Cuando
aquellos compañeros, El “Colorado” Quagliaro, el tano Víctor, el Turco Germán,
parafraseaban a aquel ejemplar dirigente del gremio del hielo, Angel Cairo,
señalando la importancia de “saber de
donde venir para saber hacia donde vamos”, no solamente repetían una oración
simpática, sino que estaban reconstruyendo la ATE desde sus cimientos, y desde
lo profundo de las convicciones que arrancan por la identidad. Algo que no se
borra en una hoguera como los últimos genocidas supusieron que lo hacían
quemando la biblioteca de la Federación Grafica Bonaerense en sus puertas, o
como en la ATE, una conducción burocrática
y complaciente, arrumbara parte de los archivos en un rincón como
desperdicios o entregando de “regalo” otra partida a la UPCN. Tampoco con la
implementación del terrorismo de Estado y la desaparición forzada de personas
ni el robo de bebés. La identidad se lleva en los genes y tarde o temprano
reencuentra su cause.
Nuestra
historia como gremio vino siendo parte indisoluble de las tres corrientes
obreras que hicieron su síntesis en aquel glorioso 17 de Octubre de 1955. De
los hijos de los saladeros y las montoneras federales; de los que bajaron de
los barcos huyendo de la guerra europea; y los que lo hicieron de los trenes
buscando un destino posible, llegados del interior devastado por la década
infame.
Fueron
morochos hijos de pueblos originarios, criollos y tambien gringos. Y tenían
ideologías, sueños, pero también nombres y apellidos.
Con José
Antonio Tesorieri, socialista e hijo de inmigrantes, la ATE fue parte del preperonismo el 17 de mayo de 1944
en la Plaza de Mayo, protagonizando la primera movilización de trabajadores del
Estado en respaldo al General Farrel y agradecimiento a la legislación laboral
impulsada por Perón y Mercante.
“Nosotros
los trabajadores que no sabemos de alabanzas, no tenemos inconvenientes en
decir que como trabajan los hombres en que depositó su confianza en señor
Presidente. Muchos amaneceres nos ha encontrado trabajando junto a ellos, estudiando
la manera de encontrar soluciones a los problemas que se plantean”, señalaba
Tesorieri ante sus bases a metros de la Casa de Gobierno refiriéndose a
aquellos militares que lideraban el gobierno revolucionario con visión
industrialista y conscientes de nuestras posibilidades en desarrollar un
capitalismo autónomo que nos sacara de
la dependencia impuesta
Y también el
16 de octubre, estuvo la ATE presente en el Confederal de la CGT exponiendo
nuestra voz frente a los intentos de un nuevo contubernio cívico militar y
eclesiástico, que intentaba hacer creer
que la detención de Perón no se trataba de eso, y sino de una
“protección” que escondía en verdad la inmediata desaparición de la legislación
laboral protectiva y la profundización del proceso emprendido. Fue Libertario
Ferrari, hijo de un inmigrante anarquista, titular de la seccional Buenos
Aires, y militante de la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina
–cuadros politicos y sindicales de la acción y el pensamiento que no se dejaron
llevar por la alvearización en que cayera el radicalismo- quien supo argumentar
en aquel Confederal en el sentido correcto, con un oído anticipado en el pueblo
que comenzaba a movilizarse desde el sur bonaerense por la libertad de Perón.
Lo hizo junto a otro dirigente del Consejo Nacional, el porteño de origen
socialista Cecilio Conditi. Ambos se pronunciaron a favor del paro “en defensa
de las conquistas obreras y la oligarquía…” logrando definir la votación en 16
votos por la afirmativa contra 11.
Y así el 17
de Octubre hizo a Perón presidente de los argentinos, y a los trabajadores del
Estado, parte del poder político en el Estado de Participación y Bienestar que
comenzaba a estructurarse.
Pero algo no
fue suficiente, sin por ello dejar de reconocer el momento y las
circunstancias, y es que solo la
independencia de clase ante los gobiernos y los patrones, hará posible que el
movimiento obrero organizado pueda liderar la reconstrucción del frente
nacional de clases y sectores, hacia un camino real de emancipación.


