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La obra del compañero José Alberto Lucero, publicada por CTA Ediciones, fue presentada en la tarde de ayer en el stand de ATE en la 47° Feria Internacional del Libro en Buenos Aires.

En la tarde de ayer se presentó, en el stand de ATE en la 47° Feria Internacional del Libro en Buenos Aires, el libro ‘Los hijos del Garinazo’, de José Alberto Lucero. La obra, publicada por CTA Ediciones, cuenta con un prólogo escrito por el Secretario General de ATE Nacional y de la CTA Autónoma, Hugo ‘Cachorro’ Godoy, y está compuesta por memorias que abarcan desde la Toma de Garín del 30 de julio de 1970, hasta el golpe militar de 1976.

La compañera María José Cano, Directora del Departamento de Derechos de los Pueblos de ATE Nacional y del Departamento de Derechos Humanos de la CTA Autónoma, fue la encargada de moderar la mesa de la presentación, y comenzó diciendo: “Para mí es un orgullo estar acompañando esta presentación de este libro. Lo que más me atrapa de este libro es la mirada de clase que tiene. Cuando sucesos o hechos históricos que se fueron dando en la historia reciente, y no tan reciente, se plasman en un libro o documental no solo se constituye una política contra el olvido, sino que también aporta a un gran acervo de memoria colectiva que es totalmente necesaria para poder entender nuestro presente y, obviamente, para poder construir el futuro que queremos. Todos esos aportes para nosotros son de un valor inconmensurable”.

Cano luego hizo una presentación del recorrido de militancia del autor: “José Alberto Lucero, autor del libro ‘Los hijos del Garinazo’, fue integrante de la Columna Norte de Montoneros y, posteriormente, del Movimiento Patriótico 20 de Diciembre, impulsor de la CTA territorial del Partido de Escobar –de la que fue el primer Secretario de Organización-, miembro fundador de la Comisión por la Recuperación de la Memoria de Campo de Mayo, promotor territorial de la Secretaría de Derechos Humanos del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, y estuvo a cargo del equipo de recopilación de datos de familiares de desaparecidos de la zona y de la presentación de testigos y querellantes para el juicio de la megacausa de Capo de Mayo; además es miembro fundador de la Federación Nacional Territorial (FeNaT) y, actualmente, Secretario de Derechos Humanos de la CTA Autónoma”.

“El libro está publicado por CTA Ediciones, que es una herramienta para pensar en el tiempo que estamos y en el aporte que nos trae este libro. Se trata de una editorial que, a diferencia de muchas de las que están acá presentes en el marco de la Feria del Libro, obviamente no persigue la mercantilización, sino que está pensada como una herramienta política. Hay que valorar eso, y nos enorgullecen las decisiones que tomaron otros compañeros para poder acompañar estos procesos y que queden plasmados, como en este caso, en un libro”, agregó la dirigente de ATE Nacional y de la CTA Autónoma.

La dirigente presentó luego a Ivana Lucero, Secretaria General de la Seccional de ATE Escobar, así como de la CTA Autónoma de Escobar, miembro de la Agrupación Mujeres de Garín, e hija del autor ‘Los hijos del Garinazo’, quien comentó: “Este proyecto, este sueño que plasma estas vivencias que nosotros, como hijos, durante años hemos escuchado y nos han alimentado nos atraviesa mucho desde lo personal, y hay que decirlo, porque lo político es personal, y lo personal es político. Nos han alimentado como a muchos hijos de militantes y de compañeros y compañeras que tuvimos la fortuna de tener a nuestros padres que han quedado de aquella gloriosa generación.  Este libro quiere expresarse sobre un método de construcción que lamentablemente se ha perdido en la política, en lo sindical y en muchos espacios en donde uno milita. Quizás sea mucho decir que se han perdido la mística o la militancia, pero sí se ha perdido la metodología de lo que era la construcción en aquellos tiempos, con el perfil de solidaridad que tenían los compañeros y las compañeras, pensando en un proyecto superador poniendo la vida todo el tiempo en juego. En ese tiempo por ir a pintar un paredón o por ir a entregar un volante nuestros compañeros y compañeras ponían sus vidas en riesgo.

Tomó entonces la palabra el autor del libro, José Alberto Lucero, quien dijo: “La escritura de este libro en principio se suponía que iba a tener como objetivo crear una herramienta para trabajar en la zona con la militancia de los compañeros jóvenes en los centros de estudiantes. El libro busca ser una mirada al pasado para ver qué nos había sucedido a las juventudes de los años ’70 cuando al mediodía de aquel 30 de julio nos enteramos de que durante la mañana Garín había sido tomado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias, FAR. Se tomó la comisaría por asalto, se metieron presos a los policías que allí estaban en sus propios calabozos, se expropiaron todas las armas y se hizo una toma del lugar para ver qué sucedía al mismo tiempo, por ejemplo, en el banco, en donde otro grupo comando hizo una toma con empleados y clientes adentro para expropiar todo el dinero. Se pensaba que ese operativo iba a durar entre 40 y 50 minutos, pero se fueron dilatando los tiempos y se produjo un enfrentamiento en la entrada de Garín con policías que se bajan y se rinden, lo que alargó el proceso de lo que tenían pensado hacer a casi dos horas”.

Lucero habló luego de las y los compañeros desaparecidos durante la dictadura en Garín: “Eran militantes que laburaban en el barrio, en el territorio, que estudiaban, que militaban y que se daban el tiempo para ir a ver qué le pasaba al otro y para tratar de construir esa fuerza que sabemos que tenemos que construir si queremos tener un poder para ser protagonistas. A lo largo del tiempo pudimos ir hilvanando que en todas las diferentes etapas las historias son siempre las mismas. Cambian las épocas, las tecnologías y la ciencia, pero en sí la pelea es la misma y el enemigo es el mismo, que cada vez tiene más capacidad de diluirse y de manejar a los títeres que gobiernan desde un lugar de oscuridad”.

“El libro trata de contar cómo sentíamos y cómo tratábamos de ser coherentes entre lo que pensábamos, lo que decíamos y lo que hacíamos. No lo hacíamos como un sacrificio, sino como un canto a la vida. Con el pasar de los años esos compañeros ya no estuvieron, entonces en mis depresiones siempre me preguntaba para qué había quedado vivo yo, y hasta sentía culpa de no haber corrido la misma suerte que ellas y ellos. Ahí tuve el apoyo de una compañera militante y compañera de vida que me decía que en algún momento de la historia tal vez podría llegar a entender por qué estaba vivo y para qué. Yo creo que este es el momento en el que puedo dar por saldado, en forma terapéutica tal vez, semejante peso”, agregó Lucero con la voz quebrada y entre aplausos.

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