Ñoquis,
punteros políticos, clientelares, amigos del poder; así son llamados los
trabajadores del Estado al momento de encontrar una palabra señorial y
apropiada de alta emotividad, para que la opinión pública encuentre en estos
epítetos empatía con quien los pronuncia, en el afán de ir CAMBIANDO para
“mejorar”.
Recordando
caminos ya recorridos por algunos funcionarios en el afán de ganarse el
beneplácito del electorado en 2007, el actual Presidente de la Nación, usaba
los mismos calificativos para decir que la ciudad estaba llena de ñoquis y
anunciaba, con bombos y platillos, que despedía a más de 2500 trabajadores por
no prestar servicio en el Estado porteño.
Pasó por
cuanta cámara se le acercara, vociferó y denunció a los cuatro vientos que eso
era una verdad y quedó instalado; pero lo que nunca se dio a conocer es que más
de 2400 trabajadores regresaron a sus puestos de trabajos, ya que se comprobó
que no eran ñoquis.
Ahora bien, si
en esos años eran tantos los ñoquis, por qué Mauricio Macri, su Ministro de Modernización
y todos sus funcionarios no abrieron una prevención sumaria como debería haber
correspondido a todos los directores de Recursos Humanos, Jefes de Personal, Directores
de sector, capataces y jefes administrativos que daban su consentimiento para
que existiera una cantidad de ñoquis como los que denunciaba el señor Jefe de
Gobierno.
A cualquier se
le podría haber ocurrido hacer esta investigación a fin de conocer y sancionar
a estas autoridades. Así habrían podido publicar los nombres y apellidos para
que esos ñoquis pudieran firmar su entrada, fichar, y de esa manera, cobrar
todos los meses.
Es por demás
llamativo también, que ante los anuncios rimbombantes de que en los sectores de
trabajo estatal hay ñoquis, las autoridades de los organismos de control del
Estado no tomaran o tomen cartas en el asunto para investigar la veracidad de
esas afirmaciones presidenciales. Detrás de esto hay una gran mentira.
Ahora bien,
en la actualidad los funcionarios vuelven a cometer el mismo error que
cometieron en la Ciudad de Buenos Aires: arremeten contra los trabajadores con
las mismas acusaciones para garantizar puestos de trabajo para sus punteros
políticos, los que llevaron adelante la campaña y para las promesas que deben
cumplir. En su actual rol de Gobierno Nacional, de nuevo vienen con aquel
apotegma que dice y ya usaron en la Ciudad: una mentira dicha mil veces se
vuelve realidad.
Pero la
única verdad es la realidad y esa verdad dice que el laburante del Estado hace
décadas que viene garantizando los derechos de
los ciudadanos en cada uno de sus puestos de trabajo y cada vez que se
despide a un trabajador es un derecho menos para el pueblo. Si despiden
administrativos, son miles de papeles que no llegan a donde deben llegar; si el
despedido es una enfermera, un técnico o un trabajador de un hospital, seguramente
que mañana habrá más colas en dichos hospitales y miles de ciudadanos no serán
atendidos o, lo que es peor, serán atendido sólo por el esfuerzo de los que se
quedan y trabajan a destajo; si despiden un científico muchas investigaciones
quedarán suspendidas; si en cambio son abogados los despedidos, miles de
trámites se dejaran de lado.
Cada uno de
los despedidos es un eslabón menos en la cadena que garantiza los derechos de
todos los habitantes de este país. Es muy linda la propaganda de un funcionario
entregando un subsidio, una casa o una ayuda, pero en ningún lugar del mundo se
puede hacer esto si no hay trabajadores, que detrás de la propaganda día a día
hacen su tarea, para garantizar que les lleguen sus derechos a los ciudadanos.
Como no hay
ninguna empresa privada que produzca si no tiene trabajadores, tampoco hay
Estado sin sus trabajadores funcionando, a pesar de estar mal pagos, en
condiciones deplorables de trabajo y, para colmo, en cada cambio de gobierno,
se deben aguantar que un burócrata puesto a dedo, venga a limpiarse las manos
en su trabajo.
En ese
sentido, le pedimos al Presidente, a los Gobernadores y a los Intendentes: cumplan
con la ley. Si hay ñoquis, como mínimo es una defraudación al Estado, por lo
tanto acudan a realizar la denuncia correspondiente, de no hacerlo, nos dan la
razón en nuestro planteo y estarían como mínimo incurriendo en el delito de
incumplimiento de los deberes de funcionario público.


