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ATE

Conversatorio virtual organizado por ATE y la CTA Autónoma en el marco de la Semana de la Memoria.

En la tarde del martes se llevó a cabo de forma virtual el
conversatorio ‘Juicios e Identidad: Reflexiones a 45 años del golpe genocida’,
organizado por María José Cano, Directora del Departamento de Derechos de los
Pueblos de ATE Nacional, y por Emiliano Hueravilo, Director del Departamento de
Derechos Humanos de ATE Provincia de Buenos Aires. Del mismo participaron
compañeros y compañeras de distintos organismos de Derechos Humanos y
dirigentes de ATE y de la CTA-A de todo el país.

María José Cano, Directora del Departamento de Derechos de
los Pueblos de ATE Nacional, fue la encargada de dar la bienvenida y de hacer
una introducción: “El objetivo de esta actividad es el de reflexionar y renovar
preguntas en el marco del recorrido y el estado de situación de los juicios de
lesa humanidad. Hemos invitado a compañeros y compañeras que son parte de
distintos organismos de Derechos Humanos para poder pensar, a partir de sus
exposiciones, cómo continuamos y cómo avanzamos para poder seguir profundizando
el juzgamiento a los responsables de esa época tan cruel atravesada por
nuestros compañeros y compañeras, de la cual tuvimos como resultado la
detención y desaparición de 30 mil de ellos y ellas”.

Antes de darle la palabra a lxs expositores, Cano convocó a
lxs presentes a las actividades a realizarse en el marco del 24 de marzo: “Queremos
también invitarlos a participar mañana de la campaña ‘Plantemos Memoria’ convocada
por los organismos de Derechos Humanos, a la que hemos adherido como
organización. Los trabajadores y las trabajadoras también plantamos memoria, por
lo que mañana a las 11 de la mañana vamos a plantar un árbol en la Plaza Primero
de Mayo, en Hipólito Yrigoyen al 2200, en el barrio de Balvanera, cerca de la
sede de ATE Nacional. Y a las 3 de la tarde vamos a concentrarnos en Av. de
Mayo y Sáenz Peña para participar de la movilización”.

La primera compañera en tomar la palabra fue Malena
Silveyra, integrante de la Liga Argentina por los Derechos Humanos, socióloga y
docente universitaria, Coordinadora del Observatorio de Crímenes de Estado de
la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, e investigadora del Centro de Estudios
sobre Genocidio de la UNTREF. Silveyra dijo: “Me interpeló mucho el título de
la actividad de hoy: Pensar la articulación entre genocidio, identidad y
juicios, y cómo se entrelazan estos tres conceptos en este momento histórico.
Es muy pertinente y oportuna la convocatoria porque nos interpela sobre qué
tiene que ver con nuestra identidad este proceso de juzgamiento que estamos
viviendo en este momento”.

“La identidad está íntimamente ligada a lo que pasó durante
la dictadura militar, o incluso antes, porque uno podría fechar el inicio del aniquilamiento
en el ’75, con el Operativo Independencia. El proceso del genocidio es
justamente el intento de destrucción de los patrones identitarios del grupo
oprimido, y el intento de imponer los patrones identitarios del grupo opresor.
O sea que en realidad el genocidio no se propone aniquilar personas, sino
transformar la identidad de un pueblo. Eso es lo que pasó en nuestro país, y
por eso nosotros sostenemos en las calles y en los juicios que lo que pasó acá
fue un genocidio”, agregó la compañera.

Silveyra además se preguntó: “¿Cómo hace un genocidio para
destruir esos patrones identitarios? Lo hace persiguiendo, aniquilando,
destruyendo, en nuestro caso, a un conjunto de compañeros y compañeras que expresaban
una cantidad de prácticas y de ideas. Pero además, aquí lo hizo de una manera
muy particular, porque no fue ni a viva voz, ni públicamente, sino que lo hizo con
la desaparición forzada, e instalando el terror en el conjunto de la sociedad.
Ese terror instalado por el genocidio, generado por la desaparición forzada y
por los más de 750 campos de concentración que hubo en nuestro país, fue
construyendo ese ‘por algo será’, que no es otra cosa que la destrucción de los
lazos de solidaridad entre los distintos sectores del movimiento popular”.

