ATE

por Valeria Taramasco

Este 24 de marzo se repetirán escenas, abrazos, encuentros, reencuentros, emociones, alegrías. Encontrarnos en la calle, reivindicar las luchas de quienes nos fueron arrebatadas y arrebatados, poner el cuerpo en el ejercicio de la memoria colectiva, buscar la verdad y reclamar justicia, gritar que NUNCA MÁS, cantar a dónde vayan los iremos a buscar, exclamar con la emoción apretando en el cuello que las y los 30 mil están presentes, ahí al lado nuestro, ahora y siempre, todo ello forma parte de una liturgia que se repite cada 24 con orgullo y compromiso, con ¨La Plaza¨ y las plazas de todo el país, más llenas, o no tanto, desde hace años. Pero este 24 no es uno más.

Cuando se acaban de cumplir 40 años de la recuperación de la democracia vemos resurgir intentos de banalizar y hasta reivindicar lo ocurrido durante la última dictadura cívico militar, poniendo en cuestión que son 30 mil nuestros compañeros y compañeras detenidas desaparecidas, volviendo al paradigma de la teoría de los dos demonios y planteando que lo que ocurrió fue una guerra, negando de esta manera el terrorismo de Estado y que lo que ocurrió fue un genocidio. Consecuentemente con esto ya han comenzado los despidos en distintos Sitios de la Memoria y la Secretaría de Derechos Humanos y el vaciamiento de toda la política de Memoria, Verdad y Justicia.

Estamos frente a un Gobierno que pretende llevar a cabo el mismo proyecto económico de la dictadura. Maximizar las ganancias de las grandes corporaciones, entregar la soberanía del país, hambrear al pueblo y desarticular las organizaciones políticas, sindicales y sociales. Y como el ajuste no cierra sin represión, también intenta criminalizar la protesta.

Por todo esto debemos redoblar el compromiso y desbordar las plazas. Porque cuando hay masividad no hay protocolo posible. Porque cuando hay masividad nos sentimos en colectivo. Porque nos quieren individualidades y nos sabemos colectivo.

Les trabajadores tenemos memoria
Nosotras y nosotros, desde el sindicato asumimos el compromiso de promover activamente la memoria, buscando la verdad, para que se haga justicia. Y este compromiso lo asumimos previamente a que Memoria, Verdad y Justicia sean una Política de Estado. Y como trabajadoras y trabajadores del Estado, en los distintos organismos, garantizamos que las políticas de Memoria, Verdad y Justicia sean efectivas, aportando en la tramitación de las causas penales sobre el terrorismo de Estado, acompañando a víctimas y familiares, garantizando el derecho a la identidad, registrando, custodiando y promoviendo la memoria, denunciando las violaciones a los Derechos Humanos ocurridas durante la etapa más oscura de la Argentina.

Desde la Secretaría de Derechos Humanos de ATE Nacional, creada recientemente con el cambio de Estatuto, nos comprometemos a poner en valor ese trabajo y esas políticas, y a darnos a la tarea de promover la formación, la reflexión y la discusión sobre el terrorismo de Estado y sus consecuencias. Creemos necesario que este compromiso no se agote en un puñado de dirigentes y dirigentas, nuestro rol desde el Sindicato es poder inscribir lo que ocurrió durante el terrorismo de Estado en la historia de las trabajadoras y los trabajadores. Porque se calcula que el 66 por ciento de las personas secuestradas y desaparecidas fueron trabajadoras y trabajadores activistas, delegadas y delegados sindicales. Porque era necesario implantar el terror, desarmar los altos niveles de participación política e implantar un modelo económico que logró revertir la participación de las y los trabajadores en la distribución de la riqueza, que pasó de casi el 50 al 30 por ciento.

Creemos indispensable continuar ejercitando la memoria colectiva, porque la batalla cultural nunca debe darse por concluida. Y porque consideramos que, más allá del drama personal de las víctimas directas, la sociedad en su conjunto fue víctima de lo acontecido en la última dictadura cívico militar, un verdadero drama social cuyas consecuencias siguen operando en nuestra configuración social, a nivel político, económico y cultural.

Cuando se cumplen 40 años de democracia nos resulta imprescindible poner en valor las conquistas colectivas, incluyendo la democracia como una conquista más, poner en perspectiva histórica lo que muchas personas experimentan como dado, más aún en un contexto donde los principios básicos de la democracia y el Estado de Derecho intentan ponerse en cuestión.

Vamos a seguir diciendo que son 30 mil, que no fue una guerra, que fue un genocidio planificado desde el Estado para inocular el terror y modificar el modelo económico, fue terrorismo de Estado.

*Secretaria de Derechos Humanos del Consejo Directivo Nacional de ATE

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