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Nuevo encuentro de formación política entre ATE Nacional, ANDIME y el Colegio de Profesores y Profesoras de Chile.

Bajo la consigna de ‘Liderazgo participativo y construcción
colectiva en las organizaciones de trabajadores y trabajadoras’, se llevó a
cabo este miércoles por la tarde el Ciclo de Formación Sindical ‘La CTA en el
camino hacia una Constituyente Social en Argentina”. El evento, que se realizó
por teleconferencia y fue seguido en vivo por cientos de compañeros y
compañeras por las redes sociales, fue organizado por la Secretaría de
Formación de ATE Nacional, junto al Colegio de Profesoras y Profesores de
Chile, a la Asociación Nacional de Funcionarios del Ministerio de Educación (ANDIME)
de Chile, y a la Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadores
Estatales (CLATE).

En la apertura de la actividad, el Secretario de Formación
de ATE Nacional, Gustavo Quinteros, saludó la actividad que viene
desarrollándose y agradeció la participación del compañero Víctor De Gennaro,
de quien dijo: “Se trata de un imprescindible para quienes transitamos los
caminos de ATE, CLATE, la CTA y el campo popular en general. La experiencia de
la Central y de la Constituyente son un faro para seguir pensándonos desde la Clase
Trabajadora con la esperanza del autogobierno”.

El Director de la Escuela Sindical Libertario Ferrari, Cristian
Vázquez, quien fue el compañero encargado de coordinar la actividad, remarcó
también la importancia de la presencia de Víctor De Gennaro para pensar el
pasado, el presente y el futuro de las organizaciones del campo popular en un
momento tan particular para la región latinoamericana.

Fue el turno entonces del compañero De Gennaro, quien
realizó una exposición sobre la Constituyente Social en Argentina y el
recorrido de la Clase Trabajadora y del Pueblo en el continente latinoamericano
(ver aparte).

Tras la exposición del dirigente histórico de ATE y la CTA,
se realizó un trabajo en comisiones que permitió el debate fraterno entre los compañeros
y compañeras participantes. En las mismas, el diálogo se estableció en un marco
de heterogeneidad de miradas y perspectivas con voces de todo el territorio
chileno y argentino.

Quienes participaron destacaron la importancia del espacio,
demandando mayor tiempo para el intercambio ya que reflexionar al calor de las
expresiones del compañero De Gennaro abrió los desafíos de pensar cómo
construir desde las prácticas, y de manera colectiva, el tiempo que viene, cuestión
fundamentalmente estratégica para poder consolidar las experiencias organizativas
de manera más democrática y participativa.

Exposición de Víctor
De Gennaro

A continuación la exposición del histórico dirigente de ATE
y de la CTA, y militante impulsor de las organizaciones del Pueblo, Víctor De
Gennaro:

“No sé quién eligió el día de hoy para realizar este Ciclo
de Formación, pero cuando me puse a preparar la charla, a pensar y a repensar
un poco, me di cuenta de que hoy es 23 de septiembre de 2020. Hoy vamos a
hablar de una experiencia de más de 20 años, que es la de la CTA hacia la
Constituyente Social, pero un día exactamente como hoy de hace 10 años, se
fracturaba la Central de Trabajadores de la Argentina, confrontando los dos
proyectos de los cuales, sin duda, fuimos parte constitutiva todos. Me da
vueltas en la cabeza: ‘¿Por qué justo hoy?’. Y es el momento de repensar la CTA
hacia la Constituyente Social”.

“La CTA es hija de la caída, de la derrota, del fracaso del
campo Socialista y de la traición del Peronismo. No se puede concebir de otra
manera: Nació a partir de 1991. Como Clase Trabajadora vimos fracasar la
experiencia que veníamos llevando adelante desde el Siglo XIX, autoformándonos y
gestando consciencia de clase, planteando que el Capitalismo iba a devenir
inexorablemente en Socialismo y concentrándonos en debatir el cómo, con la
Comuna de París, o a partir del ’17 logrando instalar la primera revolución de
los Soviet. Se debatía sobre el Socialismo Real, el Socialismo Utópico, el
Socialismo Autogestionario o, en el caso de la Argentina, el Socialismo
Nacional, como le decíamos. Veníamos de la cultura peronista, donde durante 10
años de felicidad, del ’45 al ’55, habíamos participado en el Gobierno de los
trabajadores”.

