ATE

Sin
ninguna duda estamos transitando días importantísimos en la vida de los pueblos
de Latinoamérica. La restauración conservadora que se instaló en el continente
en el 2015, encauzada por el FMI y sostenida por  el gobierno de Trump para beneficiar
fundamentalmente a las empresas  y a los
poderes financieros trasnacionales, tropieza con una  sucesión de acontecimientos en toda la
región.

Recordemos
el triunfo de Evo Morales en primera vuelta en Bolivia, ratificando la fuerza
de esa revolución que encabezan fundamentalmente los pueblos originarios.

Luego
vino el triunfo de la fórmula Fernández – Fernández del Frente para Todos en
nuestro país derrotando, también en primera vuelta, a Mauricio Macri, uno de
los mayores exponentes de las políticas de penetración y dominio que ha llevado
adelante el Imperio, financiado incluso por el FMI a través de préstamos
ilegítimos.  

Del
mismo modo, en las elecciones provinciales y distritales realizadas en
Colombia, los candidatos de la derecha sufrieron contundentes derrotas en distritos
como Bogotá y Medellín, a manos de experiencias independientes, de izquierda y
de ex dirigentes de las FARC.

Sin
olvidar, a pesar de las dudas sobre lo que pueda suceder en la segunda vuelta,
el triunfo en Uruguay de Daniel Martínez, candidato del Frente Amplio, o
irrupción de López Obrador en México.

A
estos acontecimientos podemos sumarle la clara derrota de la política de Trump
cuando pretendió aplicar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca
(TIAR) para legalizar la invasión a Venezuela. O la importancia fundamental de las
rebeliones que se vienen sucediendo en Chile, Ecuador y Haití en defensa de los
intereses de los pueblos frente a las políticas de ajuste que el FMI también
aplica en esos países.

Y si
bien esta embestida neoliberal no ha sido derrotada plenamente,  se ha logrado ponerla en cuestionamiento,
alentando la posibilidad y la esperanza de un cambio.

En
este marco se llevó adelante el Tercer Encuentro Antiimperialista de
Solidaridad, por la Democracia y contra el Neoliberalismo, actividad de la que
participamos como ATE y CTA A, integrando la delegación de la Confederación
Sindical de las Américas (CSA), en la que confluyeron más de mil representantes
de organizaciones sociales, políticas y culturales de todo el mundo.

La
cita fue en Cuba, faro de la revolución y de la resistencia al bloqueo, donde
pudimos reflexionar colectivamente sobre estos tiempos políticos y tener
provechosas reuniones con la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) y la Central
Bolivariana Socialista de Trabajadores (CBST). 
 

Este
nuevo escenario, sin ninguna duda, fue posible gracias a las luchas populares
que, en el caso de nuestro país, se iniciaron con aquel primer campanazo de
resistencia que representó el Paro Nacional de ATE el 24 del febrero de 2016
con la Plaza de Mayo colmada y continuó con el Campo Popular resistiendo las
políticas del gobierno de Macri hasta su derrota en las urnas el pasado
octubre.

Los
trabajadores estatales hemos hecho nuestro humilde aporte al triunfo de estas
luchas, apostando a la construcción de un estado democrático y popular, a la
altura de las necesidades de los pueblos.

En
ese marco, el 7 de agosto nuestro gremio ratificó en las urnas su política de
confrontación abierta y plena con  las
políticas neoliberales, con los responsables de la catástrofe social y
económica que se ha desencadenado sobre nuestra Patria.

Lo
hicimos también cuando impedimos que la gobernadora Vidal cerrara el Astillero
Río Santiago o al denunciar el intento de comprar buques rompehielos a España u
otros países, cuando los podemos construir en nuestro querido astillero y en Tandanor.
O cuando pudimos ponerle freno a la aplicación de un convenio trucho firmado
por Macri y UPCN que pretendía darles estabilidad laboral a 2500 funcionarios jerarcas.

Una etapa de continuidad

En
este marco, el 6 de noviembre reasumimos, dándole continuidad a un equipo de
conducción de ATE Nacional renovado con compañeras y compañeros que se suman, para
profundizar el camino transitado. Porque así como en los comienzos del macrismo
dijimos “ATE es de los trabajadores,
gobierne quien gobierne”
, en estas elecciones remarcamos que “Con las trabajadoras y con los
trabajadores, un Estado Popular es posible”.
Con este horizonte estamos
preparando nuestro gremio no solamente para resistir, sino para organizarnos y
elaborar propuestas que nos permitan llevar adelante la construcción de ese
Estado que queremos.

Desde
esta perspectiva, vamos a seguir convocando a la unidad del movimiento popular
para hacer realidad las transformaciones que necesitamos en nuestro país como
ya lo logramos con la aprobación de la Ley de Emergencia Alimentaria – que
habíamos presentado durante la Marcha Federal para enfrentar el Hambre,
principal problema que sufre nuestro pueblo- y en las propuestas del Congreso Extraordinario
de la CTA Autónoma.

De
esta manera, aunando lucha callejera, organización  popular, participación, protagonismo y
capacidad de propuestas alternativas vamos a seguir empeñados en edificar un
Estado Popular que esté al servicio de las mayorías.

Un
Estado que no siga siendo un observador pasivo, y aun cómplice, de las
políticas de especulación financiera sino que recupere plenamente la soberanía
del Banco Central como herramienta fundamental del pueblo para una política
emancipadora.  

Un
Estado plenamente soberano que además de ocuparse  de las políticas de Educación, Salud o
Seguridad Social garantizando su universabilidad, se dedique a invertir y
programar políticas de producción y empleo que garanticen ingresos dignos para
nuestro pueblo; que genere pleno empleo sin precariedad laboral, tanto en las
empresas privadas como en el propio Estado.

Un tiempo de esperanza

Con
este horizonte hemos venido desarrollando propuestas en distintos seminarios de
Políticas Públicas para un Estado Democrático y Popular en temáticas
financieras, productivas, de DD.HH y Seguridad Social, entre otras. Buscando
ser capaces no solo de proponer, sino también de sostener esas propuestas con el protagonismo de los trabajadores estatales
–activos y jubilados- en los distintos ámbitos del Estado Nacional.

Al
mismo tiempo vamos a redoblar nuestro compromiso de reinventar ATE para
fortalecer y consolidar su protagonismo en todo el territorio nacional,
generando más y mejores cuerpos de delegados, más y mejor formación política y
gremial de nuestros cuadros y más seccionales. Animando la posibilidad de un
cambio estatutario que, en este tiempo de ofensiva popular, convierta a ATE en una
herramienta cada vez más eficiente para hacer realidad nuestro anhelo.

Con
la fuerza de los trabajadores y las trabajadoras, con el fortalecimiento y la
autonomía de las organizaciones libres del pueblo, con la profundización de la
democracia interna y de los instrumentos de participación democrática en el
Estado, nuestro pueblo seguirá siendo protagonista en esta nueva etapa.

Estas
elecciones en las que han triunfado políticas alternativas que confrontan con
el neoliberalismo, así como las rebeliones que irrumpieron en Chile, Ecuador y
Haiti, son nuevos pasos en el  camino
hacia la construcción de un futuro de soberanía, justicia social, trabajo y
producción para los pueblos de nuestras naciones latinoamericanas y caribeñas.

Camino
que, no tenemos ninguna duda, seguiremos profundizando.

 

 

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