Daniel Parcero
realizó una exitosa presentación del 1er tomo de la historia de ATE Santa Cruz.
El viernes pasado tuvo lugar en Pico Truncado la
presentación de la primera parte de la reconstrucción histórica de ATE Santa
Cruz, a cargo del investigador revisionista Daniel Parcero, bajo la
denominación “De los telepostales a los hijos del socavón”. A través de una
charla debate, el reconocido historiador describió los principales hitos del
desarrollo de la entidad sindical durante sus primeros años de existencia,
compartiendo además anécdotas que rodearon las circunstancias de la producción
del material. Dicha reconstrucción histórica había sido presentada previamente
en Río Gallegos el año pasado, evento que sirvió además para el reconocimiento
en vida de los octagenarios Vidal Osorio y Rogelio Guanuco, dos arietes
fundamentales en el origen de la organización, que casi quedaron en el olvido.
En los últimos días, previamente a su llegada a Pico Truncado, se realizó una iniciativa
similar en Las Heras. En este caso, la cita tuvo lugar en la Biblioteca
Pública, Municipal y Popular “Aimé Payne”. Además del autor del libro, Daniel
Parcero, estuvieron presentes desde la coordinación la Secretaria General de
ATE Pico Truncado, Alba Curaqueo, y la Secretaria de Organización, Mabel López.
Asimismo, un importante grupo de afiliados y vecinos en general se acercaron a
conocer los primeros pasos de la organización en la provincia, entre los años
1932 y 1976. Finalizada la charla debate, se realizó la donación de un importante
compendio de material literario tanto para la biblioteca municipal, como para
la propia seccional ATE Pico Truncado, con el compromiso de regresar para
aportar en la conformación de una biblioteca propia de la asociación sindical.
Sinopsis
La reconstrucción histórica parte de una visión no
cronológica de lo que fue la organización sindical de los trabajadores del
estado, en todo el territorio de Santa Cruz, que comienza 7 años después de que
naciera la organización a nivel nacional, y está contada en el contexto de las
relaciones entre el estado y la sociedad.
El primer intento organizativo fue en 1932, a partir del desmembramiento
de la Federación de Obreros y Empleados de Correos y Telégrafos. En ese
momento, en distintas provincias argentinas, estos trabajadores se desvinculan
de su gremio y se afilian de manera directa a la ATE, y piden ser reconocidos
como rama de telepostales que adhieren en cada una de esas provincias, entre
ellas, Santa Cruz. Las autoridades nacionales les indican que pueden hacerlo,
pero siendo parte integral de la Seccional existente, o en el caso que no
existiera, como seccional de ATE, no con autonomía. Eso lleva una polémica
interna, en la que algunos están de acuerdo y otros no. Acá se funda la
seccional el 22 de Septiembre de 1932, a través de la figura de Pantaleón
Pedraza, pero manteniendo la idea de ser autónomos. Sin embargo, este propósito
al poco tiempo se disuelve. Unos vuelven al viejo gremio y otros forman la
Asociación de Telegrafistas. Tres décadas más tarde, una vez descubierta la
cuenca minera, y llegada la etapa de la revolución instalada en argentina a
partir de 1943, que empieza la explotación carbonífera en mina 1 de Río Turbio,
trabajadores chilenos e inmigrantes del interior expulsados de sus provincias,
como consecuencia de la década infame, se dan a la organización también como
afiliados directos de la seccional de la cuenca carbonífera. Dos de ellos
viven, y a partir de esta investigación, a la edad de 81 y 85 años, pudieron
ser rescatados del olvido, y homenajeados el pasado año. Uno de ellos chileno,
Vidal Osorio, y el otro oriundo del pueblo originario diaguita calchaquí,
Rogelio Guanuco. Esta experiencia organizativa se mantiene hasta la llegada del
gobierno de facto del general Onganía. Previamente, en 1960, cuando se produce
el terremoto de escala sísmica más terrible en la historia de la humanidad
hasta nuestros días en Puerto Natale, es Guanuco el que desde Río Turbio
organiza una marcha solidaria transportando en 20 camiones alimentos y otros menesteres,
que recolecta de comercios, fábricas de Río Turbio y Río Gallegos, y lo
traslada a Natale, donde es recibido por el pueblo damnificado y el alcalde de
la ciudad, como un verdadero patriota que todavía se recuerda. Desde la
organización, nunca fue reconocido hasta el año pasado.
