“Un joven ruso, de 18 años, había hecho volar por el aire
con una bomba nada menos que al todopoderoso jefe de policía de Buenos Aires,
coronel Ramón L. Falcón. El ejecutor era un anarquista llamado Simón Radowitzky
y con su acción quiso vengar a sus compañeros asesinados el 1º de Mayo de ese
1909, en la represión encabezada por el militar contra la manifestación de los
obreros que recordaban las figuras de los cinco anarquistas condenados a muerte
por la Justicia de Estados Unidos, por su lucha a favor de las ocho horas de
trabajo. Un muchacho recién salido de la adolescencia, nacido en Rusia, y
“además judío”, como señalaban las crónicas de nuestros diarios, se atrevía
contra quien aparecía como el hombre de más poder en todo el país”,describía hace unos años el historiador del anarquismo
argentino, Osvaldo Bayer, en una nota dePágina
12.
Se refería al mismo
coronel que en la Campaña del Desierto se destacó en el exterminio de los
pueblos originarios y al represor de las huelgas de los conventillos
protagonizadas por las mujeres inmigrantes que se negaban a pagar los aumentos de
alquiler.
Radowitzky fue el joven
inmigrante nacido en Ucraniana (parte del Imperio Ruso) en 1891, partidario del anarquismo, herrero y mecánico, que asumió
la tarea de vengar a los trabajadores arrojando un explosivo al coche del Jefe
de Policía que salía de un acto en el Cementerio de la Recoleta, dándolesmuerte
al él y a su secretario.
Tras el atentado, Simón
fue apresado a pocas cuadras del lugar del hecho, llevado a juicio y condenado
a muerte, pero como era menor de edad lo sentenciaron a prisión perpetua en la
cárcel de Las Heras, donde hoy hay una plaza con el mismo nombre.
Luego de que sus compañeros
anarquistas lo quisieran ayudar a huir sin éxito, las autoridades decidieron
llevarlo a la “prisión del fin del mundo” en Ushuaia, la Siberia argentina, la
Cárcel de Reincidentes adonde mandaban a los presos más peligrosos a morir
confinados.
El encierro no mató su
espíritu indómito y se convirtió en el alma del presidio.Era el primero en
protestar por cualquier injusticia, el delegado de los presos comunes y
políticos, el “ángel de Ushuaia” como le decían sus compañeros tras las rejas.
Hasta que un día, sus
compañeros que siempre lo recordaban y bregaban por su libertad, lo ayudaron a
escapar y lo embarcaron en un pequeño velero rumbo a Chile adonde no pudo
llegar: los carabineros lo descubrieron los carabinerosy volvió al presidio
austral donde lo esperaba la venganza.Estuvo encerrado en una celda durante dos
años, aislado, sin ver la luz del sol y con solo media razón de comida por día,
amén de recibir palizas y vejaciones.
Mientras tanto en las
calles de Buenos Aires y de otras ciudades crecía la solidaridad con el
convicto. Pintadas en las paredes gritaban “Libertad a Simón”; en las fábricas
se hacían colectas para enviarle dinero y todas las publicaciones libertarias
publicaban notas sobre su situación. De lo recaudado, Radowitskynunca tocaba
nada, lo repartía entre los presos enfermos olo usaba para comprar libros para
la biblioteca.
Los pedidos de indulto se
sucedieron durante veinte años, entre tantos el de ATE, hasta que en abril de
1930 el Presidente Hipólito Yrigoyenle otorga la libertad junto con el
destierro. Un barco lo trajo hasta Buenos Aires y otro lo cruzó expulsado a
Montevideo.
Aclamado en Uruguay,
vuelve a la militancia anarquista y a trabajar como mecánico. Tras un golpe de
Estado en el vecino país, los militares lo apresan y lo confinan en Las Flores
donde pasa tres años encerrado en un sótano en pésimas condiciones.
Finalmente, con idas y vueltas recupera su libertady se
marcha a España para formar parte de las milicias republicanas que se enfrentan
al dictador Franco.Tras la derrota de la izquierda española, se refugia en
Francia y luego viaja a radicarse a México.
Allí vuelve a trabajar, se
dedica a dar charlas y conferencias sobre su vida y las ideas que nunca
abandonó.Muere a los 64 años enel distrito Federal bajo el nombre de Raúl Gómez,sosteniendo
hasta sus últimos días que “La gran
revolución humana solo la podrá hacer el socialismo libertario hasta lograr la
paz eterna y la igualdad entre los pueblos”.
La solidaridad de ATE con Simón
El Trabajador del Estado, en la página 4 de su edición de mayo de 1930,
destaca una noticia bajo el título “Simón Radowiztky en Libertad”: “ElConsejoDirectivo Nacional de la
Asociación Trabajadores del Estado, en la reunión efectuada el 22 de abril resolvió
por unanimidad, dirigir por intermedio de nuestro órgano oficial El Trabajador
del Estado un cordial saludo al camarada Simón Radowitzky al recobrar después
de veinte años su perdida libertad[…] yse asocia de este modo al entusiasmo del
resto de los trabajadores por el grande acontecimiento que su libertad
significa, la que ha causado en nuestro seno verdadera satisfacción”.
Ya dos años, antes en el marco de su primer Congreso
Nacional realizado en agosto de 1928, había resuelto por unanimidad gestionar
ante las autoridades su libertad y mantuvo su reclamo hasta su liberación
definitiva.
De allí que el acontecimiento haya sido tan celebrado: “Al fin, después de tan largo y pesado
encierro, se hizo justicia con nuestro camarada […] Los trabajadores que no le
abandonaron un solo instante durante el tiempo de su cautiverio, que lucharon
con los medios a su alcance por obtener su libertad, hoy, conquistada ésa,
debemos tenderle nuestra mano solidaria con la misma o mayor decisión que ayer”,
finaliza el categórico comunicado.
Quince años después, cuando Simón ya vivía en México y se
hacía llamar Raúl, tuvo oportunidad de conocer a Libertario Ferrari, histórico dirigente de ATE -la Escuela de Formación
Sindical del sindicato lleva su nombre-, quien había viajado al país azteca
integrando la delegación de la CGT, en nombre de ATE, para participar de la III
Conferencia Interamericana del Trabajo.
Simón era amigo de su
padre, Tomás Ferrari; ambos habían luchado en las fuerzas republicanas en
España y se había refugiado en México.
Honoris
Nota publicada en El Trabajador del Estado. Marzo 2020


