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ATE

Conversatorio virtual organizado por ATE y la CTA-A en el marco de la Semana de la Memoria.

Como parte de las actividades realizadas en el marco de la
Semana de la Memoria, el Departamento de Derechos de los Pueblos de ATE
Nacional y la CTA Autónoma llevaron a cabo en la tarde del viernes un
conversatorio virtual sobre la ‘resistencia, memoria y lucha de los Pueblos
Originarios’. La jornada, de la que participaron compañeros y compañeras de
todo el país, contó con la exposición de compañeros y compañeras miembro de
comunidades de Pueblos Originarios, que hablaron sobre el genocidio al que los
pueblos indígenas de la Argentina vienen tratando de sobrevivir desde hace más
de 140 años.

María José Cano, Directora del Departamento de Derechos de
los Pueblos de ATE Nacional, dio la bienvenida a los participantes del
conversatorio y dijo: “Entendemos que la de los Pueblos Originarios en el marco
de la dictadura iniciada en 1976 es una historia poco visibilizada, y nos
parece importante que desde nuestra organización aportemos al trabajo de
revertir esto. Además, con este conversatorio buscamos enlazar el pasado y el
presente para ponernos al tanto de la situación actual de embestida que están
sufriendo los Pueblos Originarios”.

La primera expositora en tomar la palabra fue Diana Lenton,
antropóloga, profesora de la Universidad de Buenos Aires e investigadora del
CONICET, quien dijo: “Este es un año en el que se reconoció particularmente la
existencia de ese genocidio de los Pueblos Originarios y su continuidad, y cómo
durante la última dictadura cívico-militar-eclesiástica la represión fue
especialmente dirigida contra aquellos luchadores y referentes de los pueblos
indígenas que seguían resistiendo. Hasta hace unos años había un consenso en
que la resistencia a la dictadura había sido prácticamente algo exclusivo de
las ciudades, o de la clase obrera. Se veía como una lucha política o una lucha
de clase, pero no se rescataba suficientemente lo que había pasado con los
pueblos indígenas. Vemos que ahora se está empezando a hablar más de esto, y
creemos que eso es muy bueno”.

“Solemos decir que nuestro país se fundó sobre un genocidio,
y cuando decimos eso nos referimos especialmente a lo que pasó a partir de la
llamada ‘generación del ‘80’, es decir a fines del siglo XIX, con la expansión
del Estado republicano, ya constituida la República Argentina, con una
Constitución aprobada y un Estado en vías de consolidación, sobre los
territorios que aún quedaban ‘libres’ para los pueblos indígenas. Eran, sobre
todo, los territorios del sur, en la Patagonia, y en el norte lo que fue el
avance sobre los pueblos chaqueños”, agregó Lenton.

La antropóloga además manifestó: “Es difícil dar cifras. A
veces, aquellos que niegan el genocidio de la dictadura lo hacen desde el
debate de las cifras. La lucha contra los negacionistas se suele centrar en si
fueron 30 mil o no los desaparecidos en la dictadura, cuando en realidad la
discusión termina siendo sobre el valor testimonial del número y por qué,
justamente, a algunos sectores les molesta reconocerla. También nos pasa con
los pueblos indígenas que no tenemos una base de datos, una lista de
desaparecidos, torturados, despojados de sus tierras o exiliados de los Pueblos
Originarios. Vamos reconstruyendo esa historia a partir de los relatos de las
comunidades, de las familias, de las personas”.

Expuso además Nilo Cayuqueo, luchador por los derechos de
los Pueblos Originarios y parte del Pueblo Mapuche de la comunidad La Azotea en
la Tribu de Coliqueo, de Los Toldos, quien señaló: “Ya desde antes del golpe,
en 1974, durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón, ya comenzó la
represión con la famosa Triple A. Secuestraban compañeros y compañeras,
hermanos y hermanas. Yo fui amenazado por la Triple A varias veces, y a raíz de
eso tuve que dejar de ir a la oficina que teníamos en Parque Chacabuco de la
Asociación Indígena de la República Argentina. Después vino la época de la
represión. Tuvimos la oportunidad de conocer a varios hermanos de Chaco,
Formosa, Misiones, que nos contaban que en esa época era común que los
militares llegaran a una comunidad en busca de los llamados ‘guerrilleros’, y
que lo hicieran apaleando gente y tirando balazos. Eso ocurría en todas las
comunidades donde los pueblos indígenas éramos acusados de apoyar a la
guerrilla”.

