Desde hace
más de 8 años desempeñaba tareas de comunicación en el programa. No era una
trabajadora que pensaba la comunicación como tradicionalmente se la conoce, una
herramienta para difundir un hecho en un medio. Si no que consideraba que, para
los sectores con los que trabajaba todos los días, campesinos, agricultores
familiares y comunidades originarias, la comunicación, ejercida como un derecho
humano, podía servirles para, sin intermediarios, ayudarles a expresar sus
problemáticas, luchas y alegrías.
En eso
trabajo en esos 8 años. Desde el ProHuerta y en Chaco, con otros compañeros,
impulsó una red de radios escolares rurales, en las escuelas en donde asistían
los hijos de los huerteros de ProHuerta, de los agricultores familiares y
campesinos con los que trabajaba. Esa era su preocupación, como la comunicación
podía servir a esos sectores para decir, para denunciar la explotación y
postergación, para ayudar a organizarlos. Impulsó talleres, formó a niños y
adultos, gestionó la instalación de radios escolares, elaboró proyectos con las
escuelas y con organizaciones de la agricultura familiar, escribió los procesos
para que sirvieran de ejemplo en otros rincones del país, los compartió, se
junto con otros en todo el país. Soñó e hizo lo posible, desde su lugar, por la
construcción de la utopía de un país más justo e inclusivo.
Su marido
Germán también trabajaba la comunicación en el mismo sentido en la Secretaria
de Agricultura Familiar. Tenían una nena que hace unas semanas cumplió un año.
Como miles
de laburantes de la gestión pública, desde hace 4 meses, viven la humillación,
la persecución y el maltrato, no solo de un gobierno que nos trata de ñoquis y
vagos, sino de un sector importante de la prensa nacional y la sociedad que
repite ese relato, sin fundamentos, sin saber, sin conocer una sola historia de
estos trabajadores, queriéndole cobrar a Melisas y Germanes vaya saber qué
venganza.
Hoy,
mientras intentaba explicar su situación en una asamblea de trabajadores en
Chaco: por decisión del Ministerio de Desarrollo Social su contrato precarizado
había sido extendido por tres meses, sin seguridad de renovación (como cerca de
232 trabajadores de ProHuerta en todo el país) y su marido Germán había sido
despedido de la Secretaria de Agricultura Familiar. Mientras explicaba sus
miedos por la continuidad de sus sueños de trabajo y familia, les había sido
otorgado el año pasado un crédito Procrear para la primer vivienda, se
descompensó, sufrió un paro cardíaco y murió cuando era trasladada al hospital
más cercano para ser atendida.
Melisa
Bogarin tenía 30 años.
El proyecto
de gobierno encarnado por Mauricio Macri no es solo un gobierno de ajuste, de
devaluación, de tarifazos, de despidos. Es un gobierno de muerte. Y los
trabajadores no queremos una muerte más. En tu memoria, por tu trabajo, por tus
sueños y por tu familia, los trabajadores de INTA, tus compañeros, te
prometemos mantener encendido el reclamo de justicia.


