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Cuando el 13 de octubre pasado fue encontrado el cuerpo sin vida de Diana Sacayán se confirmó que en Argentina el femicidio es una problemática vigente y profunda que hasta el día de hoy no ha encontrado una solución concreta. Sacayán, coordinadora del Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación (MAL) e integrante de la Asociación Internacional de Lezbianas, Gays y Bisexuales (Ilga), fue una militante comprometida y reconocida a nivel internacional.

Sacayán,
coordinadora del Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación (MAL) e
integrante de la Asociación Internacional de Lezbianas, Gays y Bisexuales
(Ilga), fue una militante comprometida y reconocida a nivel internacional.

Trabajadora
del Programa de Diversidad Sexual del Inadi y defensora de la ley de cupo
laboral trans que la legislatura bonaerense sancionó en septiembre pasado,
Sacayán había nacido en Tucumán y siendo bebés sus padres migraron a Buenos
Aires.
La vida de Diana fue dura, pero supo canalizar las injusticias que vivió en una
militancia política permanente y ejemplar. Su militancia también le acarreó
problemas: dos semanas antes de ser asesinada, fue golpeada y detenida por la
Policía Metropolitana. Ante esa situación, Sacayán denunció que “no podemos
vivir amenazadas por las propias fuerzas de seguridad que deberían cuidarnos”.

Desde el
Departamento de Derechos Humanos y el Observatorio de Vulneración de Derechos
de ATE-Nacional, no sólo repudiamos su asesinato, sino que también exigimos que
se esclarezca el crimen. La muerte de Diana Sacayán no es un hecho aislado en
el país, ya que el femicidio y la violencia de género se aplican de forma
cotidiana: En Argentina, el promedio de vida de una persona trans es de 35
años, debido a que son víctimas de la exclusión.

Otra muestra
se puede encontrar en el “Estudio sobre violencia de género” realizado por el
Centro de Investigaciones Sociales Voice y la Fundación UADE, dado a conocer en
el mes de septiembre. Según la investigación, al menos una de cada diez mujeres
argentinas sufrió distintas formas de violencia machista por parte de su pareja
en el último año.

Otra voz de
alerta fue pronunciada desde el “Observatorio de Femicidios Marisel Zambrano”,
perteneciente a la ONG La Casa del Encuentro, que denunció que en la semana del
5 al 11 de octubre de este año nueve mujeres fueron asesinadas sólo por ser
mujeres. De ese total, en ocho casos los novios o ex parejas de las mujeres son
los sospechosos de haber cometido el crimen.

La represión
desatada por la policía bonaerense contra las mujeres que en Mar del Plata que
marcharon en el marco del Encuentro Nacional de Mujeres no es un hecho aislado.
La policía, que rompió el protocolo que rige a la institución, utilizó a
agentes de civil que abrieron fuego contra los y las manifestantes frente a la
Catedral de Mar del Plata y que, además, los disparos con municiones de caucho
fueron dirigidos a la cabeza de las personas que se movilizaban.

La policía
también actuó como fuerza de protección del grupo de ultraderechistas
encabezados por el neonazi Gustavo Pampillón, responsable de tumbar las rejas
de la catedral. La actuación policial contra el Encuentro Nacional de Mujeres,
que es el más grande que se realiza en América todos los años, es una muestra
cabal de una fuerza al servicio de la represión del movimiento popular.

El
Departamento de Derechos Humanos y el Observatorio de Vulneración de Derechos ha
denunciado a las fuerzas policiales en varias oportunidades por atacar y operar
en contra de los trabajadores y las trabajadoras que demandan se cumplan sus
derechos básicos.

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