• ATE

    15 de febrero de 2016

    El por entonces Jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, empleaba los mismos calificativos que ahora para decir que la ciudad estaba llena de ñoquis. Pero lo que no se supo nunca, porque la escasa cobertura mediática, es que más de 2400 trabajadores regresaron a sus labores, ya que se comprobó que eran trabajadores del Estado que debían pasar por ñoquis para ayudar a Macri a quedar bien con su electorado.

    Ñoquis, punteros políticos, clientelares, amigos del poder; así son llamados los trabajadores del Estado al momento de encontrar una palabra señorial y apropiada de alta emotividad, para que la opinión pública encuentre en estos epítetos empatía con quien los pronuncia, en el afán de ir CAMBIANDO para “mejorar”.

    Recordando caminos ya recorridos por algunos funcionarios en el afán de ganarse el beneplácito del electorado en 2007, el actual Presidente de la Nación, usaba los mismos calificativos para decir que la ciudad estaba llena de ñoquis y anunciaba, con bombos y platillos, que despedía a más de 2500 trabajadores por no prestar servicio en el Estado porteño.

    Pasó por cuanta cámara se le acercara, vociferó y denunció a los cuatro vientos que eso era una verdad y quedó instalado; pero lo que nunca se dio a conocer es que más de 2400 trabajadores regresaron a sus puestos de trabajos, ya que se comprobó que no eran ñoquis.

    Ahora bien, si en esos años eran tantos los ñoquis, por qué Mauricio Macri, su Ministro de Modernización y todos sus funcionarios no abrieron una prevención sumaria como debería haber correspondido a todos los directores de Recursos Humanos, Jefes de Personal, Directores de sector, capataces y jefes administrativos que daban su consentimiento para que existiera una cantidad de ñoquis como los que denunciaba el señor Jefe de Gobierno.

    A cualquier se le podría haber ocurrido hacer esta investigación a fin de conocer y sancionar a estas autoridades. Así habrían podido publicar los nombres y apellidos para que esos ñoquis pudieran firmar su entrada, fichar, y de esa manera, cobrar todos los meses.

    Es por demás llamativo también, que ante los anuncios rimbombantes de que en los sectores de trabajo estatal hay ñoquis, las autoridades de los organismos de control del Estado no tomaran o tomen cartas en el asunto para investigar la veracidad de esas afirmaciones presidenciales. Detrás de esto hay una gran mentira.

    Ahora bien, en la actualidad los funcionarios vuelven a cometer el mismo error que cometieron en la Ciudad de Buenos Aires: arremeten contra los trabajadores con las mismas acusaciones para garantizar puestos de trabajo para sus punteros políticos, los que llevaron adelante la campaña y para las promesas que deben cumplir. En su actual rol de Gobierno Nacional, de nuevo vienen con aquel apotegma que dice y ya usaron en la Ciudad: una mentira dicha mil veces se vuelve realidad.

    Pero la única verdad es la realidad y esa verdad dice que el laburante del Estado hace décadas que viene garantizando los derechos de  los ciudadanos en cada uno de sus puestos de trabajo y cada vez que se despide a un trabajador es un derecho menos para el pueblo. Si despiden administrativos, son miles de papeles que no llegan a donde deben llegar; si el despedido es una enfermera, un técnico o un trabajador de un hospital, seguramente que mañana habrá más colas en dichos hospitales y miles de ciudadanos no serán atendidos o, lo que es peor, serán atendido sólo por el esfuerzo de los que se quedan y trabajan a destajo; si despiden un científico muchas investigaciones quedarán suspendidas; si en cambio son abogados los despedidos, miles de trámites se dejaran de lado.

    Cada uno de los despedidos es un eslabón menos en la cadena que garantiza los derechos de todos los habitantes de este país. Es muy linda la propaganda de un funcionario entregando un subsidio, una casa o una ayuda, pero en ningún lugar del mundo se puede hacer esto si no hay trabajadores, que detrás de la propaganda día a día hacen su tarea, para garantizar que les lleguen sus derechos a los ciudadanos.

    Como no hay ninguna empresa privada que produzca si no tiene trabajadores, tampoco hay Estado sin sus trabajadores funcionando, a pesar de estar mal pagos, en condiciones deplorables de trabajo y, para colmo, en cada cambio de gobierno, se deben aguantar que un burócrata puesto a dedo, venga a limpiarse las manos en su trabajo.

    En ese sentido, le pedimos al Presidente, a los Gobernadores y a los Intendentes: cumplan con la ley. Si hay ñoquis, como mínimo es una defraudación al Estado, por lo tanto acudan a realizar la denuncia correspondiente, de no hacerlo, nos dan la razón en nuestro planteo y estarían como mínimo incurriendo en el delito de incumplimiento de los deberes de funcionario público.

     


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