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Editorial publicada en El Trabajador del Estado de abril de 2021 (click para descargar)

Sale a las calles una nueva publicación de ‘El Trabajador
del Estado’, con algún atraso este año, pero retornando al formato impreso. Es una manera de darnos ese abrazo que no nos hemos podido dar últimamente por esta pandemia, que se está agudizando en lo que algunos llaman segunda ola o tsunami.

El inicio de esta segunda ola de Covid-19 encuentra a las y los
trabajadores que estuvieron todo el año en las primeras líneas, principalmente los y las de la Salud aunque no exclusivamente, agobiados y con mucho cansancio físico y psíquico. Pero además, con la decepción de no tener todavía un reconocimiento pleno: se les quitó la bonificación que tenían hasta diciembre y, a pesar de los reiterados reclamos de nuestro gremio aún no se ha restablecido.

Esta fase, compleja, requiere incrementar los esfuerzos para cuidarnos y cuidar a los otros y a las otras, sin cejar en la labor que, como trabajadores estatales organizados, tenemos: sostener para la defensa de
nuestros derechos y alcanzar y construir nuevos. Al mismo tiempo, debemos
trabajar en fortalecer las políticas públicas que pongan al Estado al servicio
de las mayorías populares.

Lucha y propuestas

Producto de esta segunda ola, tuvimos que tomar la
determinación a último momento de levantar la movilización en CABA del 7 de
abril que teníamos prevista desde la CTA Autónoma con un conjunto con organizaciones
sociales y sindicales, de otras centrales y con movimientos de empresas
recuperadas. El motivo central que convocó a la jornada nacional de lucha y
propuesta, que sí se pudo llevar a cabo en el resto del país, fue la profundización
del deterioro económico-social: crece la pobreza, crece el hambre, crece la
inflación y crecen desproporcionada y particularmente los precios de los
alimentos.

El Gobierno se mantiene sin respuesta, atado a un
presupuesto que más tiene que ver con exigencias e imposiciones del Fondo
Monetario Internacional para producir una ‘reducción del gasto fiscal’ que es
absolutamente inviable.

Reactivar
la economía en la Argentina requiere fundamentalmente de una fuerte
intervención del Estado. Sin embargo, hoy ya no vemos esa reacción activa y
creativa que el Gobierno Nacional tuvo a principios del año pasado con el
comienzo de la pandemia. Es una situación preocupante y hay que decirlo de
manera muy contundente.

La jornada del 7 de abril fue para nosotros y nosotras una
jornada de protesta, pero también de propuesta. Entre ellas, se destacaban el
establecimiento de un salario universal para reemplazar al IFE; el reconocimiento
del litio como recurso estratégico, para que sea el Estado el que lo
industrialice; y la nacionalización de los puertos y la creación de una empresa
estatal para la regulación del tráfico fluvial en la red troncal del Río
Paraná, y la creación del canal de Magdalena. Otras propuestas fueron la de
‘Tierra, Techo y Trabajo’ o el proyecto ‘Volver al Campo’. Además presentamos
el proyecto de un sistema nacional integrado de Salud, y el proyecto de
fortalecimiento de las empresas recuperadas.

Necesitamos que el Gobierno y el pueblo argentino retomen un
plan de desarrollo productivo basado en la soberanía, el trabajo, la producción
y la justicia. Por eso vamos a continuar difundiendo y alentando para que estos
temas se debatan junto a las otras organizaciones con las que nos convocamos en
función de estas propuestas. Y vamos a seguir sumando: necesitamos fortalecer
la unidad y la masa crítica en esa dirección.

Una vacuna nacional
es posible

Estamos entrando en el segundo año de pandemia con la
experiencia acumulada del primer año, pero todavía sin poder resolver las
cuestiones de fondo, porque el manejo de la producción de vacunas sigue
vergonzosamente concentrado en los países centrales, cuando las patentes
deberían ser de propiedad universal, para que las vacunas se distribuyan con
equidad entre todos los pueblos del mundo.

