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ATE

Margarita Noia es trabajadora del ANSES en el barrio porteño de Villa Urquiza y delegada general de la junta interna de ATE desde hace dos años. Ocupa la Secretaria de Derechos Humanos de la CTA Capital y es una de las fundadoras de Hermanos de Desaparecidos por la Verdad y la Justicia. También es hija de la legendaria Pepa Noia -una de las catorce Madres de Plaza de Mayo que se reunió por primera vez alrededor de la pirámide en 1977- y hermana de Lourdes, militante peronista, detenida desaparecida desde el 13 de octubre de 1976. A 40 años del Golpe Cívico-Militar habló con El Trabajador del Estado de la memoria, de su madre y su hermana y de su propia lucha

¿La militancia se lleva en los genes?

-No
creo –responde– Cuando secuestraron a Lourdes yo no era militante: tenía 23
años y estaba en mi casa. Salí a buscarla por todos lados, acompañando a mi
mamá, sin sospechar siquiera que podría estar desaparecida.

 

Sus
primeros actos militantes vinieron después, durante 1981, mientras Pepa, su
madre, viajaba a Australia a visitar a sus otros dos hijos. Sintió una especie
de deber moral por protagonizar la ronda de los jueves en ausencia de ella,
pintar las paredes de la ciudad contra el indulto de Bignone, caminar con otros
la Marcha de la Resistencia, movilizarse luego contra las leyes de Punto Final
y Obediencia Debida.

Cuando
Menem indultó a los genocidas, cayó en un pozo depresivo: “Mis opciones eran
tirar piedras a la Casa de Gobierno o quedarme en casa haciendo nada, lo que me
terminó llevando a terapia. Igual seguí yendo a la Plaza”.

Los
escraches de HIJOS, las manifestaciones culturales, la presencia en la calle
mantuvieron encendida la llama de una esperanza magra que avivó, cuando Abuelas
encontró el modo de sentar a los dictadores nuevamente en el banquillo de acusados,
por el robo de bebés.

“Mi
militancia no se determinaba en acompañar a mi mamá, sino en encontrar a
Lourdes. Cuando se forma Hermanos, nos propusimos reconstruir la historia de
vida de cada uno de los nuestros: saber dónde estuvieron, hasta cuándo. Hacer
la tarea que no hacía la Justicia”, dice.

Aquella
tarde de 2004 cuando se recuperó la ESMA, Margarita no entró. Lo hizo semanas
después con un grupo de compañeros, e intentó cotejar su observación con la
información que tenía sobre el espacio físico del Casino de Oficiales. ¿Y qué
sentiste al ingresar? -Fue fuertísimo: sabía que mi hermana había estado ahí y
tuve siempre la necesidad de entrar para encontrar algo suyo. No sé qué. Pero
no lo encontré –dice. 

“Después
de ésa hice varias visitas más, siempre acompañada, pero sin hablar ni
escuchar. Intentaba sólo localizar a mi hermana durante su detención, para
poder declarar en la megacausa con la mayor cantidad de elementos posible. Sí
pude, gracias al testimonio de mi cuñado que también estuvo preso con ella,
detectar dónde la torturaron”, recuerda.

Por
este motivo, Margarita confiesa no perdonarle al gobierno anterior las
remodelaciones en el Casino del Oficiales porque lo considera aún como un lugar
importante para la recolección de pruebas. “Se necesita silencio para
reconstruir el espacio. Un silencio que te inunda el alma”, agrega. Menos
todavía acuerda con los asados en el predio: “Para los desaparecidos la ESMA no
fue un lugar de alegría”.

 

¿Cuál es el futuro de la lucha de los
organismos de derechos humanos?

-Seguir
sembrando memoria en nuestros hijos y nietos. Memoria de que nada es peor que
una dictadura, que los desaparecidos lucharon por una sociedad más justa, que
eran personas convencidas éticamente de sus ideales, que no querían morirse
pero se la jugaron, que no existe la teoría de los dos demonios y que está
claro que el Estado tiene todo el poder para juzgar a las personas, que el
Ejército argentino, como otros de Latinoamérica, necesitaron recurrir a un
golpe para garantizar un modelo económico determinado y por eso se ensa- ñaron
con las organizaciones sindicales. Porque a los poderosos no les gusta que los
trabajadores se unan, se organicen y luchen para evitar su explotación.

 

Fotos

Margarita
trajo algunas fotos para ilustrar la entrevista pero confesó que la emoción no
le permitió seguir buscando. No tanto por Lourdes sino por la reciente muerte
de Pepa, en agosto del año pasado. En ese puñado había una de su madre en la
Carpa Blanca de los docentes, a fines del ’90; otra donde aparece con Víctor de
Gennaro, militando el conflicto de los trabajadores de Aerolíneas Argentinas,
allá por 2001 y la del día que pusieron una baldosa en recuerdo de Lourdes, su
hermana. Destacó, sin embargo, la del cumpleaños 80: “Nora Cortiñas había
publicado en Página 12 que estaríamos festejándolo en ATE Capital. Fue en 2001.
Se llenó de amigos y compañeros que trajeron algo para comer y tomar, como si
fuera un asalto”, recuerda durante la entrevista, realizada en el local gremial
de la sede Chacabuco de ANSES que los trabajadores le arrancaron con “sudor y
lágrimas” a la gestión de Bossio el año pasado.

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