En 1966, instalada la burocracia colaboracionista en el
gremio, en manos de Juan Jorbat, bajo el argumento de que había más afiliados
chilenos que argentinos y considerando que Guanuco defendía más a aquellos que
a sus compatriotas, la Seccional es intervenida. Guanuco debe irse de la
provincia, y es expulsado, a lo que se sumaba otro argumento falso de que el
propio secretario general nacional en su visita a Río Turbio, había observado
comportamientos extraños (salidas nocturnas de los mineros, alcohol y mazos de
cartas en la precaria sede), con lo que se estarían malversado fondos. La
Seccional es normalizada varios años después, a partir de la llegada de la
primavera camporista, y de una nueva camada de trabajadores proveniente de 28
de Noviembre, mineros y empleados, hombres y mujeres, vinculados a los
yacimientos, todos pertenecientes a la Juventud Peronista, que venían militando
y trabajado en el carbón desde finales del gobierno de Illia.
El auge de la explotación minera, y las estelas dejadas por
el desaparecido estado de participación y bienestar encarados a partir del 17
de Octubre del 45 por el general Perón, todavía mostraba el desarrollo
industrialista que se había generado, a punto tal de que pasadas dos dictaduras,
a pronto de instalarse la tercera, y caídos dos gobiernos, el de Frondizi y el
de Illia, todavía la organización en Río Turbio de los estales se mantenía en
pie. Dos décadas antes, en 1953, una vez establecidas las oficinas de ICF en
Río Gallegos, se había reabierto la seccional a partir de la decisión política
de una empleada llamada Lía Cora Ferrari, cuyo marido era uno de los
directores; pero este nuevo intento en Río Gallegos, termina con la disolución
de la seccional, al ser despedidos de sus lugares de trabajo por la dictadura
de Aranguru-Rojas, Lia Cora y su marido.
Esta seccional se recupera recién a mediados de la década del 60, por la
decisión de otro inmigrante trabajador del estado, llegado del interior y que
tendrá un protagonismo central no sólo a nivel local, sino nacional, y que fue
Edgardo Murguía, quien motoriza esa reorganización, y con la amistad y la
relaciones del entonces militante justicialista Jorge Cepernik, que llegara a
ser gobernador en los 70, Murguía escalará a nivel nacional en las sábanas
electorales del PJ, como senador nacional, siendo el número 2, después del ex
presidente provisional del senado, Italo Luder.
Esa seccional se mantiene en permanente desarrollo y
crecimiento, junto con el nuevo impulso que había tomado la de Rio Turbio, y
logran protagonizar conjuntamente la aprobación del convenio colectivo de
trabajo conocido como 3/75, el más importante de la historia de los yacimientos
que todavía está vigente, y que el neoliberalismo macrista intenta por todos
los medios desactivar, sin haberlo podido lograr hasta ahora. De la sanción de
aquel convenio, debe rescatarse previamente el importante proceso
autogestionario y de formación y capacitación sindical, logrado en Río Gallegos
a partir de la coherencia y el sentir nacional de un ingiero llamado Pajares,
que conjuntamente con la dirigencia obrera, llevaron adelante este proceso.
Llegado el golpe de 1976, todos aquellos actores de la ATE
Rio Turbio como los de Río Gallegos fueron perseguidos, despedidos, encarcelados
por los militares del régimen de facto, y lo más triste, olvidados por la
dirigencia del gremio, hasta que pudieran ser como Osorio de Guanuco,
rescatados por la organización a partir de esta investigación. Todos pudieron
volver a su casa, la de los trabajadores, después de 40 años, regresando en la
sede del Consejo Directivo Provincial de ATE, conducido por Alejandro Garzón, y
reencontrarse, abrazarse, reconocerse, y retomar la idea de volver a estar al
servicio de la organización, con sus conocimientos, sus experiencias y la
visión de la necesidad del establecimiento de un estado de bienestar y
participación, que sólo podrá llevarnos a una senda de liberación nacional.





