El 6 de noviembre de 1984 marcó un antes y un después en la historia del movimiento obrero argentino con las elecciones nacionales que determinaron la recuperación democrática de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE). Tras los oscuros años de la última dictadura cívico-militar, más de 45.000 afiliados acudieron a las urnas para elegir un nuevo destino, dándole la victoria a la Lista Verde de la Agrupación Nacional Unidad y Solidaridad de ATE (ANUSATE) frente al continuismo sindical de la conducción previa.

La gesta refundacional estuvo encabezada a nivel nacional por Víctor De Gennaro como Secretario General y Manuel Sbarbatti como Adjunto, junto a un sinnúmero de dirigentas y dirigentes de toda la Argentina como Héctor Quagliaro, Carlos Custer, Noelia Guzmán, Eduardo De Gennaro y Rodolfo Córdoba entre otras y otros.
Por su parte en la seccional de Capital Federal de aquella elección también emergió la emblemática figura de Germán Abdala. Este triunfo histórico devolvió la organización gremial a las manos legítimas de sus afiliadas y afiliados. El 21 de noviembre, solo unas semanas después, asumían las nuevas autoridades iniciando de inmediato un profundo reordenamiento institucional.

La mística de aquellos días se construyó con la convicción profunda de dirigentes comprometidos con la transformación social y política del país. En momentos de extrema dificultad, la contención y el afecto mutuo mantuvieron firme el espíritu de la militancia. Esos lazos afectivos sellaron la hermandad entre los compañeros, reforzando la certeza de que estaban protagonizando una página imborrable en la vida institucional de las y los estatales.
A 42 años de aquella jornada democrática del 6 de noviembre, la memoria institucional se entrelaza de manera indisoluble con las demandas actuales del sindicato por salarios dignos y estabilidad laboral en todo el territorio nacional. La herencia de la Verde ANUSATE permanece vigente en cada asamblea, paro y movilización, bajo la certeza histórica transmitida por aquellos dirigentes de que el destino de los pueblos no puede ser otro que la victoria final.