“El Capitalismo iba a devenir inexorablemente en Socialismo,
pero en aquel momento nos mostraron que no. Hasta dijeron que se habían acabado
la historia y la lucha de las ideologías, la crisis fue tremenda. Y si a nivel
internacional fue tremenda, para nosotros, con un Gobierno que había llegado
con el salariazo y la revolución productiva, y que hacía todo lo contrario de
lo que había prometido, evidentemente fue una crisis muy grande. En un
principio le exigíamos que no traicione, que volviera a los postulados por los
que el Pueblo había votado, pero para el ’91 el Pueblo había votado las
privatizaciones, y no sólo nos percatábamos de la traición, sino que además se
nos caía uno de los paradigmas más importantes para los militantes en la
Argentina: ‘El pueblo nunca se equivoca’. ¡Qué crisis! ¡Qué ‘90s!”.

“En aquel momento ellos avanzaron hacia la unipolaridad
total, y nosotros nos dimos un Grito en Burzaco que fue clave: Clavamos el
talón frente a la ofensiva neoliberal a la Clase Trabajadora. Era la única
identidad que nos quedaba. Dijimos que había que hacerse cargo de un movimiento
sindical honesto, y que había que hablar de los pensionados y los jubilados
porque estaban queriendo privatizarlos en la Argentina y había que dar la
lucha. Teníamos que hablar de los desocupados y hacernos cargo. Es más, a nivel
internacional sólo defendíamos a la pequeña isla de Cuba, que en el norte de
nuestra Latinoamérica iba a ser invadida de un momento a otro, pero que todavía
sigue viva ahí, peleando por tener autonomía. Era claro que nosotros teníamos
un grito desesperado para revelarnos frente al supuesto fin de la historia, y ahí
empezamos”.

“No hicimos una Central. Hicimos un encuentro, después un
Congreso, después movilizamos, después recorrimos el país, después
reivindicamos ‘Memoria, Verdad y Justicia’ a 20 años del golpe, y cuando lograron
la impunidad para los genocidas dijimos que no y continuamos la lucha. Tras
seis años logramos hacer la Central de los Trabajadores de la Argentina”.

“Y no éramos los únicos: Nosotros hacíamos la Marcha Federal
en 1994, y con Lula hacíamos campaña por primera vez en Porto Alegre gritando
que el Plan Real de Brasil era igual que el de Cavallo en Argentina. Veíamos en
el ’94 también que desde México se alzaba la voz zapatista, los marzos de
Paraguay, el campesinado avanzando. En el ’94, ’95 y ’96 fuimos ayudando a
parir una resistencia cuando nos decían que no se podía. Cerca del 2000
logramos plantear con toda claridad que el trabajo era lo principal, que el
hambre y la pobreza habían sido planificadas, y que teníamos que ser capaces de
unificar a todos los sectores populares”.

“Recordar el 2001 es muy importante. Veníamos construyendo
el Frente Nacional contra la Pobreza. Habíamos logrado unificarnos para exigir
un plebiscito, que es una herramienta otorgada por la Constitución argentina. Ningún
Gobierno lo convocó, no querían consultar. Nosotros habíamos juntado las firmas
necesarias para exigirlo, pero nos dijimos: ‘Si no lo hacen ellos, lo hacemos
nosotros’. Hicimos el plebiscito y 3.100.000 personas votaron por un shock de
distribución de la riqueza para terminar con la pobreza y con la inmoralidad
del hambre en nuestros pibes, que es cada vez mayor. Fue un momento
importantísimo frente a los dolarizadores que en Latinoamérica crecían y a los
devaluacionistas, que también nos querían voltear”.