Fue entonces el turno del compañero Leonardo Fossati,
miembro de Abuelas de Plaza de Mayo y Coordinador del Espacio para la Memoria
de la ex comisaría 5ta de La Plata, quien manifestó: “Como reflexión sobre los
45 años que se cumplen de la última dictadura cívico-militar, el pueblo
argentino ha dado muchos ejemplos sobre la lucha en materia de Derechos Humanos.
Por supuesto que siempre muy bien representado por los organismos de Derechos
Humanos, en su mayoría, y por los ex detenidos testimoniantes en los juicios de
lesa humanidad, primero en el juicio a las juntas, después en los juicios por
la verdad acá en La Plata, y después con la apertura de los juicios de lesa
humanidad. Verdaderamente han marcado un camino de lucha y de logros y avances
que no se han dado en muchas partes del mundo. Argentina, en este sentido, es
materia de consulta permanente”.

“A mí me toca hablar en el día de hoy un poco en
representación de las Abuelas y del Espacio para la Memoria. Desde esos ámbitos
me ha tocado ir viendo y aprendiendo cómo las Abuelas han podido llevar
adelante su lucha a pesar de las dificultades que han tenido a lo largo del
tiempo, y cómo se han sabido adaptar a las diferentes circunstancias. La permanente
adaptación es fundamental para poder mantener los objetivos a cumplir. Como
ustedes bien saben, las Abuelas iniciaron su búsqueda en plena dictadura junto
con las Madres en una misma lucha, arriesgando sus vidas, cuando empezaron a
buscar a sus nietas y nietos robados en los mismos operativos en los que se
llevaron a sus padres y madres”, agregó Fossati.

“En una noticia publicada en un diario de La Plata, dos
Abuelas leyeron que la Justicia obligaba a un padre a hacerse un estudio genético
para reconocer la paternidad que no estaba reconociendo. Mediante esa noticia,
las Abuelas empezaron a creer que podía existir una nueva herramienta para
ayudarlas en su búsqueda, que con el paso del tiempo se volvía cada vez más
difícil. Fue entonces que contactaron a científicos argentinos y a estudiantes
de la Universidad Nacional de La Plata para ver si esa posibilidad
efectivamente existía. La comunidad científica empezó a trabajar a partir de la
necesidad de una parte del pueblo argentino. Fue allí donde la ciencia avanzó
en algo que hasta ese momento no existía: La posibilidad de analizar
genéticamente una generación con otra, faltando los datos genéticos de la
generación intermedia. O sea que podían analizar los datos para conectar a un
abuelo, a una abuela, o a tíos, con una nieta o con un nieto. Eso permitió a
las Abuelas volver a impulsar, por un lado, la búsqueda de sus nietos y nietas,
pero también volver a impulsar un juicio que no fue alcanzado por las leyes de
impunidad, que fue el del plan sistemático de robo de bebés, y eso pudo volver
a sentar en el banquillo a los grandes genocidas de este país”, aseguró Fosatti.

Estaban presentes además las compañeras Lara Hueravilo y Ana
Ríos Brandana, de la organización Nietes. Tomó primeramente la palabra Ana Ríos
Brandana, quien dijo: “Queremos traer a este conversatorio la mirada de nuestra
generación, de la juventud, de cómo se nos presenta la historia a nosotres y de
cómo encaramos las luchas y los objetivos que tenemos la convicción de
sostener. La identidad constituye no sólo lo que somos nosotres hoy en nuestras
familias, sino también lo que somos hoy como pueblo. Constituye además la
identidad de un montón de luchas que surgen a raíz de este hecho histórico. La
lucha de los organismos de Derechos Humanos y la lucha de esa generación que
desaparecieron sirven de motivación para las generaciones de hoy”.