“Eso se dio en todo el país. Venían los grupos derechistas y
nos decían que nosotros no teníamos nada que ver con los obreros, con los
campesinos. Nos prohibían organizarnos con ellos. No querían que se forjara esa
alianza de los pobres y oprimidos que podía sacarse de encima a un enemigo en
común: Los militares y el capitalismo depredador. Vivimos todo ese trabajo de
represión, quizás, con un poco de ingenuidad. Pensábamos que la represión no
iba a llegar a un extremo tan grande como el que llegó. Nosotros andábamos a
cara descubierta, haciendo reuniones y movilizaciones que estaban prohibidas.
Desafiamos todas esas prohibiciones de un modo inconsciente, no sabíamos el grado
de represión que se venía”, agregó Cayuqueo.

El siguiente orador fue Orlando Carriqueo, Huerquen de la
Coordinadora del Parlamento Mapuche-Tehuelche de Río Negro, y Secretario de
Pueblos Originarios de la CTA Autónoma en la provincia de Río Negro, que
reflexionó: “Muchas cosas nos pasan por la cabeza en estos días en los que
hemos estado nuevamente estigmatizados, demonizados, acusados de los incendios
que han sido tremendamente dañinos para la Mapu, para nuestra gente, para el
territorio, para las familias. Seguimos escuchando esos discursos que vienen
dándose hace 140 años y que tienen un significado grande en la sociedad. Me
parece que hay una responsabilidad de una discusión política que no está
saldada, y es la de reconocer el primer genocidio que ha fundado al Estado. Sin
ese reconocimiento es muy difícil avanzar en la reconstrucción de esta
sociedad, que es plurinacional. Se trata de un montón de naciones que han
impregnado las resistencias sociales no sólo en la Argentina, sino en toda
Latinoamérica. Son luchas sociales que se oponen al avasallamiento de parte de
la sociedad”.

“Me parece necesario recordar que a pesar de que hemos
transitado distintos gobiernos, tanto dictatoriales como democráticos, la
discusión para reconocer el primer genocidio no está todavía hoy en la
discusión política de la Argentina. No puede haber ningún pacto social en el
país sin reconocer eso, que es la base fundamental de las injusticias y las
desigualdades de la Argentina. ¿Cómo podemos nosotros aceptar cualquier pacto
social cuando todavía estamos perdiendo territorios, o cuando el territorio es
avasallado por los intereses mineros, petroleros, forestales, o de monocultivo
con agroquímicos? Hay que llevar el debate a esa discusión del ‘buen vivir’ o
Kume Felen. ¿Pero qué significa ese ‘buen vivir’ en una sociedad atravesada por
el capitalismo, que ha provocado los desequilibrios más grandes en el itro fill
mogen, como decimos nosotros, o en la biodiversidad? Plantea el desafío de
poder reencontrarnos como sociedad a partir de ese reconocimiento, de esa
necesidad de entender las dinámicas sociales que nos constituyen, las
filosofías de vida, la espiritualidad. Es importante poner todo eso en valor
para poder respetar”, aseguró Carriqueo.

“Que la Constitución hoy reconozca la preexistencia no
significa, de ninguna manera, que hayamos podido solucionar un problema de
arrastre que tiene la Argentina, y que produce el racismo, la discriminación,
la intolerancia. Nosotros hemos construido esta Argentina como cualquier otro:
Somos trabajadores y trabajadoras del Estado, docentes, abogados y abogadas,
doctores y doctoras, trabajadores y trabajadoras rurales. Sin embargo hay una
historia muy dolorosa de sometimiento que todavía nos atraviesa
individualmente. Nuestros hijos e hijas todavía no se reconocen indígenas, y
eso está mal. Está mal institucionalmente, porque el Estado, a través de la
escuela, cercena esa posibilidad”, lamentó el compañero.

Carriqueo también se preguntó: “¿Qué tenemos que hacer
nosotros para poder dar vuelta la página, para poder construir o reconstruir
esos lazos sociales que están cortados o no respetados? Hace más de 140 años
que nosotros reclamamos que se reconozca el genocidio, y no puede ser que
todavía no consigamos dar discusiones donde la memoria, la verdad y la justicia
sean una realidad para los Pueblos Originarios. Esa es una deuda de la
democracia, no solo con los Pueblos Originarios, sino con su sociedad toda,
cuya mayor parte es indígena. Entonces nos cabe la responsabilidad, como
pueblo, como organización, como colectivos, de empezar a poner en agenda el
tema para torcer las discusiones sobre para dónde va el Estado”.

