ATE

Nuestra organización está por cumplir 100 años. Capaz incluso haya afiliades que no lo sepan, pero tenemos la Personería Gremial Nº2. Es decir, este sindicato ha atravesado una historia de transformaciones profundas en materia económica, productiva, comunicacional, social y por ende de las formas de transitar hasta la afectividad y los vínculos.

En Argentina hubo tres reformas del Estado y tenemos la pretensión de la cuarta en desarrollo. El rasgo común es que atacaron las instituciones que quedan como semilla de comunidad, de encuentro social. La primera reforma fue durante la dictadura genocida entre 1976 y 1983. La segunda en la década de los `90 durante el gobierno de Carlos Menem. La tercera bajo mandato de Mauricio Macri. Es decir, todas fueron implementadas por gobiernos neoliberales, a lo que hoy se suma –como en dictadura- el carácter ideológico fascista.

Me atrevo a polemizar sobre esto y debatir. ¿No muestran acaso las derechas más definición política para implementar los cambios más profundos que saben que requieren sus modelos, que los gobiernos progresistas?

Aunque sí fueron modificadas para beneficio popular cuestiones de gran importancia en distintos gobiernos democráticos, como las AFJP para dar paso al sistema público, o la nacionalización de Aerolíneas en las últimas décadas, hay que caracterizar con sinceridad que ni la flexibilización laboral de los 90, ni las normas de la dictadura como la ley de entidades financieras fueron modificadas por ningún gobierno democrático. Ni siquiera cuando hubo lo que se llama hegemonía política con apoyo social mayoritario.

Eso a nivel nacional. Ni que hablar del rol de los gobiernos de distinto signo partidario a nivel local y provincial, que siempre se ubicaron en un rol condescendiente con los sectores concentrados de la economía. Para muestra falta mirar que a nivel local, al actual Intendente Javkin no se le cae ninguna idea para aportar fondos al transporte que no sea aumentar un 300% el boleto. Estamos a orillas de la cuenca de agua dulce más importante de Sudamérica y el agua sube un 190% y se torna impagable.

Los gobiernos avanzan en sacarnos también lo que se llama salario indirecto, como el boleto educativo, los subsidios, la billetera santa fe. Todo eso va siendo desgranado o restringido. Los tarifazos que vivimos repercuten directamente en tener menos posibilidades de vivir y hasta de sobrevivir.

Planteado esto, es importante señalar que el actual gobierno nacional está en un feroz achique de la planta de trabajadores. Lo hace mediante despidos, cesantías, caída de contratos y reducción de plazos de contratación. Esto repercute en las provincias y municipios donde también hay despidos y discontinuidad laboral de personas que llevan 20 años precarizadas. Y en eso hay que detenerse: hay personas que llevan 20 o 25 años trabajando sin derechos para el Estado. En áreas nacionales como Discapacidad, o en municipales como traslados de muestras, o en provincia en Desarrollo Social. Espacios esenciales que atienden sectores sociales en situación muchas veces de extrema vulnerabilidad.

En materia económica, el deterioro del salario y el poder adquisitivo no tiene parangón en los últimos 20 años. Tanto en su rapidez, como en su cantidad. Y quiero detenerme en esto porque nos quieren vender al buzón del déficit cero y la tierra prometida después del sufrimiento. Les pregunto: si a les laburantes nos hacen retroceder 25 casilleros en un juego desigual con los grupos concentrados, mientras ellos avanzan 50. ¿Dónde está la casta pagando esta crisis? ¿Dónde queda la posibilidad de mejorar, si en realidad tenías 100, te sacaron 50 y te prometen recuperar 30 en diez años? ¿Se dan cuenta que para nosotres nada va a mejorar en lo real?

Cada devaluación del peso, implica una enorme transferencia de ingresos que beneficia a los sectores que ganan siempre. Incluso en pandemia. Si el déficit cero es con la pobreza de los trabajadores activos y jubilados y 27 millones de personas que pasan hambre en el país del pan ¿A quiénes beneficia?

Las medidas económicas que está tomando este gobierno en sus primeros 70 días ampliaron la pobreza especialmente en nuestras infancias. Los salarios cayeron en picada. A quienes no tienen trabajo, les quitan lo poco que percibían y congelando. Quieren pagar jubilaciones como planes sociales para no actualizar montos y quitar en lo material y lo simbólico el sentido de dignidad a esos trabajadores y trabajadoras. Esto reconociendo que hoy la mínima es miserable, pero con ese esquema será peor.

Esta inestabilidad, las agresiones constantes del gobierno para el conjunto de la sociedad, la pobreza, vienen acentuando problemas de la salud mental. Hay que mirar con detenimiento ese aspecto, porque aumentan los casos de depresión, de suicidios, de intentos de suicidios. Es el capitalismo poniendo en jaque nuestra propia vida.

Pese a todo esto hay que decir que ha sido muy fuerte nuestra reacción como trabajadores y trabajadoras. Hay que seguir peleando contra la ley ómnibus y la implementación del DNU. Porque no se trata sólo de frenar la destrucción del país, las relaciones laborales y el reconocimiento de las asimetrías que sufrimos mujeres y disidencias. Es proteger al país, la producción industrial, agraria, manufacturera y hasta los servicios.

Cuando mencionábamos el carácter ideológico de este gobierno esto se refleja en el mamarracho de prohibir el lenguaje inclusivo. El ataque a las mujeres y diversidades de forma permanente, cosa que comparte con referentes de la derecha internacional como Trump o Bolsonaro, no es inocuo. Viene a desconocer las tareas de cuidado, viene a pretender ocultar las sujetas y sujetes políticos que nos visibilizamos en las luchas y conseguimos derechos. Ojo con estas bombas de humo que también son un disparo a la conciencia.

Mirando de frente la embestida, las compañeras nos estamos organizando. Ha sido histórica la participación de ATE en los Encuentros, en las asambleas del 8M y los encuentros feministas en general. En ese camino nos seguimos preguntando sobre el rol de los sindicatos antes y ahora, en torno al Estado y sus potestades.

¿Nos preguntamos los sindicatos qué Estado necesitamos? ¿Era bueno antes del triunfo de Milei? ¿Qué se hizo mal antes y se agudizó ahora para llegar a estas circunstancias? ¿El tema es destruir la noción colectiva, con perspectiva social e igualitaria, o ver cómo se solidifica en serio ese carácter en hechos concretos? ¿Es posible una sociedad mejor, con exclusión, pobreza y pibes creciendo con hambre?

Yo creo que violando más la constitución no se hace un mejor país. Y que es central hablar del trabajo, del rol como mujeres trabajadoras incluso en tareas no pagas de reproducción de la fuerza de trabajo, porque el feminismo sin perspectiva de clase termina por debilitar al movimiento.

* Por Lorena Almirón, Secretaria General de ATE Rosario

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