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Editorial del Secretario General de ATE Nacional para El Trabajador del Estado de octubre ( Click acá para descargar el periódico).

Días antes de las PASO, realizamos el Seminario “El Estado que necesitamos para superar las pandemias”, en la convicción de que el proceso preelectoral era un escenario adecuado para fijar la posición de las trabajadoras y los trabajadores. Porque lo que se pone en discusión no es sólo los candidatos sino las políticas públicas y, particularmente, la organización del Estado nacional en un contexto tan complejo como el que estamos atravesando.

La crisis económica, social y hasta cultural a la que nos han traído las políticas neoliberales que gobernaron el país en los últimos años sigue estancando a nuestra sociedad, y la crisis se ha visto agravada por casi un año y medio de pandemia.

En segundo lugar, el proceso electoral abre una nueva etapa en las políticas de gobierno que se iniciaron a partir del 2019. Apostamos a que el avance de la campaña de vacunación permita ponerle un freno a la pandemia. De ser así, en la segunda mitad de este Gobierno se definirá si el rumbo será el de una perspectiva fuertemente emancipadora, con reactivación de la economía, basada en el mercado interno y en una más justa redistribución de la riqueza, o si sólo habrá subsistencia y una administración de la crisis que atravesamos.

La apuesta del Seminario fue abrir caminos a los aportes de los distintos sectores del campo popular para que la perspectiva sea la primera: no solamente seguimos teniendo la fuerte expectativa de que las políticas neoliberales vuelvan a ser derrotadas en las urnas, sino que el Gobierno escuche el mensaje que se expresó el 12 de septiembre para que las medidas que se apliquen estén en las antípodas de esas políticas.

En este contexto se está desarrollando la negociación del Gobierno con el Fondo Monetario Internacional, que continúa con las mismas políticas antinacionales y de defensa del interés de las empresas multinacionales, con las que fue cómplice del endeudamiento criminal sobre las próximas generaciones de nuestro país.

Y en paralelo se da la discusión del proyecto de Presupuesto 2022, al cual hemos hecho profundas observaciones, planteando la necesidad de que se lleve adelante una reforma impositiva progresiva, para que los que más tienen sean los que más aporten. O cuanto menos, para que se garantice la continuidad del Aporte Solidario de las grandes fortunas.

De este modo, para fortalecer la capacidad de intervención del Estado en la reactivación económica y en una más justa distribución de la riqueza, para garantizar una efectiva reactivación del mercado interno y concretar el objetivo urgente de terminar con el hambre.

En esa línea, insistimos en nuestro reclamo para que se materialice un Salario Universal que garantice un piso de dignidad para la vida de los argentinos.

Los años de neoliberalismo han demostrado que no es priorizando el mercado externo, las exportaciones, el monocultivo y el extractivismo, sin ningún tipo de regulación estatal, que se va a garantizar una salida favorable a los intereses del pueblo. Al contrario, esto ha favorecido la fuga de capitales y el dominio de la economía argentina por parte de empresas transnacionales.

Por eso es que venimos promoviendo junto con varios sectores, muchos de los cuales fueron parte de los debates del Seminario (pequeños y medianos empresarios, movimientos cooperativos, organizaciones sociales, entre otros) que el presupuesto que se discuta y apruebe en el Congreso no tenga que ver con las imposiciones del FMI sino con los objetivos de Soberanía, Trabajo, Producción y Justicia.

Es en este marco en el cual los trabajadores estatales definimos nuestros niveles de intervención en el debate político-público en este tiempo, y que sostenemos nuestros debates con los gobiernos Nacional, provinciales y municipales. Porque no tenemos destino si no es en el marco de una perspectiva de felicidad y soberanía de nuestro pueblo, y de un Estado que sea efectivamente democrático y popular.

¿Por qué decimos que hay que democratizar el Estado?

El Estado nacional, incluyendo a las provincias y los municipios está moldeado en las pautas neoliberales que impusieron los ocho años de dictadura genocida que encabezaron Videla y Martínez de Hoz, y que se han sostenido en estos casi 40 años de vida democrática. Ejemplo de ello es la continuidad del decreto ley de entidades financieras de 1977, o que vastos sectores estratégicos continúen privatizados.

Eso explica que a pesar de los esfuerzos de nuestro pueblo, la pobreza y el hambre sigan creciendo en nuestro país. Y es por eso que, en la mayoría de las provincias y en la casi totalidad de los 2220 municipios, todavía no está plenamente vigente el derecho a convenciones colectivas de trabajo; como para mencionar sólo un derecho constitucional que a su vez es parte de los acuerdos del Estado argentino con la OIT.

Justamente ahí radica el hecho de que el salario siga postergado; en gran parte del país, por debajo de la línea de la pobreza y aún de la indigencia, como en el caso de los trabajadores y trabajadoras jubilados. O que la precariedad laboral siga siendo un rasgo distintivo de un Estado que debería ser ejemplar en garantizar derechos laborales.

Es en ese marco en el que se dan las discusiones por mejores condiciones salariales y de trabajo, a nivel nacional y en las provincias, que se reflejan en este número de El Trabajador del Estado.

Por eso decimos que hay que democratizar el Estado, pero además, que hay que abrirlo a la participación de las organizaciones populares, porque solamente esto permitirá terminar con el flagelo del hambre.

Está claro que las empresas transnacionales siguen haciendo de la inflación un mecanismo que ya no tiene que ver con la realidad de la dinámica interna de la economía sino con su política especulativa como formadores de precios. Esto sólo podrá ser controlado con una fuerte intervención del Estado y la participación de los trabajadores, la pequeña y mediana empresa y el movimiento cooperativo en el seguimiento de la cadena de valor.

Por eso decimos también que las políticas públicas tienen que estar al servicio de las mayorías populares. En ese marco es el que los trabajadores del Estado desarrollamos nuestra tarea con una doble responsabilidad: defender nuestros derechos dentro del Estado, pero conscientes de que el principal destinatario de nuestro esfuerzo, de nuestros conocimientos, de nuestra tarea cotidiana, es el pueblo, y no las minorías que no dejan de ser privilegiadas por este Estado neoliberal.

Como parte de la CTA Autónoma estamos proponiendo un profundo debate sobre el presupuesto 2022 porque sabemos que el presupuesto nacional impacta sobre el de todas las provincias y municipios.

Porque si el criterio que predomina es no el de aumentar los ingresos a través del aporte de las grandes fortunas sino a partir de reducir el déficit fiscal -que necesariamente se logra a través de la reducción de las inversiones del Estado, lo que impacta directamente sobre las condiciones de vida de las mayorías-, las expectativas que nuestro pueblo puso en el proceso electoral del año 2019 pueden llegar a ser defraudadas.

Y si hay algo en lo cual radica cualquier proceso de transformaciones profundas, necesarias, de nuestra sociedad, es en la capacidad de un pueblo para movilizarse a través de una esperanza activa, haciendo realidad los sueños de una Argentina mejor.

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