“Nosotres nos juntamos para crear Nietes en el contexto de
un gobierno neoliberal, el macrista. Queríamos involucrarnos, seguir la lucha
de Abuelas, de Hijxs y de Familiares teniendo en cuenta también las luchas de
nuestra generación, como la de la igualdad de género o la del aborto legal.
Veíamos muy pertinente generar un posicionamiento como familiares de
desaparecides, y como generación”, añadió Ríos Brandana.

Por su lado, la compañera Lara Hueravilo señaló: “Estamos
encarando el desafío de cómo hacer para llegar a las próximas generaciones y
eso se relaciona con los juicios, que son una gran herramienta académica, como
también lo son los testimonios. Pensamos cómo hacer para que los programas
educativos tengan una transversalidad de transmisión de la memoria que sea
correcta para generar consciencia de lo que pasó, aunque alguien tal vez piense
que se trata de una exageración. Necesitamos que las nuevas generaciones sepan
que los genocidas secuestraban, que torturaban, que desaparecían. Todo esto
pasó, y no hay un grado de consciencia sobre todo esto como el que podemos tener
nosotres, a quienes nos atravesó en nuestra historia de distintas maneras”.

“Nietes está conformado por un montón de personas que
atraviesan su historia de distintas maneras, pero siempre llegamos a un punto
en común, que es lo que se nos dejó a nosotres. Desde allí pensamos en cómo
hacer para llegar a nuestra generación, para que se repregunte y se cuestione preconceptos
errados. Así como una gran parte de nuestra generación milita, hay otra gran
parte que no tiene consciencia de la capacidad que tenemos para hacer un
cambio, para preguntar por qué no hay fotos de nuestras abuelas embarazadas,
por qué no hay fotos de nuestros viejos de chiquitos. Tenemos el poder de
preguntarles a nuestros viejos si no dudan de su identidad, y de expresarles
nuestras dudas al respecto”, aseveró la compañera Hueravilo.

Habló entonces la compañera Marga Cruz, integrante del
Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos y de la Asociación Ex Detenidos y
Desaparecidos, sobreviviente del primer centro clandestino de detención ‘Escuelita’,
de Famaillá, Tucumán. Cruz dijo: “Yo estuve secuestrada en la ‘Escuelita’ de
Famaillá en 1975, pero hay que ir más atrás para explicar la espiral de
violencia que venía acorralando a los luchadores populares y que produjo un
punto de inflexión con el golpe. Y le decimos golpe porque fue un mazazo dado a
las clases populares por parte de las clases más poderosas. Nuestra generación
era una de lucha: Había que arrancar todo, y todo se arrancaba en las calles.
El genocidio no sólo vino a desaparecer a los 30 mil compañeros, a lograr el
exilio de otros 10 mil, a apropiarse de los chicos y a quitarles su identidad,
sino que lo que más vino a hacer fue a intentar quitarnos la identidad de
pueblo y, más específicamente, de las luchas del pueblo. Bien lo decía Rodolfo Walsh
en su carta histórica: Quieren que nosotros estudiemos la historia como
fragmentos”.

Cruz entonces se preguntó: “¿Cuál sería la identidad de
nuestro pueblo en los últimos años? La identidad de la lucha contra la
impunidad. Cuando nos empezamos a reunir como sobrevivientes, lo único que
queríamos era decir que los desaparecidos habían quedado en los que hoy ya
sabemos que son más de 700 centros clandestinos de detención. De esa historia
nos condenaron a hablar siempre. La lucha contra la impunidad no es gratuita.
Así como antes hablábamos del ‘estigma del sobreviviente’, ahora hablamos del
estigma de la lucha eterna en contra de la impunidad. ¿Es justa esa lucha? En
la pandemia se ha muerto una gran cantidad de represores, ¿con qué testimonios
van a hacerse los juicios por los que luchamos si siguen pasando los años?”

