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    8 de octubre de 2018

    Oscar Mengarelli: un “Cacho” de ATE

    El de Villa María es un dirigente de ATE tan histórico como entrañable. Hoy integra el Centro de jubilados con la misma pasión que ayer fundó ANUSATE.

    Cacho Mengarelli nació hace 69 años aunque no lo parezca. Hijo de Eduardo, reconocido rugbier de la zona, y de Agustina, de la que heredó su optimismo y el sentido del humor. Al igual que su hermana Nora. 

    Tuvo una niñez hermosa -le gusta reconocer- de fútbol y básquet en el Club Unión Central, de barra de amigos y mucho río. De familia unida, sin lujos ni carencias.

    Como no se tomaba muy en serio los estudios secundarios, el viejo lo mandó a laburar prontamente. Deambuló por changas y comercios hasta que encontró el trabajo que lo marcaría para siempre: la Fábrica Militar de Pólvora y Explosivos Villa María. Allí entró en la sección Suministros a principios de los setenta en la categoría de eventual, luego pasó a planta transitoria y finalmente fue “permanente” cuando la mítica fábrica tenía más de mil trabajadores. 

    “Yo venía de un hogar radical y admiraba enormemente al Che Guevara. Pero allí me encontré con que el 85 % de los trabajadores eran peronistas. Y algunos de ellos, los mejores tipos que encontré en mi vida. Por esa razón, me afilié al Partido. Y lo hice un día muy especial: el 24 de marzo de 1976”.

    Por ese entonces la insalubridad era un tema muy importante, los milicos manejaban la fábrica a su antojo y la dirigencia de ATE no activaba demasiado. Así fue que los más jóvenes comenzaron a hacer asados en el Club Huracán -que continuaban en la milonga- y entre matambres a la parrilla y vinachos forjaban la conciencia de clase y unían a los fabriqueros.

    “Estaban los hermanos Álamo, una institución en la fábrica, y uno de ellos, Marcelo, era un gran cocinero. El me decía: ´yo te junto a la gente y vos bajale línea`. Eran los “matambres clasistas” que empezaron como joda pero terminaron siendo un vínculo ideológico y político”.

    Por esos años la elección de delegados era nominal, se hacía una reunión con los compañeros del sector, se levantaba la mano y elegían delegado sin acta ni nada. Pero era tal la dispersión de los trabajadores que la reunión nunca se podía concretar.

    Un día “Cacho” hace escribir una nota que decía “los abajo firmantes, trabajadores del sector de Almacenes, hemos elegido en asamblea en el día de la fecha al compañero Oscar Alberto Mengarelli para que nos represente como delegado del sector” y salió a buscarlos uno a uno para ver si estaban de acuerdo. Todos la firmaron.

     “Me elegí yo solo. Me convertí en autodelegado demostrando que siempre fui un irrepresentativo (risas) Eso sí, todos pusieron el gancho, ninguno me cuestionó”.

    Así integro el cuerpo de delegados y las cosas empezaron a cambiar en la fábrica, fruto del nuevo empuje surgido de aquellas comilonas sabatinas.

    La primera gran lucha que recuerda fue cuando denunciaron los malos tratos y el exceso de peso que levantaban los trabajadores al cargar los explosivos que se vendían a Bolivia. Fue elegido como veedor sindical y paró la carga totalmente. Ante la sorpresa de los militares y la conducción de la seccional –era la primera vez que se hacía un paro propio en la fábrica-, se aceptaron todas las condiciones. Se convirtió en referencia de sus compañeros junto a su amigo Osmar “Gallo” Zapata, el primer capataz delegado gremial que tuvo la fábrica.

    Por el año 74 participan en ATE a través de una subcomisión mutualista y por su gran actuación, más temprano que tarde, llegan a la conducción de la seccional tras el abandono de la histórica lista Azul y Blanca. Cacho como secretario General y El Gallo como su adjunto.

    La joven conducción logró las 6 horas en los sectores insalubres y que la fábrica se haga cargo del transporte de los trabajadores pero hubieran conseguido más cosas si no fuera por el Golpe militar que estalló en marzo de 1976.

    Por aquellos años, ATE Nacional era conducido por Juan Horvath, un dirigentes que intimaba con los marino y fue a la OIT a blanquear la dictadura. Esta actitud colaboracionista indignó a muchos en el gremio que fueron en diciembre de ese año al Congreso Ordinario realizado en La Falda a mostrar su rechazo.

    Fue en la pieza del legendario Héctor Quagliaro donde resolvieron darle   forma a una agrupación que nacería un años después y que triunfaría en las elecciones del 84, tras la recuperación de la democracia junto a tipos como Víctor De Gennaro, Germán Abdala, Carlos Custer y tantos más.

