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ATE

Desde aquellos primeros pasos la ATE Entre Ríos ha sido refugio y trinchera, atravesando contextos políticos diversos, crisis y transformaciones, siempre en una puja constante entre la conquista de derechos y los violentos intentos de retroceso.

El 9 de febrero de 1926 nace la Seccional Asociación Trabajadores del Estado (ATE) Paraná (hoy constituido como Consejo Directivo Provincial), cuando trabajadores asociados a la Resistencia Obrera del Ministerio de Obras Públicas (MOP) de la Sección Paraná, deciden en Asamblea incorporarse a la ATE, sumándose así al impulso de los obreros de los talleres del Riachuelo y la zona portuaria que dieron vida a la organización sindical.

Por aquel entonces, la gran mayoría eran jornaleros. Trabajaban 10 horas por día, sin descanso dominical ni licencias por enfermedad. El régimen de pagos era un sufrimiento constante y los ascensos no existían; dependían de la “cuña” o el favor de algún político influyente. Contra esos padecimientos, se empieza a caminar como trabajadores del Estado.

Desde aquellos primeros pasos la ATE Entre Ríos ha sido refugio y trinchera, atravesando contextos políticos diversos, crisis y transformaciones, siempre en una puja constante entre la conquista de derechos y los violentos intentos de retroceso.

Tras el golpe de 1930, hubo que enfrentar la persecución en la clandestinidad, sentando las bases de lo que luego sería una explosión de afiliaciones. Con la llegada del peronismo en 1945, se vive una etapa de institucionalización y conquistas. Fue una época de expansión de derechos sin precedentes, pero también de grandes debates internos sobre la autonomía sindical. En esos años, la clase trabajadora logra transformar sus condiciones de vida a partir del reconocimiento de los derechos laborales que adquieren rango constitucional. Estabilidad laboral, aguinaldo y vacaciones pagas, la creación de la Caja de Jubilaciones para garantizar un retiro digno, se establecieron las licencias por nacimiento y el derecho a la estabilidad laboral durante el embarazo. El sindicato pasa de ser una organización de resistencia a convertirse en una estructura de masas, un organizador y actor fundamental en la vida política del país.

Sin embargo, tras el golpe de 1955, se inicia un ciclo de intervenciones y lucha, siendo protagonistas de la “Resistencia”, defendiendo el patrimonio público ante cada intento de privatización. Más adelante, la dictadura cívico-militar-eclesiástica iniciada en 1976,  asesta el golpe más duro: el sindicato fue asaltado por las fuerzas militares. Muchas y muchos trabajadores fueron cesanteados, perseguidos, encarcelados o desaparecidos.

Clandestinamente, bajo el oscurantismo de la sangrienta dictadura, empieza a forjarse la Agrupación Nacional Unidad y Solidaridad de la Asociación Trabajadores del Estado (ANUSATE). De la fundación, en la Casa Nazaret, participaron representantes de 7 seccionales y del Consejo Directivo Nacional, no más de 20 o 30 compañeros. Militantes y dirigentes de ATE San Martín, Capital Federal, Borghi, Rosario, Villa María, Ingeniero White, Corrientes, Concepción del Uruguay y un integrante del Consejo Directivo Central de ATE Nacional le dieron forma a la ilusión de recuperar ATE para los trabajadores del Estado y luchar contra la dictadura por el retorno de la democracia.

Con el regreso de la democracia, se inicia el proceso de normalización. El hito fundamental fue en noviembre de 1984, cuando con la lista de ANUSATE se recupera el Sindicato para las bases, devolviéndole la autonomía, federalismo y amplitud democrática que nos definen hasta hoy.

Los años 90 y el 2001 fueron pruebas de fuego. Se debe enfrentar uno de los periodos más hostiles para el trabajo público: el gobierno nacional impulsó la Reforma del Estado bajo el lema “achicar el Estado es agrandar la Nación”. Fue una lucha desigual contra las privatizaciones de empresas públicas y el desguace de organismos claves.

En esa época ATE resiste la reforma estructural y el achique del Estado del gobierno provincial de Mario Moine, en total consonancia con las políticas neoliberales de Carlos Menem. Fue una época de mucha tensión de calle. En esto, la Ley 8706 de Emergencia Económica fue el símbolo del ajuste: ya que permitía la disponibilidad del trabajador, jubilaciones anticipadas obligatorias y el recorte de adicionales. Bajo la narrativa de la “modernización” y el “equilibrio fiscal”, esta norma se convirtió en la herramienta legal para desmantelar conquistas históricas. También se avanzó con la venta de empresas estatales provinciales (como el frigorífico Santa Elena). En este contexto, ATE fue protagonista de masivas movilizaciones a la Casa Gris y consolidando su perfil combativo.

Y si Moine fue el ajuste, el gobierno de Sergio Montiel fue el colapso. Hubo que padecer la estafa de los bonos “Federales” que pulverizaron los salarios, cobrando “papelitos” que se devaluaban en los comercios. Durante el gobierno radical hubo que pelear por la supervivencia y por la dignidad del salario bajo el default provincial.

En esos contextos de crisis ATE profundizó su rol social, entendiendo que la lucha por el Estado era la lucha por el bienestar del pueblo.

En los momentos actuales, ante la fuerte ofensiva patronal del gobierno de Javier Milei, y el claro alineamiento del gobernador Rogelio Frigerio, con su política de ajuste y empobrecimiento, vienen a la memoria aquellos duros años de la historia, porque, como dice el lema, tan válido ayer como hoy, “si el presente es de lucha, el futuro es nuestro”.

La ATE Entre Ríos cumple hoy 100 años, todo un siglo de lucha, grandeza y orgullo estatal y mirando hacia atrás con orgullo por los logros obtenidos: la estabilidad laboral, las paritarias, la formación continua y la solidaridad orgánica.

En un mundo que cambia velozmente, ATE reafirma su rol como actor fundamental en la construcción de una provincia más justa, equitativa y soberana.

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