En Mina Clavero, ser trabajadora municipal hoy significa vivir con miedo. Miedo a hablar, miedo a acompañar a una compañera despedida, miedo a reclamar un derecho básico. Miedo a quedarse sin horas, sin ingresos, sin trabajo. Esa es la realidad que le cuentan a la Asociación Trabajadores del estado (ATE) desde adentro del sistema de salud municipal.
“Si acompaño a Cristina, lo más probable es que me dejen sin horas”, nos dice una trabajadora. Cristina Heredia fue despedida tras 14 años de trabajo en el municipio. Defenderla, solidarizarse, puede costar caro. No es una amenaza explícita: es peor. Es un mensaje que se aprende con los hechos. Esta trabajadora nos cuenta que la última vez que realizó un reclamo por un incumplimiento de parte de la municipalidad con su trabajo, le redujeron brutalmente su carga horaria: de 100 horas mensuales pasó a solo 25. El castigo llegó después del reclamo.
En este marco la ATE Córdoba subrayó que “la precarización es total. Monotributistas, sin estabilidad, sin derechos garantizados, obligadas a tener doble trabajo para sobrevivir, sosteniendo como pueden un sistema de salud que se cae a pedazos”.
Agrega el Sindicato que “esta gestión municipal no solo precariza: retrocede. En el área de Salud se eliminaron acuerdos conquistados en la gestión anterior: el derecho a enfermarnos, a tener licencia por duelo, a las vacaciones, al respeto por el lugar de trabajo. Derechos que no eran privilegios, sino conquistas colectivas, hoy son barridos de un plumazo”.
La arbitrariedad es evidente. A las trabajadoras les dicen que no se pagan horas extras, pero al mismo tiempo traen profesionales de otras localidades y sí les pagan extras. “A Cristina la dejaron sin trabajo y, mientras tanto, hace dos meses incorporaron a otra persona de Nono para cumplir la misma función. No es falta de personal: es disciplinamiento”, sostiene la ATE.
El Centro de Salud redujo sus horas de atención sin informar qué iba a pasar con las y los trabajadores. A algunas enfermeras, casualmente a las que reclaman, nadie les avisó nada. Hay uniformes que se entregan de manera desigual: a algunas sí, a otras no. Todo parece responder a una lógica clara: premiar el silencio y castigar la organización.
Por ello el Consejo Directivo Provincial remarcó que “no vamos a naturalizar esta situación. No es solo un despido injusto. Es un modelo de gestión basado en el miedo, la precarización y el maltrato, especialmente hacia quienes sostienen la salud pública. Y es por eso que en Mina Clavero, las trabajadoras y los trabajadores no están solos ni solas., porque la dignidad no se negocia y los derechos, se defienden”.





