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Por Federico Giuliani, Secretario General de ATE Córdoba

No aceptaremos el teletrabajo como imposición, menos aún si
esta modalidad no es electiva por parte de cada trabajador/a y si no se discute
su implementación en mesas colectivas de negociación. Pretender hacernos
teletrabajadores sin eliminar la dependencia -en tecnología, tarifas, etc- es
arrojarnos, indefectiblemente, a una pronta e irreversible marginalidad. Varios
son los motivos:

– Somos críticos acerca de la flexibilización de la jornada
laboral que esta modalidad impone: buscan convertirnos en trabajadorxs
“intermitentes”, con conexiones y desconexiones permanentes, sometiéndonos a
jornadas laborales sin fin, eliminando fines de semana, feriados, horas extras
y cualquier otra forma que, entendemos, garantizan nuestro derecho a la salud
mental.

– Porque amplía la brecha digital al hacernos responsables
de proveernos de equipamientos, servicios. Estamos en manos de transnacionales
para la provisión de aparatos tecnológicos, para los servicios públicos. Sus tarifas
son en dólares y nuestros salarios, en dólares, no valen. Pretender hacernos
teletrabajadores sin eliminar la dependencia es arrojarnos, indefectiblemente,
a una pronta e irreversible marginalidad.

– Porque para nosotros no habrá Estado presente con
trabajadoras y trabajadores en sus casas, si nuestras oficinas cierran y no hay
atención, si nuestras plantas de producción se quedan sin trabajadores.

– Porque hay perjuicios que tienen un claro sesgo de género
cuando teletrabajar se superpone a tareas de cuidado que, mayormente, recaen
sobre las mujeres.

Sabemos que en este sistema somos trabajadorxs en tanto
vendemos nuestra fuerza laboral a una patronal que se vale de ella. El
teletrabajo, en estas condiciones, sólo traslada costos y responsabilidades de
los empleadores hacia quienes trabajamos. Entendemos que, en nuestro caso,
solamente ajusta y aleja al Estado -y los derechos que debe garantizar- del
Pueblo.

Queremos discutir cómo potenciar con la tecnología el acceso
a las históricas demandas populares sin caer en la resistencia a la
flexibilización a la que parecen querer someternos.

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