Nacieron en el Chaco, pero rápidamente se expandieron a
todas las provincias del Nordeste (Chaco, Santa Fe, Misiones, Formosa y
Corrientes) e, incluso, se propagó a otros puntos del territorio nacional (Entre
Ríos, Córdoba y Buenos Aires). En cada una de las provincias, las Ligas se
fueron organizando en torno a la familia rural y con un fuerte arraigo
territorial, es decir, una construcción desde las bases.
Para percibir el espíritu del movimiento, nada mejor que recuperar
las palabras de los documentos de la época: “las Ligas Agrarias están para que
nos defendamos nosotros los agricultores; están para que nos defendamos de los
intereses que nos tienen presos, sin que veamos ninguna posibilidad de salir de
nuestra situación de hambre y miseria. Para que haya justicia en el campo, para
que nuestros hijos puedan tener educación, vivienda, tierra suficiente y
podamos así, los campesinos vivir como merece vivir un hombre”.
Decididos a hacer valer sus derechos, tantas veces negados,
los hombres y mujeres del campo se enfrentaron a los monopolios nacionales e
internacionales, a los terratenientes que acaparaban las mejores tierras y
desalojaban a los campesinos y al gobierno militar de Alejandro Lanusse. El
movimiento agrario fue creciendo y creciendo hasta transformarse en el actor colectivo
con mayor grado de organización y movilización en la región del NEA. En su
conjunto, las Ligas llegaron a organizar, de acuerdo a algunas estimaciones, a
más de 20.000 familias y 54.000 jóvenes. Aún hoy, continúa siendo una de las
experiencias organizativas más importantes del medio rural en la historia
nacional.
organizaciones del pueblo, se
seguridad y grupos parapoliciales. Muchos militantes liguistas fueron perseguidos y detenidos. La escalada represiva llegó a su máxima
expresión con la dictadura militar instalada en marzo de 1976, en este marco,
la persecución contra las Ligas se agravó hasta generar su desmovilización y
desarticulación.
Como aprendemos de la historia y del mismo pueblo, los
procesos sociales “no se detienen ni con la represión ni con el crimen”. Con
las Ligas Agrarias, sin duda fue así.
Hoy, a cincuenta años de su creación, las Ligas son
recordadas como la irrupción del campesinado en la historia argentina, sujeto
social invisibilizado y rechazado en el discurso hegemónico. Hoy los
movimientos campesinos surgidos a la vuelta de la democracia se presentan como
herederas de las Ligas, retoman las mismas consignas y levantan las mismas
banderas. Hoy las Ligas son ejemplo de lucha y solidaridad para los hombres y
mujeres que viven de trabajar la tierra. Hoy las Ligas Agrarias siguen sembrando
dignidad, labrando esperanza y cosechando futuro.
Este 14 de noviembre, cincuenta años después, ¡Grita lo que
Sientes!
Cristian Vazquez, director de la Escuela de Formación
Libertario Ferrari.