    Pero antes que eso, a él como a muchos otros los echan de su trabajo e incluso del sindicato. Desempleados y “señalados como zurdos”, en tiempos de genocida represión, junto a su compliche Zapata ejercen distintas profesiones para parar la olla sin dejar de militar en la incipiente Lista Verde.

    En 1985, cuando estaba por viajar a una jornada de formación en Venezuela, se entera que había llegado el telegrama de reincorporación a la fábrica. Al regreso se presentó temblando de emoción y con el sonar de la tarjeta al fichar, después de 9 años mirándola de afuera, se escuchó un estruendoso aplauso de todos sus compañeros que lo estaban esperando para abrazarlo.

    “Fue una sensación que pocas veces he sentido en mi vida, muy pocas. ¡Las ganas de volver que tenía! ¡Recuperar mi historia, mi identidad! Y el recibimiento de mi compañero…aún me emociono al recordarlo”.

    Rápidamente se incorporó al cuerpo de delegados como presidente y no pasó mucho tiempo para que la fábrica parara nuevamente por los retiros voluntarios de Alfonsín. El primer paro pos dictadura.

    Luego vino la conducción de la Seccional provincia de Córdoba (que reunía a diversas ciudades del interior) y el cargo de secretario General del Consejo Directivo Provincial cordobés entre el 91 y el 99 dando pelea como todo ATE a las políticas entreguistas del gobierno de Menem. Después fue secretario General de la CTA provincial y de la capitalina hasta que en el 2015 se terminan sus años de activo y se jubila.

    En la actualidad integra la Comisión Normalizadora del Centro Nacional de Jubilados y Pensionados, es Congresal Provincial de la CTA de Villa María e integra el Foro Solidario, un colectivo integrado por viejos militantes sindicales, centros de jubilados, organizaciones barriales y grupos vecinales.

    Si se le pregunta que significa ATE en su vida, le gusta responder que fue el lugar que lo marcó como ser social: “Le dio a mi vida, al igual que mi familia (Fany; Fernanda, Virginia y Mariana; Agustina, Malena y Julián: cascabeles cómplices que alegran mi vida), los más trascendente que pude construir hasta hoy. Me llenó de afecto porqué en ATE, en ANUSATE y en la CTA yo conocí a la mejor gente”.

    Y no quiere terminar esta evocación sin recordar a sus imprescindibles: “Villa maria, los Cros y Cras que ya no están, los de siempre- muchos jubilados como yo- los jóvenes, los y las pares con los que construimos ANUSATE, ATE, CTA, y sus derivados; El Colorado Quagliaro, Zucoti, el Gallego Requena (fundador de la CTERA, desaparecido) y  su compañera, Soledad García; el Gallo Zapata y todos los compañeros y compañeras que seguimos peleando, por la vida, los derechos humanos, sociales,, políticos, sindicales; por la libertad y la justicia social, la soberanía y la liberación nacional. Porque somos parte de ese universo entrañable, necesario para alimentar utopías esperanzadoras, que a pesar de los dolores y los atajos reaccionarios que nos ponen en el camino, al final tercamente venceremos”

    Nacer de nuevo

    En el año 2013 Cacho y 4 compañeros más iban a Buenos Aires a sacar un apoyo a la lucha de los presos políticos de la pueblada Corral de Bustos en la Legislatura porteña. Una lucha ganada, como le gusta decir, que le dio mucho sentido a su vida.

    La camioneta en que viajaban, cerca del peaje de Rosario, por una mala maniobra de un camión, muerde la banquina y terminan dando cinco vueltas antes de detenerse destrozada.

    Cacho, el conductor, quedó aprisionado entre los fierros con costillas quebradas, un pulmón perforado, más tres vértebras y el esternón rotos  y una camioneta seguía humeando. Sus compañeros consiguieron desconectar la batería para evitar un incendio y los bomberos, moladora por medio, lograron rescatarlo y llevarlo al hospital.

    Allí lo armaron de nuevo tras estar 20 días inconsciente y otros tantos delirando (por el shock postraumático) en el Hospital de Hemotorax Clemente Álvarez de Rosario: ¡Cuando yo tuve el accidente la solidaridad  fue impresionante! Soy rosarino por segundo nacimiento porque me armaron de nuevo en el hospital del que estaré eternamente agradecido al igual que de Gustavo Martínez, el Perro Daz, Leti Quagliaro y todos los compañeros que dieron sangre y me mimaron. Yo digo que toda esa energía me ayudó a sobrevivir.

    Honoris

    ATE Nacional


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