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    10 de agosto de 2018

    A construir la CTA-A del Siglo XXI

    La suspensión arbitraria de las elecciones de la CTA A por parte Ministerio de Trabajo a petición de Pablo Micheli, nos retrotrae al año 2010 cuando el candidato que había resultado perdedor, Hugo Yasky, le solicitó al Ministerio de Trabajo que desconozca el veredicto de la votación directa de los trabajadores.

    Es coherente Triaca al responder con la misma lógica que utilizo Tomada entonces: elije y defiende al “representante” que perdió en detrimento de los candidatos que eligieron los “representados”.

    Si hacemos memoria, la tergiversación de valores y de prácticas nos interpelo para parir en 1991 el Grito de Burzaco, en 1992 el Encuentro de trabajadores en Rosario y el Congreso de Parque Sarmiento y, al cabo de cinco años, fundar una nueva Central de Trabajadores en la Argentina. Alcanzando el reconocimiento con la Inscripción Gremial otorgada por el ministro Armando Caro Figueroa en 1997, que legalizó después de mucha lucha la herramienta para terminar con el Unicato en la Argentina.

    La CTA fue hija del tiempo histórico de la caída del campo socialista y la traición del peronismo. Tuvimos que llegar a esa crisis de paradigmas para cuestionar la delegación en quienes decían una cosa y hacían otra. Y así parimos un tiempo de autonomía que nos seguirá reclamando coherencia y perseverancia.

    Optamos por un modelo sindical que reconoció la unidad más alta, la de la Clase Trabajadora, y por eso determinamos afiliación directa de cada trabajador (el que vive, el que quiere vivir o el que vivió de su trabajo), que nos llevó al mayor grado de democratización realizando la elección de los dirigentes por el voto directo de los compañeros.

    La CGT no acepta trabajadores, su estatuto define que se afilian los Sindicatos y los dirigentes se eligen por Congreso de Delegados elegidos por uniones o federaciones que la componen.

    Lo nuestro fue producto de aquel conflicto de representación que todavía hoy perdura en muchos aspectos, pero que no se resuelve cambiando solamente al “representante” sino construyendo “poder de los representados”.

    Por eso los empresarios, los gobiernos (sean del PJ, UCR o PRO) y los sindicalistas de la CGT defienden al “unicato” concentrando el poder en unos pocos con “poder de lapicera”, firmando a la baja las condiciones salariales y de trabajo.

    Después del último genocidio, empezamos a ver que para muchos gremialistas el poder no estaba en la fortaleza de los niveles de conciencia y organización de sus afiliados, sino en el poder económico alcanzado con el manejo de la “caja”. Y muchos de esos dirigentes ya no solo se visten o viven como empresarios, sino que son empresarios.

    Fueron poco de a poco eligiendo y defendiendo las Obras Sociales para una parte de los trabajadores y no la salud Publica para todos los trabajadores; o fueron cómplices de la creación de las ART, un gran negociado a costa la salud de los trabajadores dejando de lado la Prevención y reparación integral de accidentes y enfermedades laborales.

    Nosotros decidimos emprender el camino de constituirnos como sujetos de necesidad, y también conquistar derechos. No delegamos en nadie nuestra voluntad de organizarnos. Por eso está sembrado el territorio nacional de organizaciones sindicales por fábrica, rama de actividad o confederaciones de trabajadores privados o estatales; de trabajadores precarios o convencionados, de la economía popular, autogestionarios, de las organizaciones del movimiento territorial o de educadores populares defensores de los niños, jubilados, pensionados y todas las formas y particularidades que ellos mismos reconozcan.

    El Estatuto de la CTA se base en tres pilares: Afiliación directa; Elección directa; y Autonomía del Estado, los empresarios y los partidos políticos. Las dos primeras la garantiza el Estatuto, pero la tercera sólo se garantiza con el poder propio de los trabajadores para realizar lo que creemos y deseamos hacer.

    Eso es lo que estuvo en juego cuando trataron de que no se lleven a cabo las elecciones de la CTA-A, y nosotros pudimos demostrar en todo el país que la elección es de los trabajadores y NO de los patrones.

    Tengo la alegría de ver que los más de 17.000 candidatos fueron mayoritariamente jóvenes, hijos del 2001 y herederos de los sueños de los setenta y de la resistencia de los noventa, y que sabrán estar a la altura de la historia, la lucha y los sueños de la clase trabajadora argentina.

    Por eso nos movilizamos el 8 de agosto hacia las urnas para proclamar nuestra voluntad de elegir a los compañeros con los que vamos a construir la CTA del Siglo XXI.


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