ATE

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on telegram

Estamos llegando al final de un año que, como el anterior, fue atravesado por la pandemia de Covid-19 y por la especulación de los grandes grupos económicos. Nuevamente hemos tenido un año muy duro, pero no hemos dejado de dar luchas de resistencia y hemos demostrado nuestra capacidad de construir propuestas e iniciativas para encontrar caminos de salida a esta crisis con el protagonismo de las y los trabajadores.

Estamos también a días de concretar un hecho sumamente relevante: El Congreso de nuestra CTA Autónoma, que expresará la consolidación de la organización interna y del crecimiento de nuestra Central, situación de la que tenemos que estar muy orgullosos porque quienes somos parte de ATE hemos contribuido a ella de manera significativa a través del aporte de nuestros cuadros y militantes a lo largo y ancho de todo el país.

Ese crecimiento de la Central y su enraizamiento en todo el territorio nacional se manifiestan en la incorporación de nuevas organizaciones y en la capacidad de convocar al fortalecimiento de la unidad del movimiento popular como lo hemos hecho a través de los Manifiestos por la Soberanía, el Trabajo y la Producción los 1° de Mayo de los últimos dos años.

Este fin de año nos encuentra en medio de una gran pulseada con el Fondo Monetario Internacional en la que no hay que ceder. Seguramente nuestro Congreso ratificará el posicionamiento claro que hemos tenido para decir ‘No al FMI’ cuando nos movilizamos el 28 de octubre, o cuando impulsamos junto a la CTA-A y a organizaciones hermanas la presentación de una cautelar ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Del mismo modo, exigiremos una vez más al Gobierno la elaboración de un Presupuesto Nacional que no sea de ajuste, y que no permita aceptar ningún tipo de extorsión y condicionamiento por parte del FMI. Estamos ingresando en la segunda mitad de este Gobierno y, por lo tanto, para garantizar que se concreten los objetivos de soberanía, de justa distribución de la riqueza y de reactivación económica, no puede haber condicionamientos.

Las y los trabajadores estatales entendemos muy bien por qué hay que ponerle un freno al acuerdo con el FMI, y sabemos que sus recetas de ajustes con la excusa de la reducción del déficit fiscal recaen necesariamente no sólo sobre el funcionamiento del Estado, limitando sus capacidades de intervención en el desarrollo productivo y en su capacidad de desarrollo científico-tecnológico y productivo, sino también directamente sobre el salario y las condiciones laborales de las y los trabajadores, tanto del Estado Nacional como de los Estados Provinciales y Municipales.

Es por eso que para nosotros ha sido tan importante en este año el desarrollo y funcionamiento del Convenio Colectivo de Trabajo que nos está permitiendo avanzar en el objetivo de los pases a planta permanente y reubicaciones de las y los trabajadores del Estado Nacional, como así también en varias provincias. También hemos tenido avances en la discusión salarial para estar, en este año, por encima de los índices inflacionarios que son producto de la acción especulativa de las empresas transnacionales formadoras de precios y de las –todavía- insuficientes medidas del Gobierno Nacional para ponerle límites. Medidas que fueron insuficientes por haber sido algo tardías en su aplicación, pero imprescindibles porque las grandes empresas transnacionales no solamente especulan para seguir apropiándose de los recursos de nuestro pueblo a través del aumento de precios, sino también para trasladar de manera inaceptable e inadmisible los precios internacionales al mercado interno.

En este año ha sido muy importante el logro de la bonificación para las y los trabajadores de la Salud del Estado Nacional, y esperamos que se reproduzca en todas las provincias, como así también esperamos que antes de fin de año se haga efectivo un bono para el resto de las y los estatales. Hay que garantizar que el esfuerzo que ellos y ellas vienen realizando, enfrentando a la pandemia y vehiculizando la aplicación de políticas del Estado, sea reconocido.

En ese sentido es para nosotros muy valioso haber sido parte central del debate en el Congreso Federal de Empleo Público convocado por el Consejo Federal de la Función Pública. Fue importante allí el reconocimiento por parte de autoridades del Gobierno Nacional, de los gobiernos provinciales y de representantes académicas de universidades de todo el país, del rol fundamental que las y los estatales cumplimos para el conjunto de la sociedad, y de la importancia de fortalecer al Estado como principal garantía de políticas públicas que respondan al interés de las mayorías populares.

Fue un Congreso por el que trabajamos mucho tiempo y podemos decir, con orgullo, que fue empujado por diversos encuentros que en estos dos años hemos convocado desde nuestro gremio, como fue el de marzo del año pasado, antes de la aparición de la pandemia, para pensar propuestas de desarrollo productivo soberano en áreas como el transporte, la ciencia y la tecnología, la energía; o como el último seminario que realizamos en noviembre de este año, que titulamos ‘El Estado que necesitamos para enfrentar las pandemias’. Entre otras iniciativas también se destacaron los encuentros nacionales de Salud para promover un sistema nacional integrado y un Convenio Colectivo nacional para sus trabajadores y trabajadoras.

Esperamos que este debate se profundice y que otros Consejos Federales, especialmente el del Trabajo y el de Salud, entre otros, imiten y reproduzcan esta iniciativa, porque la perspectiva de una política nacional se fortalece en tanto y en cuanto los ámbitos de debate y de participación institucional se abran a nuevas dimensiones. Particularmente con los Consejos Federales, que en los años ‘90 fueron el vehículo para la aplicación de políticas de ajuste hacia las provincias y los municipios. En este tiempo necesitamos que sean, por el contrario, el vehículo para fortalecer esas estructuras estatales. Fundamentalmente en el marco de políticas nacionales que tengan que ver con robustecer la intervención del Estado como principal garantía de abordaje colectivo a un escenario de emergencia como el que seguimos transitando en nuestro país y en el mundo.

Este escenario es producto de los efectos catastróficos de la pandemia neoliberal primero, de la pandemia sanitaria después, y del egoísmo y el ansia desmedida de poder de las grandes empresas transnacionales que siguen apropiándose de las riquezas de los pueblos del mundo. El Estado es la única garantía de que no sean esos sectores los que sean beneficiarios de esta crisis, y de que encontremos una salida de intereses colectivos.

En ese camino estamos, orgullosos de que aún en estos contextos difíciles nuestra ATE y nuestra CTA-A sigan creciendo en capacidad organizativa y de participación, en vida democrática y en formación de nuestros cuadros, y de que esto se vea reflejado una vez más en las páginas de este nuevo número de ‘El Trabajador del Estado’ que, al igual que nuestro gremio, está muy cerca de cumplir los cien años de vida.

*Editorial publicada en la última edición de El Trabajador del Estado.

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on telegram

NOTICIAS RELACIONADAS