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ATE

A 23 años de su desaparición física, este miércoles 13 de julio la Asociación Trabajadores del Estado recordó el pensamiento y legado de quien fuera un referente clave desde la recuperación del gremio de manos del colaboracionismo. Se trató de una evocación repleta de emoción, que sin duda dejó en evidencia la actualidad de su visión política.

Como no
podía ser de mejor manera, el homenaje al `Turco´ estuvo precedido por el debate
que se llevó a cabo en ese mismo anfiteatro Eva Perón de ATE, en el marco de un
masivo plenario de trabajadores del Estado nacional
.  

El acto arrancó
con una presentación artística a cargo de la Agrupación Territorial Germán Abdala
(ATGA-CTA A). Le siguió la proyección de un audiovisual elaborado por el área
de prensa del sindicato en el que se reflejaron distintos discursos e
intervenciones del homenajeado. Luego  la
jornada cerró con la entrega de la medalla `Germán Abdala, al mérito militante´
a ocho compañeros que se hayan destacado por su labor en favor de los más
humildes y el pueblo trabajador.

El orador
principal de la jornada, previa entrega de las distinciones, fue Hugo Godoy,
Secretario General de ATE: “Me parece fundamental pensar el homenaje como un
acto de vida. A Germán lo homenajeamos con este acto, pero sobre todas las
cosas lo recordamos y mantenemos vigente con el plenario que culminamos hace
minutos, con la jornada de formación de hoy y mañana, y con todas las actividades
que reivindican su ideario”.

“Cuando veo
un material de archivo de Germán como el que acabamos de reproducir, siento que
está presente el mismo vibrar de los compañeros y compañeras que hoy en día hacen
un gran esfuerzo por acercarse a los plenarios, que debaten en asamblea o que
salen a la calle para pelear por los derechos de todos”, afirmó el titular del
sindicato.

Los
homenajeados y quienes hicieron entrega de la medalla fueron: Adolfo Aguirre a
Carlos Custer, Hugo Godoy a Miguel Federico, Ernesto Contreras y Mónica Delia a
Tránsito del Valle Fernández, Vicente Marti a Luis Maceiro, Silvia León a Marta
Reyes, Oscar Mengarelli a Rodolfo Lara, Francisco Dolman y Flavio Vergara a
Marcelo Fisina, y Mario Muñoz a Alfredo Scolaro.

 

El camino de Germán

Abdala llegó a Buenos Aires desde Santa Teresita,
aquel rincón de la costa del mar Atlántico. Casi adolescente, comenzó a militar
territorialmente en la agrupación Amado Olmos junto con referentes de la
CGT de los Argentinos, hasta que conoció a Víctor De Gennaro en el ‘73 y
entró a trabajar en la Secretaría de Minería. Con la llegada de la
dictadura, emprendieron el sueño de recuperar la conducción del sindicato en
manos del colaboracionismo del régimen, y lo lograron en 1984 con la legendaria
lista ANUSATE.  

Con 28 años Germán se convirtió en Secretario
General de la seccional Capital Federal: llegó a reunir 20 mil afiliados,
colmar plenarios y movilizar miles de trabajadores en la calle. Entendió que la
lucha gremial debe estar asociada a la lucha política, y por ello acompañó a
Antonio Cafiero en el espacio renovador del peronismo. “No para volverlo
coqueto, ponerle maquillaje, hacerlo más presentable. Para nosotros hay que
volver al debate ideológico del peronismo para que sea revolucionario, para que
sea consecuente con sus banderas”, explicaba.

Mientras ejercía la diputación nacional, su despacho
continuó siendo el del sindicato, desde donde redactó la denominada Ley Abdala
que estableció el Convenio Colectivo para los estatales, que alcanza el 70% de
la actividad laboral del sector. Sus encendidos discursos resonaban casi en
soledad contra la privatización de Altos Hornos Zapla, Aerolíneas Argentinas y
ENTel, y a favor del pase a planta permanente de los trabajadores del Estado,
el endurecimiento de las penas en los procesos de corrupción y la nacionalización
de los ferrocarriles.

“En estas épocas en las que todos los días se agita
la muerte de las ideologías, estas cosas que todos los días, los que nos
dominan, recetan como verdades absolutas, diciendo que ya los problemas no son
más entre explotados y explotadores, pobres y ricos, hoy aquí en Villa María
hemos instalado el grito donde las ideas no han muerto, nuestra memoria no está
pisoteada y nuestro presente es de transformación”, cerraba Germán en 1990 el
Congreso de los 8 diputados justicialistas que rompieron con Carlos Menem.
Entre esos elementos, también, denunciaba el indulto a los militares de la
dictadura y autocriticaba no haber podido conducir la oposición al menemismo
desde las entrañas del movimiento peronista.

Alrededor de 1986 un dolor de espalda lo alertó
sobre los primeros síntomas de cáncer. Viajó a los Estados Unidos para curarse,
un remedio más duro que la enfermedad: “Me acuerdo de un domingo a la tarde en
el pueblo donde está el hospital, Rochester. Había casi cuatro metros de nieve,
hacía cuarenta grados bajo cero, miraba por la ventana y me ponía a llorar y
decía que quería ir a ver a Boca, pensaba quiero irme a mi país, no puedo más
estar acá”, recordaba años después.

Una de sus últimas actividades militantes fue
asistir en noviembre de 1992 en sillas de ruedas al Congreso de los
Trabajadores de la Argentina. Estaban presentes 2700 delegados en
Parque Sarmiento, discutiendo y resolviendo los pasos para fundar una nueva
central obrera en país. Allí, ante la mezcla de miradas felices, de disposición
al combate y asimismo de congoja por el estado de salud de Germán, se despidió:
“A mí el cáncer no me va a matar, a mí lo que me mataría es que nosotros no
sepamos crear una opción para el pueblo argentino donde seamos protagonistas
para la transformación necesaria de la sociedad que soñamos”. 

 

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