Tomó el micrófono luego la compañera Miriam Liempe,
Secretaria de Relaciones con Pueblos Originarios de la CTA Autónoma, quien
dijo: “Yo pertenezco al pueblo Mapuche. Nací en Valcheta, Río Negro, pero el
origen de mi familia es allá por el Lago Puelo, en Chubut. Nosotros nos
resistimos a perder nuestra identidad de Pueblos Originarios: Nos sería más
fácil decir simplemente ‘soy del pueblo argentino’, pero nos sentimos mapuches,
coyas. Ese es nuestro sentir y pensar. Y logramos sobrevivir al genocidio y la
masacre por varias generaciones. Mis abuelos fueron sobrevivientes del
genocidio: Mi abuelo sobrevivió porque mi tatarabuelo hizo un acuerdo para
entregar tierras para que no maten más a su gente, a su familia. Como mi abuelo
era el mayor de 14 hijos, llegó a tener un ‘buen trabajo’ en el ferrocarril
como parte del acuerdo. Dentro del ferrocarril llegó a ser dirigente sindical”.

“En la provincia de Río Negro, a todos los que éramos
sobrevivientes del despojo territorial nos iban dando los territorios en las
afueras de las ciudades. Mis abuelos fueron a parar a Chichinales, que era la
rinconada de todos los mapuches sobrevivientes. En el interior de esos barrios
seguíamos haciendo nuestras ceremonias, y los abuelos ahí hablaban su idioma,
pero estaba prohibido hablarlo afuera de esos lugares, porque eso significaba
que corríamos peligro. Los abuelos nos enseñaban que no se nos tenía que
escapar ni siquiera un acento del idioma. Nos educaban a sobrevivir, a cuidar
nuestro físico. Me acuerdo que mi abuelo nos hacía recorrer el territorio y
reconocer el lugar donde estábamos, porque si nos atacaban teníamos que saber
cuál era el pasaje más rápido para escapar de la escena para poder sobrevivir.
Ellos tenían en su memoria, y nos traspasaban, el ser sobreviviente porque
siempre podían atacarnos, aunque no supiéramos cómo. A mí al principio me daba
mucho miedo, pero logré entender que era una parte natural de nosotros para
poder estar vivos. Había muchas cosas simbólicas, como no decir que sos mapuche
fuera de ciertos círculos. Casi como lo que tuvieron que hacer muchos
compañeros y compañeras para sobrevivir al genocidio de los 30 mil, guardando
secretos y teniendo reuniones en secreto”, agregó la compañera Liempe.

Finalmente hizo uso de la palabra Ricardo Peidro, Secretario
General de la CTA Autónoma, quien señaló: “Para nosotros es una alegría y un
orgullo que se esté realizando esta actividad hoy en la casa de los
trabajadores y las trabajadoras, que es nuestra CTA Autónoma. Esta actividad
está entrelazada con nuestra historia: Desde nuestra fundación, la Secretaría
de Relaciones con Pueblos Originarios, a cargo hoy de la compañera Miriam, no
es solamente un cargo en el estatuto, o un cargo administrativo. Para nosotros
no hay liberación si no es la liberación de los pueblos. Cuando hablamos de
nuestros objetivos, cuando nos oponemos al extractivismo que depreda, o a las
fumigaciones y al avance de las fronteras sojeras que envenenan, cuando
planteamos que el agua es un recurso fundamental y advertimos que vienen por
ella, para nosotros no hay contradicciones con la lucha histórica de la clase
trabajadora por los derechos fundamentales y laborales. No solo no se
contraponen, sino que son luchas complementarias”.

“En estos días en los que se conmemoraron 45 años del inicio
de ese golpe genocida, nos sigue conmoviendo recordar a los compañeros y
compañeras que quedaron en el camino. Uno cree que está curtido, pero por
suerte estas cosas nos siguen conmoviendo. Estos genocidios se entrelazan en la
historia, y no solo en la historia de las víctimas, que son los compañeros y
compañeras, los hermanos y hermanas de nuestro pueblo, sino también en la historia
de los victimarios, que siempre son los mismos sectores de poder que avasallan
derechos y provocan la muerte y las matanzas. Son precisamente esos poderosos
quienes pretenden inscribir las matanzas y los genocidios en un tiempo sin
memoria. Nosotros, como pueblos, sabemos que la memoria es una de las armas
fundamentales para enfrentarlos. Memoria no sólo en clave histórica, para
reivindicar nuestras luchas, a nuestros hermanos y hermanas, a nuestros
compañeros y compañeras, sino también en clave de presente y de futuro. Porque
rescatando esa historia que nosotros vamos a seguir sembrando y caminando hacia
esa sociedad que soñamos”, agregó Peidro.

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