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Sobre la gestión de Javier Milei, el sociólogo sostuvo que “a lo largo de estos casi 2 años de gobierno, ha producido tal vez la mayor parálisis del aparato estatal que hayamos conocido en la historia institucional argentina”.

Durante su disertación en la jornada de Nueva Estatalidad, que realizó la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) el economista y politólogo Oscar Oszlak, caracterizó cual debe ser la agenda que compone a todo Estado Nacional: “el primer tema es la gobernabilidad, es decir, reglas de juego claras donde los comportamientos de cada uno sean previsibles. En segundo lugar, la cuestión del desarrollo, es decir, el desarrollo de la fuerza productiva y la capacidad de generar ingreso, riqueza. Y tercero, la cuestión distributiva, es decir, cómo se reparten los frutos del progreso material”.

El investigador sostiene que “mientras mayor desarrollo existe, mayor es posibilidad de repartir equitativamente y de sostener la gobernabilidad”. Sin embargo Oszlak entiende que “en la Argentina se ha invertido esa relación, es decir, hemos tenido subdesarrollo, por lo tanto, poca capacidad de distribución equitativa y por lo tanto baja gobernabilidad” y señala que así como fue en época del menemismo ahora con Milei en el Gobierno “se han corrido las fronteras entre la sociedad y el Estado, convirtiendo al sector privado en el eje fundamental de desarrollo económico, jibarizando, cortando de la cabeza al aparato estatal, hasta límites cercanos a la extinción si fuera posible” y agrega que “apostó a que las relaciones de mercado y la maximización del interés individual sean la fórmula mágica que devuelva al país la prosperidad perdida. Esto es un error, hace muchos años atrás, el Canciller alemán, Konrad Adenauer, lo sintetizó en una especie de fórmula que decía que debería haber tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario”.

Oszlak subraya que contrario a esta propuesta “la gestión pública es una cuestión en tres tiempos: hay que gestionar el futuro a través de la planificación, a través de la programación, y hay que gestionar el pasado a través del seguimiento, el control y la evaluación de la gestión pública, cosa que prácticamente ningún gobierno ha hecho” y prosigue señalando que “cada gobierno engendra nuevos hijos institucionales, crea, elimina organismos, decenas y decenas de organismos fueron creados después del gobierno de Menem, algunos desaparecen, otros organismos sobreviven, algo así como en las capas escondidos dentro del aparato estatal, y la incoherencia crece cuanto más diferente es la orientación política ideológica de los gobiernos, de los regímenes políticos, sean peronistas, no peronistas, sean militares o gobiernos civiles. Entonces la burocracia ha terminado, convirtiéndose en un inmenso cementerio de proyectos políticos, donde nunca se ha estudiado el valor público de lo que hace cada organismo. Y empeora cuando cambia el signo político”.

En ese marco hace hincapié en lo que pasa con el actual Gobierno Nacional que “a lo largo de estos casi 2 años de gobierno, ha producido tal vez la mayor parálisis del aparato estatal que hayamos conocido en la historia institucional argentina. Se ha desprendido de personal cuando eso no resuelve de ninguna manera el problema de determinar en cada área de la gestión pública cuál debe ser la dotación necesaria de personal, cuál debe ser la composición, el tamaño óptimo, en última instancia, la dimensión y el papel que debe tener el Estado”. “El gobierno actual propuso que para romper este círculo de estancamiento, pobreza e ingobernabilidad que hemos tenido durante tantos años, había que serruchar el Estado, había que liberar la fuerza del mercado porque reduciendo el peso y el agobio del excesivo aparato estatal que genera a la actividad productiva, la propia dinámica de la famosa mano invisible del mercado, iba a revertir esta relación entre gobernabilidad, desarrollo y equidad. En lugar de benefactor, Estado benefactor, término que hemos utilizado largamente, el Estado fue denostado como una organización criminal, como el problema y no la solución de estas reiteradas crisis que hemos atravesado en la Argentina, y entonces si se lo desregula eliminando sus organismos de intervención en los mercados”, subrayó.

En la ponencia brindada sobre “Empleo público, estatalidad y carrera estatal”, el politólogo explicó que “la dimensión del Estado no es solamente la dotación de personal, esta es solamente una parte mínima del presupuesto público. El verdadero peso del Estado corresponde a los subsidios, las transferencias y sobre todo los gastos que corresponden a subsidios y corresponden al pago de la deuda pública, que es una deuda que sigue creciendo y que nos va a seguir requiriendo destinar cada vez una porción mayor del presupuesto al pago de esa deuda impagable. Por eso el Gobierno Nacional decidió también meterse en este rubro para reducir los costos salariales, apelando además de la motosierra a otra herramienta igualmente ruidosa que es la licuadora”.

Para certificar la necesidad de la firme presencia del Estado, Oszlak  mencionó que “lo que hicieron Alemania, país con el que siempre se compara nuestro Presidente, o los países escandinavos y también los tigres asiáticos fue apuntalar el Estado desarrollista y sus políticas de industrialización, de apoyo a la innovación científico-tecnológica. Estas fueron un factor decisivo de esa rápida incorporación al núcleo de países libres del mundo desarrollado. Claro, fueron Estados en los cuales hubo una protagónica intervención de Estados capaces de producir estímulos en la actividad privada, pero sin mezclarse necesariamente con los intereses de la actividad privada”.

El cientista político cierra su exposición con palabras del Michel Camdessus, director gerente del FMI quién en su momento dijo que “si se abandona totalmente el mercado a sus mecanismos, corre el riesgo de que los más débiles sean pisoteados”.

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