A continuación, reproducimos el texto
completo de la editorial del Secretario General de ATE en la edición septiembre
de 2014 de El Trabajador del Estado:
A 20 años de la Constitución del 94
"No quiero asistir a los
funerales de la República"
"Manifiesto
mi decisión de abandonar definitivamente esta Convención Constituyente. En
cumplimiento del mandato con el que fui honrado por la mayoría del electorado
de mi provincia Neuquén. Pero no debo dejar de expresar, sin embargo, mi alarma
ante la desmesurada extensión de los poderes presidenciales, que hacen muy
tenue la ya tenue división de poderes. Por eso digo, señor Presidente y señores
convencionales, parafraseando a un personaje argentino que mucho admiro, no
quiero asistir a los funerales de la República. Alguien dijo que la historia
será implacable al juzgar aciertos y errores. Yo agregaría, cuánto más
implacable será con quienes han realizado una verdadera subversión en el orden
constitucional. Yo no quiero, no querría caer bajo ese juicio implacable de mi
Patria, aún más que de la historia”. (Fragmento del discurso del convencional
constituyente por la provincia de Neuquén Jaime Francisco De Nevares, al
momento de renunciar a su banca en la Asamblea Constituyente de Santa Fe en
1994).
A 20 años de
la sanción de la constitución surgida de lo que conocimos como el Pacto de
Olivos, no me queda otro recuerdo que la valentía y coherencia de don Jaime, el
obispo de Neuquén, convencional constituyente elegido por la mayoría de los
neuquinos que no asistió a los funerales de la patria. Porque de eso se trataba
la constitución del 94´ y su vergonzosa instrumentación.
Entre otras
cuestiones que merecen una profunda critica, la Constitución de la Nación
sancionada en el 1994 desarticuló el territorio de la República Argentina
transformándolo en 24 “republiquetas”.
El artículo
124 -que da el dominio de los recursos naturales a las provincias- significa,
en la práctica, poner a Estados débiles a merced de los intereses de las
empresas transnacionales, especialmente extractivas, y a merced también de la
banca internacional. Cuando necesitábamos un país federal y democrático para
enfrentar los desafíos que se venían en el mundo, el Pacto de Olivos y su
Constitución facilitó el camino a los intereses extranjeros.
Este
artículo, presentado como la máxima expresión del federalismo, no es más que la
máxima expresión de la destrucción de la República Argentina. Los mismos
intereses que en el siglo 19 dividieron regiones de nuestra América Latina en
pequeños e impotentes estados, fragmentan a nuestro país y atentan contra toda
unidad que los pueda cuestionar y enfrentar.
El
federalismo es una forma de relacionarnos para conducir el país, no la
destrucción y el debilitamiento del mismo.
La
constitución del 94´ nos dejó expuestos a lo que hoy padecemos: cada estado
negociando frente a las grandes petroleras del mundo, a las mineras. Y el
resultado, lo conocemos: entre la negociación de un débil con un fuerte, nunca
gana el débil.
Hoy tenemos
24 sistemas de salud, 24 sistemas educativos, 24 sistemas de controles
públicos, un país desarticulado, fragmentado, y con una formalidad de Estado
Nacional debilitado y cada día más ausente.
Los sectores
del campo popular debemos pensar una nueva propuesta constituyente que ponga en
debate a nuestra sociedad, para volver a unificarnos en una Patria que permita
poner de pie los ideales de nuestros próceres, quienes soñaban con una Patria
grande de justicia y libertad para nuestros pueblos.
A veinte
años de la sanción de la Constitución de 1994, es importante recordar a Don
Jaime, su valor y coherencia, y nuestro compromiso con la construcción de una
Patria Liberada donde nuestro pueblo viva feliz.
* Julio
Fuentes, Secretario General de ATE. Editorial El Trabajador del Estado (septiembre
2014)