“Fue una hecatombe ese 19 de diciembre en el que nos
quisieron poner el Estado de Sitio y dijimos que no. Se acabó la dictadura ese
día. Quizás los más jóvenes no sientan esto que sentíamos los mayores. En 1983
recuperamos las instituciones constitucionales, la democracia, pero la
dictadura se acabó ese 19 de diciembre de 2001. No éramos los únicos que habíamos
luchado contra eso, también estaban los otros, que quisieron volver a la
gobernabilidad anterior, pero nosotros dijimos que no de nuevo, con un Paro
espectacular en el 2002. A los pocos días nos asesinaron a Maxi y a Darío en
las calles de la Provincia de Buenos Aires, en una claramente orquestada
política de terror y división del campo popular. Siempre hace eso el enemigo:
Terror y división del campo popular”.

“Frente a la muerte y al asesinato, hicimos una marcha
impresionante, una de las más grandes que yo he visto. Convocamos con todos los
sectores populares y fue impactante. Ese día, por la mañana, el Presidente
Duhalde convocaba a elecciones. A lo único que atinamos en aquel momento fue a
unirnos al ‘Que se vayan todos’. Vivimos una situación de inestabilidad
marchando y dando la pelea, usando nuestras fuerzas y energías, y terminamos
planteando que se fueran todos”.

“Seguimos peleando y pudimos condicionar y abrir espacios, y
no éramos los únicos. En ese 2002 era electo por primera vez en América Latina
un Presidente trabajador, Lula. Cuando nos juntamos ese fin de año en el
Congreso de la CTA nos dimos cuenta de que nos faltaba algo: No podíamos sólo
decir lo que no queríamos, sino que teníamos que construir lo que sí queremos.
Y eso es un proceso diferente. Fue en ese Congreso de fin de año, con la expectativa
por Lula y por Chávez, cuando la esperanza empezaba a ganar espacio”.

“En Argentina se abría la perspectiva para un nuevo
movimiento político, social y cultural. Ganó Néstor Kirchner las elecciones y su
asunción en la Plaza de Mayo, el 25 de mayo de 2003, fue un punto de inflexión
en Latinoamérica. 30 años antes, el 25 de mayo de 1973, desde el balcón de la
Casa Rosada, Cámpora le hablaba a la misma Plaza de Mayo acompañado por el
Presidente de Cuba, Osvaldo Dorticós, y por el Presidente de Chile, Salvador
Allende: Eran tiempos de esperanza, íbamos hacia la revolución. Cómo no sentir
esas mismas sensaciones en el 2003, cuando estaban en nuestro país Fidel
Castro, convocándonos a pensar que había una nueva oportunidad. Fue un tiempo
espectacular, no mucho después ganaba Tabaré en Uruguay”.

“Empezamos a pensar que era posible cortar con eso que
quería Bush: La Alianza para el Libre Comercio Americano (ALCA), que
significaba que termináramos de depender definitivamente. Se iba a hacer en Mar
del Plata, y fueron dos años que fueron entre la compulsión que teníamos para
hacer actividades de transformación en nuestros países y de una unidad
latinoamericana que fue conformándose hasta decir ‘si viene Bush, paramos’. Y cuando
lo echamos desde Mar del Plata, cuando dijimos NO al ALCA, venía el tiempo de
la construcción. Había y hay diferencias y matices en el campo popular, y son fundamentales”.

“Intentamos llevar adelante políticas que miraran hacia el
verdadero poder, que estaba y está en el Pueblo. Los dirigentes somos
emergentes. Yo me siento militante de los trabajadores aunque pueda haber
tenido muchas representaciones. Uno es una hoja en la tormenta individualmente,
ahora si se siente parte de una Clase Trabajadora que ha construido más de 200
años de historia organizada y consciente, y que genera y disputa la riqueza
todos los días y pelea por sus derechos, ahí uno se vuelve poderoso”.

“Empezamos a discutir. ¿Era importante haber recuperado los gobiernos
progresistas? Sí. Pero era importante también construir poder popular, y empezó
una experiencia que hay que analizar y rever. Este es un tiempo para debatir y
discutir a fondo lo que nos pasó: ¿Por qué volvieron aquellos que fueron
derrotados con Gobiernos progresistas y que hoy todavía están pulseando contra
nosotros? A pesar del dolor que siento por la fractura de la CTA hace 10 años,
con este debate podemos volver a pensar en una Constituyente Social. Debo
confesar que estábamos imbuidos en el espíritu de la nueva Constitución de
Venezuela. Chávez hacía consultas todos los años. Evidentemente era la forma de
darle el poder al Pueblo. Ecuador y Bolivia planteaban la Constitución de una
nueva forma. Había asumido Evo Morales diciendo que se terminaban 500 años de
resistencia para comenzar 500 años de gobierno. ¿Cómo no íbamos a pensar en la
Constituyente Social? Era el momento de ir a buscar al Pueblo, abrir las
compuertas para que participe”.

