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Secretario General de ATE Mendoza

Desde hace tiempo en nuestra provincia se está impulsando, a
través de hechos concretos y discursos de varios dirigentes políticos, a
inducir en la sociedad en general que es normal que haya hambre en Mendoza,
como si esa problemática social fuera algo natural. No obstante, resulta
inadmisible y fuera de lugar en todo marco, naturalizar el hambre en parte de
nuestra comunidad.

Casos concretos de esto que planteamos se reflejan
claramente en la política social y económica que tenemos, en cuanto los
trabajadores o sectores de menor poder adquisitivo son relegados o escondidos
en distintos puntos de la provincia, llámense villas, barrios populares, entre
otros, que por lo general están alejados del microcentro o Km 0 de nuestras
ciudades.

En estos últimos treinta días esta situación quedo en
relieve frente al conflicto municipal en plena capital de Mendoza, donde los
trabajadores de la comuna citadina manifestaban una necesidad, frente a una
realidad concreta: trabajar durante años más de 40 horas semanales con salarios
muy por debajo de la línea de pobreza, quedando, tanto ellos como sus familias,
excluidos de necesidades básicas como poder comer más de una vez por día; poder
tener un servicio esencial como el agua, entre otras situaciones que dignifican
la vida de cualquier persona.

La carencia social y salarial estructural, junto con la
discriminación y explotación por parte de distintas autoridades del municipio
sobre esta realidad que ejecutan sobre los trabajadores Municipales de Capital,
con cargas horarias exuberantes por salarios paupérrimos, ayudan a entender las
conductas arbitrarias de funcionarios que perciben sueldos por encima de los
$120.000, mientras los asalariados quedan por debajo de la pobreza extrema, con
básicos que no superan los $13.100.

El maltrato, y la violencia institucional y personal que
ejercen sobre los trabajadores es tan cruel como inmensa. Solo con mencionar
miserables reprimendas que padecen las bases, como no pagarles las horas
trabajadas o suspenderlos por mirar a la cara a distintos capataces y funcionarios
municipales, podemos dar cuenta de ello.

Así, construyen una aberrante realidad para la clase obrera,
en la que te sancionan por ser pobre y te persiguen por no tener fuerzas para
palear más de 8 horas al día. Es la verdad, no hace falta irse a África, ni ver
una documental de hace 200 años atrás sobre la esclavitud o la opresión, para
abrir los ojos y ver que esto ocurre en la Capital de Mendoza.

El problema radica en que los gobiernos quieren ocultar esta
realidad a la sociedad, no sólo tratando de desmentir los hechos atroces,
desviar el tema o politizar la situación, sino acallando reclamos pacíficos y
dignos, contra los que se comenten terribles barbaridades propias de las épocas
más oscuras de nuestra historia nacional, como es la represión de los
trabajadores que manifiestan esta aberrante situación.

De esta manera se criminaliza la pobreza y el grito de
dignidad de los que padecen el hambre. Precisamente, esa criminalización se
concretó en hechos, como los antes mencionados o por omisión, sabiendo que esta
situación existe.

Lo que hace falta es una verdadera política social y
económica para poder mejorar la calidad de vida de estos trabajadores y
ciudadanos, con una justa redistribución de la riqueza.

Lo único que se encuentra en esta realidad es esa gran
grieta social, que se plasma por parte de la dirigencia y de la sociedad. Nadie
tiene que ser reprimido, ni excluido, porque todos tienen derechos. Ellos solo
piden cobrar por lo que trabajan, quieren dignidad y no hambre. Esto se logra
teniendo un diálogo sincero y constructivo, con los gobiernos y las
instituciones que representan a los trabajadores, principalmente para no seguir
revictimizando a los hoy están padeciendo este flagelo.

Desde nuestro sindicato y central obrera, siempre estaremos
junto a los trabajadores, más aun con los más vulnerables.

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