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ATE

El compañero diputado nacional, entonces Secretario General de ATE, conmemora los 20 años de la realización de aquella epopeya de los '90, como fue la Marcha Federal que llegó a Buenos Aires el 6 de julio de 1994.

Hace 20 años salíamos desde La
Quiaca, bendecidos por el cura Olmedo y protegidos por la ceremonia de la Pachamama.
Comenzábamos
la Marcha Federal.

Nuestros hermanos nos llevaron para
arrancar desde esa estación de trenes recientemente cerrada, y comenzaron, sin
mediar palabra, a cantar “Cavallo no sabía/ La Quiaca es Argentina”. Al mismo
tiempo, en la lejana Ushuaia, desde la plaza de los Héroes de Malvinas, la
Marcha empezaba a transitar la
Patagonia
encontrándose después con los compañeros de Río
Turbio o de Neuquén. Durante los días siguientes, confluirían las columnas que
partieron desde Puerto Iguazú o Mendoza, todas con un objetivo: estallar en un
solo grito “¡Queremos ser Nación!”, en la histórica Plaza de Mayo.

Nos estaban tupacamerizando, nos decían que había provincias inviables, y
sugerían que el NEA aceptara como capital económica futura a esa San Pablo que
crecía, o que el NOA sólo tenía que integrarse y “salvarse” con el narcotráfico
de los países andinos. Hasta Cuyo estaba dispuesto a aceptar la entrega de los Hielos
Continentales, con tal de lograr la facilidad de sacar sus productos desde Chile
por el Pacífico hacia Estados Unidos. Era la época de la entrega de los
recursos de la Patagonia,
y hasta planteaban hacer un Estado Patagónico.

Marchábamos mientras en Santa Fe
sesionaba la
Constituyente
del Pacto de Olivos de Menem y Alfonsín, que no
sólo iba a lograr la reelección del presidente, sino entregar a los
gobernadores el destino de los recursos naturales, convirtiéndolos en los nuevos
emires de nuestra patria. Lejos estaba el artículo 40 aprobado en la Constitución del ‘49,
donde se consagraba la propiedad inalienable de los recursos de nuestra tierra.

Sin embargo, desde cada rincón
salían a andar y construir ese paro general que atronara convocado desde esa
Plaza el 2 de agosto, convirtiendo a esa Asamblea en soberana y constituyente
para enfrentar el saqueo y la entrega de los traidores a la Patria. Recogíamos
el mandato de siglos de Resistencia desde nuestros hermanos originarios, las
jornadas por la emancipación o la lucha de los Federales. Emergíamos de los
mejor de las tradiciones obreras de más de un siglo de protagonismo y de las
culturas yrigoyenistas o peronistas.

No estábamos solos, pues el ‘94
comenzaría con la rebelión zapatista, continuaría con el Marzo de los
Paraguayos y tantos otros acontecimientos que dirían que no aceptábamos el Fin
de la Historia
ni el Pensamiento Único que glorificaban todos los neo liberales, destruyendo
el trabajo e imponiendo el hambre en nuestros países.

La emoción me dura. Y el compromiso
también, sobre lo que tuve el privilegio de decir en esa Plaza colmada: “Nuestro
objetivo no es sólo cambiar la cara del que está en la Casa Rosada, sino
también cambiar este sistema económico, político, social y cultural que nos
hipoteca el futuro”.

Compañeros, tenemos historia de la
cual enorgullecernos, y futuro por construir, transformándonos en un pueblo
verdaderamente feliz.

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