“No alcanza con la formalidad del Estado, sino que también
hay que abrirlo y democratizarlo. Yo peleé, como trabajador del Estado, contra
las políticas de la dictadura y del neoliberalismo que querían privatizar todo.
Respondíamos ‘Fortalecer al Estado para liberar la Nación’ a su ‘Achicar al
Estado para agrandar la Nación’. Hoy estoy convencido que hay que democratizar
el Estado para fortalecer a la Nación. El Estado debe ser abierto a la
participación en la toma de decisiones del verdadero poder”.

“Fue una experiencia impresionante: ¡Había espacio! Durante
dos años la CTA seguía trabajando y peleando. Tuve la suerte de ocupar otro
cargo y recorrí el país con varios compañeros con quienes íbamos a charlar cómo
se construye la nueva sociedad, porque evidentemente el Capitalismo no es la
respuesta. Estaban quienes decían ‘no se puede hacer otra cosa’, o ‘hay que
esperar, hay que aguantar’, o quienes decían ‘puede venir la derecha’, que
evidentemente podía, porque vino. Estuvimos dos años participando de asambleas
en todas las provincias. Lo veo conectado a este zoom a Alejandro Garzón, que
se subió a un colectivo con sus compañeros en Santa Cruz y viajaron durante 48
horas para llegar a Jujuy, en donde nos juntamos más de 10 mil compañeros a
discutir, a debatir y a pensar una Constituyente Social. Se podía. ¿Era
difícil? Sí, pero seguimos construyendo”.

“En Jujuy demostramos la total voluntad que teníamos desde
la CTA, desde los trabajadores, desde los partidos políticos. Teníamos que
demostrar que había un programa y, al año siguiente hicimos un encuentro en el
que 980 organizaciones discutieron durante tres días los ejes de un programa.
Fue impresionante y hubo acuerdo. Es mentira que no tenemos propuestas, sobran
propuestas, pero lo que falta para concretarlas es poder. Las ideas son
sencillas si se construye poder para llevarlas a cabo. Sacamos un programa
maravilloso, y ahí sí vino un fuerte debate interno entre quienes decían que no
había que constituir la fuerza social y quienes decían que había que esperar
los tiempos del Gobierno, que evidentemente también tenían razón. Ese fue el
inicio de una fractura entre los que decían que había que hacer una paritaria
social, ser parte con el Gobierno de los que creíamos en apostar a la
construcción de un poder diferente”.

“Empezó un proceso de deterioro no sólo en Argentina, sino
también en todo Latinoamérica, con dificultades para los Gobiernos y los
movimientos sociales. ¿Es necesario tener el Estado? Sí. ¿Es necesario construir
poder popular? Sí. Ahora, ¿Cómo se hace? Eran tiempos de hacer esto o aquello,
ellos o nosotros. Y eso es, quizás, lo que hay que empezar a debatir. Porque fue
difícil, y lo que siguió fue una confrontación cada vez más dura, y un avance
de todos los procesos desde el norte, hasta consolidarse en el triunfo de
Trump, que llegó a marcar una vuelta a todos aquellos preceptos neoliberales.
Nuestros pueblos seguían peleando, pero era distinto. En Argentina ganó Macri,
el mejor alumno de Trump. Después el Macri de Brasil se llamó Bolsonaro. Volvió
Piñera en Chile. Se encarceló a Lula. Y la esperanza se iba diluyendo, pero así
y todo mantuvimos la resistencia. Resistimos y hoy estamos en la posibilidad de
tener una nueva oportunidad. Es el momento de analizar”.

“Se habla mucho de las autocríticas, del Harakiri. A mí me
gusta más balancear y conocer. Siempre digo que cuando uno está siendo atacado,
como lo fuimos los movimientos populares y los trabajadores en América Latina
durante la última década, evidentemente no se puede dar el lujo de discutir
cosas. Se empiezan a debatir nuestros errores o desaciertos cuando empieza a
haber esperanza, cuando aparece una nueva oportunidad”.

