sentenció la madre sin dudar tras ver el desempeño del aspirante.

Y así fue. Beba Gil fue Revisora de Cuentas de la primera Comisión Directiva de ATE Buenos Aires que comandaba Germán Abdala tras el triunfo del 6 de noviembre de 1984 y, a poco de andar, reinstalaron en la Seccional el área de la Mujer junto a Beatriz Cobo, Nélida ‘la Tucu’ Justo, Graciela López y otras compañeras.

También organizaron un acto de presentación del Departamento ante 900 compañeras, lograron la creación de un Jardín Maternal en el Ministerio de Economía y coordinaron la participación de ATE en el Primer Encuentro Nacional de Mujeres organizado en Buenos Aires en 1986.

Tras las elecciones internas de ATE en 1987, asume como directora del Departamento de la Mujer en el Consejo Directivo Nacional y asiste, en su representación, a un Encuentro Internacional de Mujeres realizado en Cuba.

Fue representante de ATE en el Departamento de la Mujer de la CGT, antes del nacimiento de la CTA, participó de todos los encuentros de Mujeres y promovió la realización de actividades culturales e innumerables reuniones provinciales y locales de mujeres militantes de ATE y de la naciente Central Autónoma.

Siempre consideró la actividad gremial en ATE como la experiencia política más fuerte de su vida: “La lucha gremial es y será la mayor herramienta que tenemos los y las trabajadoras”.

Tras su experiencia sindical, Beba se comprometió con su barrio y sus necesidades: primero con el programa ‘Madres niñas’ y luego, en 1994, como Manzanera del Plan Vida, lanzado por ‘Chiche’ Duhalde para mejorar las condiciones de nutrición de la población materno-infantil. De la misma manera, su militancia en el Peronismo la llevó a ser Concejera Escolar en Avellaneda durante la gestión de Jorge Ferraresi.

El trabajo y la pertenencia barrial la llevaron a fundar el Centro Cultural y Comunitario 13 de Julio (fecha que recuerda la pérdida de su querido Germán Abdala), en el Dock Sud profundo, donde despunta el vicio de la militancia junto a profesores del Fines, artistas plásticos del Potenciar, militantes del Punto Cultural, compañeres de facultad y amigxs.

A los 68 años decide iniciar una carrera universitaria en la Universidad de Avellaneda y tras seis años de gran esfuerzo se recibe de Gestora Cultural. Hoy prepara su tesina junto a sus jóvenes compañeros y compañeras con el mismo entusiasmo con que obtuvo la Diplomatura para Organizaciones con perspectiva de Género en el Museo Evita.

Por todo eso, fue nombrada Personalidad Destacada por la Universidad de Avellaneda y, con la misma convicción con la que se le plantó a aquel delegado remolón y machirulo de sus orígenes militantes, hoy avanza hacia nuevos proyectos, convencida de que la mujer “tiene que pensar en libertad y no ser manipulada por nadie”.

Con mujeres así cómo no iba a ganar ANUSATE en las elecciones del ‘84.

Honoris.

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