En
1835 el entonces gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, dictó la Ley
de Aduanas que fijó gravámenes a las importaciones de productos extranjeros,
principalmente británicos, a favor de la industria local.
Diez
años después, ingleses y franceses se aventuraron por el Río Paraná a fin de
llegar a los puertos del Litoral y vender sus productos sin tener que pagar los
altos impuestos que el gobierno bonaerense les imponía, en un intento de ataque
militar colonial como hiciera Francia en Argelia en 1830 o Gran Bretaña en 1806
y 1807 en Buenos Aires.
Sin
fuerzas armadas organizadas, los federales defendieron con coraje la soberanía
nacional. Bajo el mando de Lucio Mansilla, los gauchos resistieron el 20 de
noviembre de 1845 y durante más de 7 horas el avance de los barcos europeos. La
estrategia fue cruzar cadenas de orilla a orilla a la altura de la Vuelta de
Obligado, para frenarlos y atacar desde las orillas.
La
flota imperial logró cortar las cadenas y desembarcar avanzando sobre los
patriotas, pero a medida que navegaban por aguas del Paraná, fueron hostigados
por los pueblos del litoral, al punto de que el invasor tuvo que regresar a
Europa sin lograr su cometido.
La
de Obligado fue una derrota militar, pero un triunfo moral en defensa de la
soberanía.


