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Investigadores científicos volvieron a manifestarse hoy contra el recorte ratificado por el presidente del organismo y el ministro Baraño

Finalmente el viernes pasado
se oficializó el ingreso al CONICET de sólo 455 investigadores científicos.
Quedaron excluidas 489 personas que habían aprobado sus evaluaciones y para
cuya carrera estaba asignada la partida presupuestaria correspondiente.  

La decisión arrastra varias
consecuencias. Por un lado, desvía el sentido del Plan Argentina Innovadora,
un programa
aprobado en 2013 por el entonces y actual Ministro de Ciencia, Lino Barañao,
que establece el propósito de elevar la planta de científicos a 15 mil en 2020.
Durante los últimos siete años, el ingreso por año no había bajado de 700
personas.

Por otro lado, se derrumba la inversión que
el Estado argentino hace sobre cada uno de esos 489 investigadores excluidos
que buscan su pase a planta permanente, becados durante años sin aportes
previsionales ni obra social para realizar doctorados, posdoctorados, escribir
artículos en revistas científicas de relevancia nacional y extranjera, libros y
lo que ellos denominan “papers”.   

Mario Muñoz, Secretario
Gremial de ATE, acompañó la protesta que hoy los investigadores y sus sindicatos
realizaron en la sede nacional del Ministerio de Ciencia, Tecnología e
Innovación Productiva, en Palermo, y expresó: “Mientras el gobierno de Macri
elimina los impuestos a las empresas mineras por 3500 millones de pesos, le
retacea 200 millones a los investigadores, lo que es igual al 2% del presupuesto
general del CONICET”.

Andrés Stagnaro, por
ejemplo, es uno de los investigadores afectados. Es de La Plata, afiliado a
ATE, obtuvo la triple recomendación en instancias evaluatorias muy estrictas,
superiores a las del sector privado. Estudia la utilización de la Justicia del Trabajo
por los trabajadores. Un enfoque original que al menos momentáneamente no podrá
seguir realizando.

Otro caso es el de Soledad
Pereyra, también de La Plata y afiliada a ATE, que volvió a nuestro país
alentada por las becas de reinserción del CONICET. Tiene un informe técnico
impecable, pero no podrá continuar con su análisis de la literatura. “Soy una
convencida de que el estudio de la cultura tiene que ser parte de la ciencia”,
aduce.

Marcelo Miller, astrónomo
bonaerense, para quien el presidente de CONICET, Alejandro Ceccatto, vendría a
ser un parásito del sistema, denuncia asimismo el recorte presupuestario
destinado a los grupos de investigación. Mejor que nunca vale recordar las
palabras del in
ventor del organismo y Premio Nobel Bernardo Houssay, cuando sostuvo,
sesenta años atrás, que la ciencia no es un lujo de países ricos, sino una
necesidad de países pobres.

“Ocurre que también se
limita el presupuesto a la infraestructura. Es decir, a las condiciones objetivas
en las que trabajamos los científicos”, manifestó Flavio Sives, delegado
general de ATE en el CONICET La Plata.

El dirigente destacó que
tanto Barañao como Ceccatto suscribieron el Plan Argentina Innovadora 2020 que
hoy destruyen. “No aceptamos un recorte sobre lo ya asignado para 2016. Porque
además, con qué criterio ingresan unos y otros no. Que cumpla con su palabra:
si no consigue la plata que renuncie”, lo desafió.

Una comitiva de los
gremios docentes, estudiantiles y de investigadores presentes fue recibida por
el ministro Barañao, quien ratificó el recorte sin mayores explicaciones, a
pesar del petitorio con 4500 firmas de la comunidad académica para que lo
revierta. En consecuencia, un grupo de becarios decidieron permanecer en la
sede del ministerio.

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