“Y esta oportunidad no nos la regaló nadie: Nuestro Pueblo
avanzó de una manera espectacular. Las movilizaciones del año pasado en Chile,
en Ecuador y en Bolivia, o el aluvión electoral del 14 de agosto del año pasado
en Argentina que derrotó a Macri. Aprendí que hay que mirar qué hace el enemigo
a veces para valorar lo que nos pasa a nosotros. Trump se calló durante 45 días,
no podía hablar de la Argentina. Había culminado un proceso hegemónico que era
imparable. Es más, desesperadamente tuvieron que salir a golpear a Bolivia.
Tuvieron que hacer un golpe aceleradamente. No es que no lo tengan siempre en
cuenta en nuestros países, lo tienen, es claro que el enemigo trabaja todos los
días, pero tuvieron que hacerlo apresuradamente cuando Alberto Fernández, sin
ser Presidente todavía, fue a hablar con López Obrador, en México. Volvían a
estar en contacto el norte y el sur de América Latina, y Evo iba a completar el
triángulo que hubiera sido el motor para la recuperación de Brasil”.

“Tenemos una nueva oportunidad. Cómo será de cierta esta
oportunidad, que el Presidente de la Argentina fue capaz de elegir la
solidaridad y la salud por encima del negocio y la muerte, defendiendo todo un
proceso que hoy nos permite estar tratando de sobrellevar este aislamiento, que
es la única defensa que tenemos frente a la Pandemia. Pero este aislamiento
también nos demostró que el hambre sigue, como siguen la precarización y los
procesos de extranjerización. Los grandes capitales financieros en nuestra
Patria siguen cobrando sus intereses o saqueando nuestros recursos”.

“Tenemos que aprovechar este tiempo para debatir y entender qué
fue lo que no hicimos bien, en qué nos equivocamos. Para entenderlo, para
analizarlo. Poder resolver esas problemáticas es el desafío de esta época de
una nueva oportunidad. En la Constituyente Social para nosotros estaba claro
que podían participar todos, pero su centralidad estaba en la Clase
Trabajadora, y fue tal nuestra expectativa, que cuando se fracturó la CTA, la
Constituyente Social quedó en stand by y empezó a diluirse. Se concibió un
momento de desasosiego”.

“Si hay algo que la Pandemia demostró es que la plata de los
bancos no genera riqueza. Los bancos están tan atiborrados de plata que hasta
son capaces de prestarla sin intereses, porque lo que realmente genera riqueza
es el esfuerzo humano, y como somos los trabajadores quienes la generamos,
tenemos el derecho a discutir qué se hace con ella. Es esa centralidad lo que a
mí me enorgullece, pero los Pueblos Originarios marcaron ese rumbo, o las Mujeres”.

“¿Cómo podemos pensar que las mujeres no son hoy la
centralidad de la lucha? Nos están enseñando con toda claridad algo que existía
y que era evidente, sobre todo con las movilizaciones de los últimos años y con
una interpelación brutal: Nos arengan a que además de pelear contra la dependencia
capitalista y colonialista, seamos capaces de derrotar al patriarcado para emanciparnos
como sociedad. ¿Cómo no pensar además en los Jóvenes, que están pensando más
que nosotros en lo que es el cambio climático porque saben lo que significa
para el futuro? No es esto o lo otro, ellos o nosotros, sino que es con la
Clase Trabajadora, con los Pueblos Originarios, con las Mujeres, con los
Jóvenes, con todos y cada uno. Las diferencias no pueden ser una excusa para
fracturarse, sino que deben ser lo que construya y nos eduque en una verdad
colectiva. Ese es el nuevo tiempo”.

“Con la convocatoria a participar de este debate, ustedes me
han brindado la oportunidad de mirarme frente a mis fantasmas y dudas, frente a
mis amores, pasiones y derrotas. Yo creo que eso es la mejor demostración de
que estamos en un tiempo de cambio: Sólo nos animamos a enfrentarnos a nuestras
debilidades cuando hay un futuro esperanzador”. 

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