No puede ser que la producción de la vacuna argentina sea un
acuerdo privado entre un laboratorio nacional con un funcionamiento de
multinacional y una compañía extranjera con sede en Estados Unidos. Existe la
posibilidad real de que el Estado Nacional, en conjunto con las Universidades
Nacionales, pueda desarrollar nuestra propia vacuna. Es algo que se tiene que
empezar a programar y abordar desde ahora mismo.

Precios y salarios

Si bien las y los trabajadores estatales tenemos un objetivo
muy claro en preservar nuestras fuentes de trabajo y en acrecentarlas para
cubrir las necesidades de áreas como la Salud, la Ciencia y Tecnología, o de
áreas productivas o de políticas sociales, también requerimos una dignificación
de los sueldos.

Este
año, sin ninguna duda, aspiramos a empezar a recuperar lo perdido años atrás.
En ese sentido, la discusión que esperamos que se abra prontamente en la
Paritaria del Estado Nacional, así como ya se abrió en los Estados Provinciales
y Municipales, tiene que tener en cuenta a la inflación real, y no a la
inflación de un presupuesto que en varias de sus previsiones ya está haciendo
agua.

Es una discusión que se tiene que abordar de forma urgente,
que quizás no pueda solucionarse de una sola vez, pero tiene que haber alguna
respuesta en lo inmediato para atender las necesidades apremiantes de
crecimiento de los salarios actuales.

Al mismo tiempo, creemos que esta discusión debe darse junto
con una intervención más activa, fuerte y decidida del Estado para ponerle un
límite a la especulación con los precios en nuestro país, particularmente con
los precios de los alimentos. Porque nuestra lucha como trabajadores y
trabajadoras estatales para lograr mayores niveles de dignidad, de seguridad, y
de estabilidad laboral, y para terminar con la precariedad laboral, tiene que
ver con  desmontar las estructuras
neoliberales y transformar al Estado.

El escenario
latinoamericano

La recuperación de la Democracia en Bolivia hacia fines del
año pasado y el triunfo de Lucho Arce en ese país, junto con el regreso desde
el exilio de su principal líder, Evo Morales, abrieron las expectativas de
avanzar en una recuperación de gobiernos populares en la región. Este año es
uno de muchas elecciones. Lamentablemente, en este primer turno, el pasado 11
de abril, las suertes de las distintas propuestas de gobiernos populares han
sido dispares en Bolivia, Ecuador y Perú.

Pero más allá de los avatares electorales, estamos
convencidos de que son las organizaciones populares las que deben garantizar
unidad a nivel nacional y a nivel continental. Por eso la bandera de una
América Plurinacional hoy es la bandera más alta como expresión alternativa al
intento del Gobierno de Estados Unidos de consolidar su perspectiva de sostener
a América Latina como su patio trasero.

Por ello, con mucho entusiasmo, desde ATE y desde la CTA-A,
en conjunto con otras organizaciones participamos muy activamente la
construcción de la RUNASUR, y ponemos en ella una gran energía.

Hay organizaciones que hemos podido consolidar a lo largo
del tiempo, como la CLATE y la Confederación Sindical de las Américas (CSA), pero
necesitamos avanzar hacia nuevas formas de organización, de unidad y de
articulación, y es por eso que el RUNASUR es una iniciativa que potencia esa
experiencia acumulada en estas otras instituciones que hemos gestado como
trabajadores y trabajadoras.

Esta experiencia, que apunta a articular a las
organizaciones populares desde la perspectiva de una América Plurinacional y
desde un debate que permita modificar las constituciones que todavía tienen
mucho de coloniales, es un gran desafío del cual vamos a seguir participando
porque entendemos que crecerá, prosperará y potenciará el protagonismo popular
en Argentina y en toda América Latina.

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