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La Junta de Ate Cultura Nación inauguró la muestra con fotografías y expresiones artísticas de los trabajadores del Ministerio de Cultura de la Nación

La junta interna de las trabajadoras y trabajadores
nacionales de ATE Cultura inauguraron ayer la exposición “Sin trabajadores no
hay cultura”. El objetivo, describieron, “es visibilizar cada granito de arena
de los que diariamente ponemos en pie la estructura del Estado”. El público
puede visitar la muestra en la sede de Alsina 465, de lunes a viernes, de 10 a
18.

En el texto que presenta la actividad expresan: “El primer
orgullo de ser un trabajador del Estado es saberse trabajador. Tener en claro
que lo que uno hace es una construcción para un colectivo mucho más grande que
el propio entorno. Por eso el trabajador siempre se lleva trabajo a casa: es
casi imposible atravesar la puerta de salida del edificio y ya no volver a
pensar en lo que sucedió puertas adentro”.

“El trabajador del Estado no genera riqueza “constante y
sonante”, el valor agregado de sus funciones no enriquecen – o no deberían
enriquecer- a un sólo sujeto: “el patrón”. La riqueza del trabajo en el Estado
pasa por hacer lo mejor posible, eso que debe llegar al mayor número de
personas”.

“Museos, Institutos, Festivales, Bibliotecas populares,
Danza, Teatro, Música, Investigaciones, todos tienen atrás pilas de
expedientes. Tienen personas que durante 8 o 12 horas se dedican a construir lo
mejor para que llegue al público”.

“Los trabajadores estatales, los trabajadores de la cultura
defendemos cada Programa y cada Acción como defendimos los puestos de trabajo
de nuestros compañeros y los propios. Muchas veces las tareas son invisibles y
eso permite que el imaginario popular pueda decir que el “empleado público” es
maltratador, medio chanta, que no le interesa lo que está haciendo y sólo
trabaja por su sueldo”.

“Esta muestra”, afirman,  “tiene el sentido último de visibilizar cada
granito de arena de los que diariamente ponemos en pie la estructura del
Estado. Con paciencia, con alegría y sabores amargos, con salarios por debajo
de la línea de pobreza, con contratos basura o tercerizado, con el maltrato
diario de quienes nos niegan derechos y a través nuestro a miles de personas.
Pero también con la inmensa alegría de que cada vez que algo se logra, cada vez
que una idea llegó a realizarse fue sí y sólo sí porque los trabajadores
estatales estuvimos ahí para hacerlo posible”.

Al cerrar, subrayan: “El orgullo del trabajador estatal del
ministerio de Cultura es llenar la sala, es la cola de la muestra, es el cuadro
restaurado, es el traje bien cosido, los instrumentos afinados, el programa
tipeado letra por letra. El taller que capacita, la sonrisa de los que vinieron”.

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