Después tomó la palabra Marcelo Ponce Nuñez, abogado de ATE
y de la CTA Autónoma a cargo del Departamento Jurídico de ATE Provincia de
Buenos Aires, abogado de la Oficina de Consultorios Jurídicos Gratuitos de la
Facultad de Derecho La Plata. El compañero intervino en los juicios de lesa
humanidad de los tribunales federales de La Plata y lo sigue haciendo en equipo
con la APDH La Plata. Algunos de los juicios de los que participó fueron los de
la Unidad 9, la Cacha, el Circuito Camps, y la Infantería Marina 3, entre otros.
El abogado apreció: “El valor que tuvieron los juicios fue el de haberles dado
voz a aquellos que no la pudieron expresar cuando fueron detenidos,
encarcelados, desaparecidos y asesinados. Ellos no pudieron decir nada porque
justamente ninguno de ellos, por las causales que se inventaban en aquel
momento, tuvo juicio. Entonces, los juicios a los genocidas que se lograron
encausar en la Argentina tuvieron como máximo valor darle voz a quienes no
pudieron tenerla formalmente en un proceso mientras fueron detenidos. Sin
embargo, aquellos que los habían privado de su voz, pudieron y tuvieron la
posibilidad de tener voz en su defensa en todos y cada uno de los juicios que
se iniciaron”.

“La voz de quienes no habían sido escuchados cuando fueron
detenidos finalmente pudo ser escuchada, y esto es para mí fundamental. En esa
voz encontramos muchísimos actos de solidaridad que se dieron en los lugares de
detención, o entre los familiares de las personas detenidas, porque era la
única forma que encontraban para sobrevivir. Del otro lado nos encontramos con
la tortura, con el principio hitlerista de matarte porque sí, porque tenés una
idea”, agregó el compañero Ponce Núñez.

El cierre de la jornada estuvo a cargo de Hugo ‘Cachorro’
Godoy, Secretario General de ATE Nacional, y uno de los compañeros que dio
testimonio en el juicio a los genocidas de la Unidad 9 de La Plata. El
dirigente de ATE manifestó: “Nuestro pueblo es el único que venció a un
ejército ocupante de nuestro territorio y lo llevó a ser juzgado y condenado a
pesar de haber sido derrotado militarmente. Esto fue por la fuerza de la
política, de la cultura y de la construcción comunitaria y colectiva. Por eso pudimos
vencer y derrotar a la dictadura en el año ’83, sino que también pudimos
derrotar a todos los intentos con que, en democracia, los agentes de esa
dictadura intentaron perpetuar su impunidad a través de leyes que el Congreso
aprobó para justificar lo injustificable: El genocidio”.

‘Cachorro’ Godoy además dijo: “Nunca hubo resignación en
nuestro pueblo, incluso aunque tuvimos una dictadura cívico-militar y
eclesiástica, como dice Norita Cortiñas. Porque fueron muchos los empresarios,
políticos, obispos y curas que fueron no solamente cómplices, sino también
implementadores del plan genocida. Y así como estuvieron ellos, también hubo
otros y otras que, quizás paralizados por el terror, no pudieron o no quisieron
ver lo evidente. Pero también hubo miles y miles que dieron la resistencia
desde cualquier lado: Desde sus hogares, desde sus lugares de trabajo, desde el
exilio, desde las cárceles, desde los centros clandestinos de detención”.

“Por esa resistencia cultural para sostener valores con la
perspectiva de una sociedad diferente es que la dictadura pudo ser derrotada en
ocho años. Aunque todavía estamos en una democracia que no ha dado cuenta de
muchas de las cuestiones que desarrollamos en nuestras luchas, pudimos
enjuiciar y condenar a los genocidas. Aunque todavía subsisten mecanismos supuestamente
democráticos, como el de la justicia que justifica el enlentecimiento de los
procesos judiciales, hay una tozudez y una perseverancia de importantes
sectores de nuestro pueblo que sustentan la perspectiva de darle continuidad a
las luchas. Entonces, ¿cómo no emocionarse cuando uno ve a los pibes y las
pibas de Nietes, que son la mejor continuidad no solamente de sus abuelos y
abuelas, sino también de todas y todos aquellos que dieron lo mejor de sí para
construir una Argentina que todavía está pendiente? La revolución es un sueño
permanente que hay que seguir llevando adelante”, agregó el Secretario General
de ATE Nacional.

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