En la primera sede de ATE, ubicada en Avenida Almirante Brown 392 del barrio La Boca, donde se alquilaba, en noviembre de 1925, a meses de la fundación del Sindicato comenzó a funcionar la biblioteca de la organización. En el segundo número del periódico “El Trabajador del Estado” se anunciaba su apertura señalando que “en homenaje al cumplirse el primer aniversario del nacimiento de nuestra institución y en cumplimiento del Artículo 48 de nuestro Estatuto, hemos dado principio a la creación de nuestra biblioteca, que funciona todos los días de 18 a 20 horas. Los libros están a disposición de aquellos camaradas amantes de la lectura y al saber, debiendo pasar por Secretaría a retirarlos por 15 días. No olvidemos que nuestros libros son nuestros mejores amigos”. (El T.d.E. Nº2. 20 enero 1926).
Stiglich, el primer secretario general electo, sería el encargado de donar los primeros libros. En la referida nota, hacen saber que: “De manera inmediata hubo una numerosa partida costeada con los fondos de nuestra entidad, en la que nuestros lectores hallarán cada cual según sus gustos e inclinaciones, un interesante e instructivo material de lectura, empezando por los libros técnicos en que los obreros encontrarán un auxiliar, según su oficio, hasta los mas variados textos de filosofía, artes y ciencias, que servirán de solaz e instrucción”.
En el periódico número 6, del mes de marzo, en una nota destacada de la contratapa, bajo el título “Nuestra Biblioteca”, se la destacaba por el “primer jalón de un anhelo largamente sentido, y un ejemplo que ni tardará en ser imitado”. Desde el punto y aparte, se detalla con énfasis y extrema claridad, las razones que dieran motivo a la iniciativa:
“Consideramos que si la ATE, en otros órdenes trata de asegurar por todos los medios legales el pan material de la vida, hace obra igualmente trascendental, al asegurar también a sus afiliados, el pan espiritual que son los libros. Así como el pan acrecienta la fortaleza física, los libros en cuyas páginas está concentrado el zumo del entendimiento universal, han de fortalecer nuestra constitución moral sin la cual seremos siempre juguete de nuestro instinto y pasiones. (…) Abiertas están las puertas de nuestra biblioteca para los hombres de buena voluntad, aquellos que se interesan en confirmar los principios en que ha de sentar sus bases la sociedad del mañana, quizá remoto, pero cierto”.
Texto: Daniel Parcero / Foto: Gentileza





