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Adolofo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz, reflexiona sobre la importancia de los Derechos Humanos para nuestro país a 40 años del golpe cívico militar.

Semanas
atrás Adolfo Pérez Esquivel le escribió una carta abierta al presidente Obama,
apenas se conoció la noticia de su visita a la Argentina en vísperas del 24 de
marzo. Lo hizo en calidad de Nobel de la Paz, premio que le fuera otorgado
durante los años del terrorismo de Estado en la Argentina.

Esquivel fue
políticamente incorrecto: con otras palabras, le anticipó que sería bienvenido
si reconocía la complicidad de los Estados Unidos con las dictaduras
latinoamericanas y si la estadía en Buenos Aires no implicaría allanar el
camino para futuros tratados de libre comercio. Obama no había anunciado
todavía la apertura de los archivos secretos durante el genocidio en nuestro
país. De todos modos, seguramente Esquivel hubiese mantenido su incorrección
política.

A 40 años
del golpe militar, El Trabajador del Estado decidió entrevistarlo en las
oficinas del Servicio Paz y Justicia que preside (SERPAJ), entre imágenes de
Eva y Perón, fotos suyas con Fidel Castro, Nora Cortiñas, el cura Jaime De
Nevares y el Dalai Lama, un original de Carpani y otro de su autoría en el que
Cristo se encuentra rodeado de aborígenes, similar al que realizó para la
iglesia de la Santa Cruz. 

Fragmento de
la entrevista que se editará en la edición de marzo de "El Trabajador del
Estado".

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