ATE

En el marco de la Feria del Libro se presentaron las memorias de Néstor Llano. Un avance de lo que cuenta, el detrás de escena de la edición y una anécdota tan desopilante como su propia vida.

*Por Honoris para El Trabajador del Estado de junio 2022

Néstor Llano tiene 82 pirulos pero el espíritu de un pibe. Cuando los ochenta se le venían encima, su gran amigo José Luis Matassa, quien fuera secretario de ATE Capital, aprovechando sus estudios en Periodismo, puso un grabador sobre la mesa y empezó a preguntarle todo sobre su vida.

Con los audios en la mano fue a las oficinas centrales de la editorial CTA Ediciones para ver la posibilidad de que esas largas horas de entrevistas se conviertan en un libro.

Convencer a Cachorro Godoy, el secretario General de ATE, fue el siguiente paso porque todo libro implica un costo y necesita de una decisión institucional.

El respeto y el cariño que despierta Llano y el entusiasmo de Matassa fueron suficientes para el “si” y el libro empezó a tomar forma con la desgrabación de los casi 20 capítulos en que se habían dividido su vida.

El equipo de la editorial tomó el texto, lo reescribió y corrigió;  amplió las entrevistas, buscó fotos, tomó testimonios, pidió prólogos y volvió a ampliar las entrevistas al Piki hasta exprimirle los recuerdos. Casi un añito de laburo.

El largo proceso que se coronó con un asado en lo del Piki (que al final fueron empanadas), el libro se metió en imprenta y salió del horno días antes de su emotiva presentación en la Feria del Libro a sala llena (ver nota Feria).

“Militar con alegría” cuenta que el Piki (si el que lo nombra es de ATE Capital) o el Pelado (para la vieja guardia de ANUSATE en ATE Nacional y alrededores), tras hacer la colimba ingresó al Estado como personal civil en el Arsenal Esteban de Luca y después se pasó a la Caja de Asignaciones Familiares de los estibadores. Se afilió al sindicato en los setenta, fue prescindido por la dictadura y a principios de los ochenta se sumó a ANUSATE. 

Se hizo compañero y amigo de Víctor De Gennaro, Germán Abdala, Carlos Custer, Carlos Cassinelli y toda la militancia de la Lista Verde que concretó el sueño de renovar el sindicalismo en los inicios de la democracia y transformar el gremio de los estatales.

Tras la victoria electoral en 1984 el Pelado Llano ocupó distintas responsabilidades en el Consejo Directivo Nacional, luego en ATE Capital y en la actualidad colaborando en el Centro Nacional de Jubilados y Pensionados. 

Fue el histórico secretario de Finanzas en las gestiones de Pablo Micheli,  Leopoldo González y, su gran amigo, Matassa al frente del Consejo Directivo de Capital Federal. Y, naturalmente, no abandonó la militancia en su querida Agrupación Germán Abdala de la CABA, integrante de la Verde ANUSATE.

El compañero Néstor Llano ha demostrado en más de cincuenta años de militancia que no solo fue un dirigente honesto, comprometido y esencial para todas las comisiones directivas que lo tuvieron en su seno. Fue y es, además, un personaje desopilante que convirtió en anécdota cada momento que vivía y que se ganó el respeto y el cariño instantáneo de todos los que compartieron reuniones, funciones, marchas y asados.

En la presentación estuvieron presentes Matassa, el mentor del libro, y el que lo afilió a ATE allá por los setenta y pocos, Víctor De Gennaro, quienes se emocionaron tanto como se rieron.

Ni hablar cuando tomó el micrófono su hija, en representación de sus hermanos, o sus compañeros y compañeras de la Caja, del Consejo Directivo Nacional y de ATE Capital.

Demás está decir que el hombre que supo atajar en Chacarita, boxear, modelar, correr motos, vivir la noche, militar a fondo durante el día, noviar con Sara Montiel, destruir estudios de televisión, atender un almacén tan bien como un boliche musical hizo todo lo que hizo con alegría, con desenfado, como un chiquilín eterno, como “un inimputable” según la consideración de De Gennaro, su viejo compinche.

Y todo eso está puesto en el libro. Así que ya saben lo que tienen que hacer.

Historia de una foto

La foto que ilustra este apartado, designada para la tapa del libro, no pudo ser usada por asuntos de baja resolución de las copias de imágenes halladas.

Empedernidos en que esa debía ser la foto, un comando encabezado por José Luis y el Piki, escoltados por los intrépidos fotógrafos Luis Bagnagasta (ATE Justicia) y el inefable Fabián Piedras del equipo de comunicación de la CTA-A se dirigieron hacia esas dos cuadras del barrio de La Boca que llevan el nombre del querido Turco.

Por razones desconocidas, el dichoso cartel no estaba en la columnita habitual sino en un poste de luz a 3 metros del suelo. Rápidamente el comando consiguió una altísima escalera (prestada por los laburantes de una empresa de cable) a la que se subió el Piki…serio como perro en bote.

Desde los 2 metros de altura, con sus más de ochenta abriles, el Piki no podía dibujar una sonrisa en su cara y hacer la V con una mano, se volvía un acto temerario.

En síntesis, la foto no servía para la tapa del libro. La cara del Pelado no pegaba con “la alegría de militar” y se tuvo que buscar otra para desazón del comando. Una muestra más de que todo lo que rodea al susodicho tiene cierto barniz de irrealidad, un estilo desopilante de llevar su hermosa vida. 

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