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La Seccional Asociación Trabajadores del Estado (ATE) Orán sostiene que lo que está pasando en Orán tiene nombre concreto: crisis socio sanitaria. Y que esta no es una crisis no es producto del azar sino consecuencia de decisiones políticas, de modelos de gestión y de un ajuste que golpea de lleno sobre la salud pública.
El Sindicato expresa que en caso propio del Hospital San Vicente De Paul se combinan tres procesos profundamente preocupantes: Primero, la precarización laboral, con profesionales sin cobrar, trabajadoras y trabajadores sobrecargados, equipos de Salud agotados, y con salarios de sólo el 30 % de lo que deberían percibir o cobrando luego de 2 meses esperando eternamente una designación. “En este sistema las y los trabajadores se pierden como sujetos de derechos y se transforman en piezas reemplazables y descartables”, enfatiza la Seccional.
El segundo punto es el avance de prácticas autoritarias en la gestión, con denuncias que se centran en mecanismos de disciplinamiento, uso arbitrario de guardias como castigo, persecución a trabajadoras y trabajadores que alzan la voz, para a partir de esa situación armarles sumarios administrativos, amenazas, traslados compulsivos y despidos. “Esto no es gestión: esto es violencia laboral. Y un sistema de salud que funciona desde el miedo es un sistema que pierde calidad, humanidad y legitimidad”, acotan.
El tercer facto que considera ATE es la deshumanización en la atención, con pacientes que esperan, que no acceden, que se convierten en números en un sistema saturado, y que tampoco encuentran solución a su demanda y lo que es peor pierden la vida en esa búsqueda o sienten que un sistema los dejo morir.
El Sindicato apunta que esta situación no puede analizarse de manera aislada sino que está directamente vinculada a un contexto más amplio de ajuste y desfinanciamiento de la salud.
Algo que para ATE debe entenderse es que “la violencia laboral en salud no es un problema individual sino un problema político; que la deshumanización no es un error sino que es en parte el resultado de un modelo de ajuste y desfinanciamiento y porque cuando un hospital se vuelve un espacio de violencia, de miedo y de agotamiento, lo que está en juego no es solo la salud de quienes trabajan o se atienden ahí”.





