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    25 de octubre de 2016

    En la segunda quincena de septiembre contrastaron en la Argentina los esfuerzos de los poderosos por consolidar la gobernabilidad del poder y la búsqueda de los trabajadores de caminos alternativos.

    El símbolo más fuerte de esa búsqueda de consolidación del poder fue lo que pomposamente se llamó el ‘Mini Davos’; un encuentro de muchos lobistas y pocos empresarios internacionales que buscaban instalar su agenda de prioridades en torno de la reducción de salarios, la profundización de la flexibilización laboral y un nuevo marco jurídico que permita profundizar la transferencia de ingresos de los sectores asalariados hacia los sectores más concentrados de la economía, puntualmente las empresas trasnacionales.

    Y en correlato con esto, el Proyecto de Presupuesto Nacional para el año 2017 presentado por el Poder Ejecutivo, que intenta claramente consolidar una política de ajuste, de regresión salarial y de condiciones laborales.

    Y frente a eso, el parazo y movilización del 27 de septiembre junto a otras organizaciones hermanas y la CTA Autónoma, donde fuimos capaces de protagonizar una jornada de lucha y expresar una serie de propuestas alternativas al presupuesto del ajuste y los despidos que presentó el gobierno en el Congreso Nacional, además de instalar con fuerza nuestro reclamo por la reapertura de las paritarias para discutir salarios, cese de despidos y pase a planta permanente de los trabajadores precarizados.

    Por eso fuimos a las puertas del Congreso a denunciar el techo salarial de aumento del 17 % en cuotas que quieren imponernos para el año que viene; y la reducción presupuestaria en áreas críticas como SENASA, INTA y en las políticas sociales. Mientras que paralelamente se incrementan las transferencias por intereses de deuda externa y se aumenta la eximición del pago de impuestos por bienes personales. Medidas que en definitiva benefician a los grandes grupos trasnacionales y los sectores más concentrados de la economía.

    De cara a esto, somos capaces de promover alternativas como la declaración de la emergencia social, reclamada por las organizaciones sociales, que establezca un salario social complementario y la creación de un millón de puestos de trabajo. O una reforma impositiva para que los que más tienen sean los que más aporten, para posibilitar mejoras reales en los haberes jubilatorios y defender el Fondo de Garantía de Sustentabilidad del ANSES para preservar el sistema previsional público y solidario.

    Gobernabilidad del poder y búsqueda de alternativas en función de las necesidades y de las prioridades de nuestro pueblos son las dos facetas en las que se debate la realidad política de nuestro país en este tiempo concreto. Mientras tanto emerge la realidad concreta - gracias a la lucha de los trabajadores del INDEC que recuperaron las estadísticas públicas- y se corrobora oficialmente, algo que ya desde nuestras organizaciones veníamos denunciando: la existencia de un nivel de pobreza brutal que sumerge a uno de cada tres argentinos. Que no son solamente los desocupados, subocupados o cuentapropistas sino también los trabajadores estatales, de los cuales más de 300 mil en los municipios de todo el país percibimos salarios por debajo del Salario Mínimo, Vital y Móvil de $7.600.

    Pobreza que el gobierno actual se encarga de aumentar día a día mientras el gobierno anterior se obstinaba en ocultarla. El mismo gobierno que nunca se dignó a recibir a ATE durante 8 años de gestión y que ahora es recibido por la seccional Capital en una especie de homenaje que da vergüenza ajena e indignación.

    Pobreza que demuestra los límites de las políticas gubernamentales de los 32 años de democracia renga y tuerta, donde unos pocos se han beneficiado muy mucho y una mayoría sigue sufriendo profundas desigualdades.

    Pero nuestras luchas, desde el 24 de febrero hasta aquí, no defienden únicamente los derechos existentes de los trabajadores estatales sino también la necesidad de promover nuevos derechos y un debate profundo respecto del rol del Estado. Porque discutir el rol del Estado y las políticas públicas, como lo venimos haciendo en debates constantes en nuestro Consejo Directivo Nacional y en distintas provincias está directamente vinculado tanto a la necesidad de discutir a fondo el Presupuesto 2017 como a la decisión de articular nuestras luchas con el conjunto de los trabajadores y el movimiento popular en Argentina.

    El paro y la movilización del 27 fueron el reflejo de quienes no nos resignamos, de quienes no aceptamos negociar ni recibir migajas para ayudar a la consolidación de la gobernabilidad del poder. Fue también nuestra respuesta a las reuniones del ministro de Hacienda Prat Gay con el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Jack Lew, que vino a la Argentina para reiterar el reclamo por la profundización de una reforma estructural y el ingreso de nuestro país a los Tratados de Libre Comercio para reducir así nuestro grado de soberanía como pueblo y como Nación para desarrollarnos con autonomía y libremente.

    Por eso es tan importante reafirmarnos en la convicción de reinventarnos para crecer. Reinventarnos individual y colectivamente, como trabajadores estatales organizados orgullosamente en nuestra ATE; y como parte de la clase trabajadora que sigue siendo, desde nuestra perspectiva, el núcleo fundamental en el que debe basarse la posibilidad de una sociedad diferente.

    Desde esta perspectiva encaramos el Congreso Confederal que vamos a realizar en el mes de octubre. Un encuentro con los secretarios generales de las 161 seccionales existentes, en el afán de seguir avanzando hacia las 300 seccionales y hacia los 400 mil afiliados que nos comprometimos a materializar como parte del crecimiento de ATE. Crecimiento cuantitativo que posibilita la incorporación de miles y miles de nuevos trabajadores y trabajadoras que habrán de sumarse a este cauce de lucha, de justicia y de soberanía que orgullosamente ostentamos como gremio. Porque en cada rincón del territorio donde nos organicemos los trabajadores estatales, donde elijamos delegados, donde construyamos la unidad de la clase trabajadora podremos construir un nuevo modelo sindical en la Argentina que sea capaz de modificar las relaciones de fuerza de nuestro país con los poderosos.

    Esa es la tarea en el Confederal y en el día a día de nuestra organización: reinventamos como organización para estar a la altura de los tiempos que corren, debatir a fondo el Estado que queremos construir, formarnos para alumbrar una perspectiva de sociedad diferente, ser capaces de aportar como organización de trabajadores, no resignarnos a la gobernabilidad del poder, desarrollarnos como pueblo de hombres y mujeres libres que intentan construir la senda hacia una sociedad donde podamos vivir plenamente en justicia, libertad y soberanía.


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